Presentamos una selección de textos del poeta cubano Luis Manuel Pérez Boitel (Remedios, Villa Clara, 1969). Ha merecido distinciones como el Premio Casa de las Américas 2002 y el Premio de los Juegos Florales de Tegucigalpa 2010. Ha publicado, entre otros, los poemarios Unidos por el agua (1998); Bajo el signo del otro (2000); Los inciertos dominios del escriba (2001); Oración del inquilino (2002); Aún nos pertenece el otoño (2002); Para no quedar en el andén (2003); Ciudades del invierno (2005); Antes que la noche acabe. Antología personal (2005).

 

 

 

TODA LA FLOR DEL UNIVERSO

He aquí, de pronto, mientras se cante este poema,
abierta y sangrante toda la flor del universo.

Carlos Galindo Lena

 

I

ayer, dibujaba con beneplácito
la luz de la provincia.
la mustia sombra que quedó de los astros.
en el confín aquel la nube gris
desde la hierba, simulaba
todos los enigmas. los ecos. las procesiones.
en las cercanías de tales desafíos
crucé la penumbra. el enceguecido andén
que pétreos ruidos confirman, a destiempo.
la hora de partir. señal desde la tierra
abriéndose en su mitad
como una madre dispuesta a su ceguera.
ah, piedra que solventó las noches del otoño.
la luz gravita en mí, lo demás
no importa en principio.
los techos que desde los riscos
penetraron toda la ciudad. la gente
husmeando la caída del pez.
el pez que unía su silencio
devorado tan ferozmente por la noche.
el pez que asistimos, grávido
en el citadino lugar sin pertenencias.

tengo la luz de ayer, los estertores.
la plaza de la Vigía
con todos los gatos de la ciudad, eso ya no importa.
a mis espaldas escucho el eco
entre los promontorios. el frescor
del agua, ya estéril sobre la roca única.
el hombre que cayó, no está en mí.
el oficio que tengo me insatisface. el oficio que tengo
atisba lo irreal; las cosas mueren
de repente. no lo imaginé pero hace un instante
el árbol y la ciudad sola, morían.
ayer, dibujaba con beneplácito
el parentesco fugaz con otros hombres.
el eco se hizo en mí. aluciné el tiempo;
otro tiempo. después con toda ingenuidad
pretendí la luz. ese amargo sabor
que dejan los espíritus. el agua. los temores.
la noche que caía.

II

el hombre de gloria oculto en la dureza
de todos estos años, tampoco está en mí;
salgo a buscarlo y sólo veo el astro,
la fijeza de un tiempo que retoma el polvo
para matar al pez nuevamente.
ellos dijeron que fue ayer,
nada más. que desde el ruido del agua cayó
a la falsa ilusión. sosegado sobre sí,
diestro en los oficios de los primeros tiempos. en la
[resaca,
su sombra vio los claros predios, la arena nueva.
la arena de Dios y de la nada.
ayer, bajo el humo todo lo vislumbré
y el aire penetró los huesos.
descansan en mí los cenagosos
caminos de Matanzas. el portal aquel dispuesto,
póstumo auto de fe: la noche misma.
así, «antes fue el lujo y la gloria que nos acompañó»
–el eco no responde.
«antes el viaje hasta el Parque de la Fraternidad
fue el hermanamiento, y el inicio»
–el eco retorna a contraluz.
«un hombre dividió su pan infinitamente
para repartir a sus iguales»
–el eco lo bendijo.
tengo la sombra de un astro
en la memoria. no tengo que mentir.
no lo he dicho todo.
he traído desde aquellos confines las cenizas,
los sortilegios, el oráculo real.
en mis ojos la fiebre se empeña
en retroceder sin demora. mis hombros
sienten el peso de lo inasible.
mientras un muchacho desde este monte
indica el crepúsculo, la transparencia del pez,
con su boca fija ante la cruz; su otra cruz,
siento la herida.
han de pasar en la piedra
estos milenarios años. la nube
reside en la visión. socavando su ley
el camino se divide extrañamente.

jamás desde aquella arena tan extravagante,
nos detendrán. en la nocturnidad el juego fue la perfección.
el viaje al revés, un astro fugaz que deja de existir.
antes, debí presumir cierto gozo
en las escrituras de Platón. cierto estado de gracia.
Maestro, deja la rueda que pulveriza
este gesto frágil, inútil por tanto sopesar
entre la oscuridad y esa no oscuridad (abrumadora),
de la que refería usted en lenguas que ya no distingo.

III

alguien adentrado a la noche
iba entre riscos y diciembre,
del lado más confiable. en una espiral
alcanzaría las blancas grietas. la gota tenue
que cae. y cae en la herida.
el tatuaje mal pintado de los hombres.
Maestro, varios siglos han pasado
desde su gloria. varios siglos y no encuentro
la palabra exacta para descubrir
entre el ángel y el demonio,
quién nos guiará finalmente, entre los crisantemos
del monte y los vituperios ofrecidos?
callabas, en aquel cuadro Michelangello
retoma tu discurso. el imperio de las manos
no es la dicha. la insolencia vuelve,
y de mi boca falta la costumbre.
el fuego va sajándome el aliento.

alguien adentrado en la noche
no sabría qué decir. ah, Maestro:
la montaña aniquila la tormenta,
una imagen rota, como el eco mismo
detiene aquel hombre de semejante imagen,
enfermo ante el gentío. el oscuro enigma
del que desde aquí pretendió el otro lado.
y al niño que reza ante un árbol milenario.
otros irían a Jerusalén para ver ciertas estaciones.
el dibujo de un paraje libérrimo que retoma cada uno
de los nacimientos. bebe de él, pero nunca preguntes
por qué la oscuridad?
por qué la vigilia y la piedra y el muro?
en aquel cuadro de Michelangello
siento la extrañeza del mar.

IV

tendría apenas esa imagen
bajo las estrellas.
los techos de la ciudad,
y Dios de un lado, inquieto,
infinito. el destino
vuelve a las fieles
escrituras sobre aquel muro.
escuchad, una música
a ras de las cosas
nos confirma. el aire
rebota en las paredes.
no hay que esperar.
escuchad, marzo vuelve

y Dios transcurría
bajo la pétrea sombra
de un árbol. escuchad,
los hombres esperaban
afuera por el signo.
angustiosamente el humo
de los campos labrantíos,
lo confirmó. hubo lluvia
en esa inmediación.
hubo seca después.
en tales parajes un astro
abrazado a nosotros
hizo los caminos.
escuchad, escuchad:
algo queda por hacer,
algo que todavía no sé.

V

frente a la torre;
a desgaire, los guijarros
húmedos de ayer.
la voz del Maestro
sopesando lo común
de los primeros tiempos.
he recibido un aviso
y no me acostumbro.
la ópera era difícil.
miento. desde la verja,
descubro el monte.
el vaho de un pez
amarillento y antiguo.
desde la postal, niego
los sortilegios. la tormenta.
otro ruido será,
otra mano en la comunión,
otra estrella: los mansos astros
de enfrente. justo fue el juicio,
desde la torre cuando a las calles
llegó el viento. el romerillo.
los inciensos.
(esto podría ser definido
como la primera aparición.)

VI

hace algún tiempo el humo volvía
a los establos. en el pesebre
sospecho el origen eterno.
podría confirmar que apenas fue incierta
la definición del hombre, que apenas
fue la cruz el parentesco más fiel
a los que antaño creyeron en el mito.
fuimos mansamente en busca de la ceniza. la lluvia
que en otros meses auguraba
prosperidad, no bastó.
la travesía de existir era la negación
ante la propia imagen.
la tierra que fue el escenario. la tierra
que por instante hilvanó los sonidos
de la historia. el túnel donde hoy,
siento los muertos insepultos. Magister:
«las puertas que están frente a mí
se han cerrado»

–alguien con insistencia golpea sus cerrojos.
«las puertas que alcanzan la plenitud
y la dificultad de la razón y la no razón,
son inciertas»
–alguien intenta evadirlas.
«las puertas del hombre se confunden
con solo el órfico enigma que por destellos
reina en el país»
–alguien ha cruzado las puertas.
hace algún tiempo, cuando todo era otoño
en la ciudad. frente a estos parajes de semáforos
y anuncios, cuando la ciudad dormía. un vidente
ante el espejo dio pan a sus iguales.
hace algún tiempo (tengo dudas),
mis huesos fueron de aquel hombre de paz
abrumadora y distinta.

VII

ah, no me bastaba el destello
merodeando las cosas más breves, ni la piedra
húmeda echada a rodar. ayer,
parecía que un aire iba entre los juncos,
y que aquel hombre era sólo palabra
desde el silencio mismo. no lo dudé,
pero debo reconocer que las campanas
dejadas en la ermita repetirían el acto.
otras apariciones cegaron mis ojos,
para que ya nadie entienda. aún
nos pertenece el otoño.
en los venideros amaneceres, la tierra confirmará
cuánta lluvia he olvidado.

el barro que en mis pies era permanencia,
ya no está.
todo hombre hace de su tiempo la utopía.
en estos claros predios de Matanzas
me entretuve. ah, no creo que juzgar las cosas
merezca tantos designios.
ayer,
disimulaba toda la flor del universo,
todo acto de pureza indescriptible.
ayer, las campanas sonaron
ininterrumpidamente.

ANTIGÜEDADES (EN UNA VASIJA DE PELTRE)

rehúso definir las líneas de la mano.
me admiro por la permanencia, afuera
cuando no hay nada que perder. yo, desnudo
dejo la abertura. y la luz confunde el arco total
desde el alféizar? (exacto punto equidistante)
ángulo mínimo desde el espectáculo
que hace mi cicatriz junto a los promontorios.
una foto sepia estrujo, en fin
las cosas han quedado como aquel poema
que hablaba sobre la posteridad. y el territorio
sin mapa definido donde alcanzar el premio?
el tiempo anterior que ya me inquieta,
apenas existe. en la bitácora de los años
volvería sobre aquel verso y el sonido de la piedra (cayendo)
desde el baldío sitio (im)personal? fuimos a esos senderos
ensayando las palabras que se olvidarían.
mientras yo era aquel adolescente
de rostro advenedizo. nada me hacía esperar.
en la neutralidad del poema mi voz escapa,
a menudo. siento los picos de los pájaros aferrados al caos,
a la maraña del verso (inquietos, podríamos decirlo así).
fijo sobre aquella tempestad lo que materialmente dejarían
estas antigüedades (en una vasija de peltre)
que ya no serían el lúdico espacio arrebatado
por el hombre; el péndulo cayendo sobre el oficio.
la aguja del tiempo y esta otra sombra irrepetible
en la confirmación del sendero (mis manos desde la utilidad
de aquellas cosas antagónicas)
mientras yo era aquel adolescente de rostro
advenedizo, aferrado a la travesía.
–nadie pudiera decirme exactamente por qué?

 

 

CAFÉ DES AMATEURS

he pensado en Verlaine. su rostro
frente a la Place Contrescarpe. el frío
que sentiría desde la habitación.
en los húmedos banquillos donde la yerba
quebrada de noviembre, se dispone.
un mínimo de algarabía falta en el hotel
visto desde el Café des Amateurs. un poco
de humo sobre la ciudad y un tren
(lleno de incertidumbre) al finalizar
cada extraño espectáculo. he pensado
en Verlaine. su amante pudo ser igual.
pero no lo encontraría desde aquí.
es inexacta la sombra de su rostro
transitando el Boulevard Saint-Michel.
fingir que no lo he visto. despedirme.
imitar que las horas entibian aquellos parajes
que desandamos. imágenes dispuestas
desde el amarillento anuncio. (Café des Amateurs)
por curiosidad, he pensado en Verlaine.

POEMA DE LOS LARES

nada queda más exacto en la foto
que la luz. la muchacha sin vestido
asistiendo a la primera comunión. el Cristo
en la verosimilitud de un muro para no recordar
el rostro del huésped. la frivolidad del hombre
sobre la mesa, en ese excesivo mundo del cuadro
que ha forzado el polvo de mis ojos. y la muchacha
desde el vacío estruja con su aliento la flor.
la necia presencia –inoportuna diría yo–
de los gajos más resecos. una dualidad petrificada
bajo el signo. en la tela de araña quedaron los restos
más palpables. un libro de Heráclito
que la muchacha (desde su descuido) olvida.
el huésped que comparte su habitación
ya se niega, ya vuelve al pasado.
hace una cruz sobre el Cristo. pero el cuadro queda
intacto. (en el desfiladero del sur) varias veces llegué
a esas márgenes pero ella parecía tan breve, tan frágil
en su mundo que ya las flores no estaban.
(alguien pretendió indagar la atmósfera cierta,
la fe, el sostén exacto de las cosas.)
desde la superficie de la foto admiro
la prudencia. y la ventana art decó
despiadadamente olvidada? el orificio aquel
donde la muchacha sostiene los dos mundos.
(algo diría yo, tiene de indiferente)
apuesto a que la caída del ícaro, ya nada
detiene el paso rasante sobre la tierra,
cuando zambulle aquellas flores de papel.
el huésped inscripto en los mares más ilustres,
en la inminencia del Teatro de Sidón,
se esfuerza con su estéril oficio. (hay algo inasible
desde él.) ante sus lares todo parece
inoportuno. la luz misma que perfora la foto,
ya no está realmente. (el sonido comienza a declinar.)
los candelabros de la parroquia
asemejan el templo de los Enobarbos.
nada queda más exacto en la foto que la muchacha
dispuesta sobre la cama de ébano. y la habitación.
y los pasillos. (alguien pretendió indagar la atmósfera
[cierta,
la fe, el sostén exacto de las cosas.)

Tríptico para cuando mi padre diga adiós y yo no sea más que un paradero necesario entre la soledad y el hombre

 

 

Lo cierto es que, cuando vimos partir al amigo, fue como

volver a tener seis años apretados entre los párpados

y quedarse sin padre sabiendo que aunque lejos e

impronunciable, él seguía existiendo.

                                                       NELSON SIMÓN

 

 

I

toca en el cielo la noche

un rostro entra por la casa sin techo

mi padre mira el infinito donde aguardan

los príncipes y duendes de entonces

alucino manteniéndome sereno como si hubiera

entrada la propia imagen

su rostro esquelético con olor a tierra

vuela entre el espacio vacío

mi hermana está con mal humor

no quiere saber de estas cosas

miro el reloj que entre telas de araña vegeta

papá se quita los guantes y no duerme

se escucha un relincho

alguien prepara un café con leche

mi padre dice adiós entre la madrugada y el día

abuelo duerme

y en el reflejo de la imagen de papá

lo sigo con un caballo de tripas y tejidos

estoy cerca le hablo

mi voz toca el cielo

perforando el silencio de la noche

 

II

 

papá se va a morir y él no lo sabe

apenas su sonrisa guardaré en la inmediatez

de la casa

y lo veo disimulado corriendo los sillones

intranquilo

recordando su infancia ante el espejo

porque él nunca fue un héroe para contar

los triunfos

papá se va a morir y tirará el sombrero

tras la próxima noche

aunque desconozco la llave exacta

de su regreso

para que vuelva a dibujar el techo

de barro y vigilia

rogar detrás de la puerta

con la esperanza de verlo aparecer

mientras el traje no me importa

voy a dibujar su nombre para que no diga adiós

porque nadie puso llaves a las puertas

ni lo vio con su camisa blanca de domingo

y almidón que le gustaba

papá se va a morir y él no lo sabe

 

 

III

 

en esta soledad de antaño llevo el equipaje

por descubrir la ausencia me di a la fuga

traté de borrar el pasado

pero me fue prohibido

aun cuando prefiera aquella navidad

donde aplaudía

y era yo feliz como una embarcación

en pleno viaje

pero la muerte tiene su sed y debe saciarla

entre los goznes del cuerpo

también descubro escaras

cuando la vida es un salto nada más

para dejar los recuerdos

fotos y poemas que nadie encontrará como él

porque fui un loco ante la gente

un paradero necesario entre la soledad

y el hombre

ya nada es tan real

en la casa quién se confabulará

con mi adolescencia

quién prenderá el fuego

hacia donde irán estos años

estos caprichos que no son más que golpes

porque en realidad mi padre ya no está

y he quedado solo

yo que había probado la sal

el agua y la penumbra

no encuentro el sendero

no encuentro la razón que justifique la muerte

el final y lo demás

aquí donde lo demás es realmente imposible

 

 

 

 

Desde el bullpen

 

 

Forget what it is you´re coming out of,

always into something like a landscape

where no one has ever walked

John Ashbery

 

 

todavía queda algo de nostalgia en los cristales,

ayer era otro día, la perfección de lo que ha quedado en la pátina,

en el sometimiento de esta mediocridad extrema que nos separa,

como si fuera una operación despegar la pierna del cuerpo,

despegar la sonoridad del animal en potencia

porque resulta demasiado difícil verlo libre,

galopar por esa soberanía que esconde. todavía no sé si hablar de eso,

todos hablan de eso, de un algo, todos quedan con un algo,

y parece que nadie descubre lo que pasa.  esta sobredosis

pudiera ser fatal si no escondo las palabras, si digo

que vendrá otra temporada donde pudiera yo desde el bullpen

reconocer cuánto queda de mí, ahora que intentan despegar

el ayer del cuerpo,  mis vísceras darán cuenta del poema.

 

 

 

énfant terrible

 

minúsculo regreso al aposento, al énfant terrible,

y no puedo dibujar los soles del ayer. diferente resulta todo.

picar el corazón en dos y que te ofrezcan que te comas

una mitad.  quedar mudo en el mástil, indiferente diría.

difícil es esta premonición , el escamoteo del circo:

VENGAN A LA FUNCIÓN ÚLTIMA. VENGAN TODOS. VENGAN

A LA FUNCIÓN ÚLTIMA. VENGAN TODOS. VENGAN A LA FUNCIÓN

ÚLTIMA. VENGAN TODOS.

y quedarse en la gradería, espeluznante ante el acróbata

que dirá adiós al circo. ver que tu nombre se ha perdido

de los espacios públicos. ver que tu nombre se ha perdido

de lo que pudiera ser el festín. ver que tu nombre se ha perdido

con lesa humanidad. ver que tu nombre se ha perdido

para justificar al payaso que tachó tu nombre,

que dice traicionar un ideal.

minúsculo regreso a la casa del creyente,

en la tierra de los remedios, en la arena misma que había visto

decapitar al escribidor de versos.

un acto de trascendencia pudiera resultarnos la medida perfecta. cortar

la respiración y no saber nada.

minúsculo regreso al aposento.

vengan todos.

 

AL ESTILO DE UN POETA DE LA GENERACIÓN CERO

 

Salgo con el farol y escucho atento a los que silban.

Me parece bucólico  descubrir al papirriqui que se esconde

Para  burlar los días donde hay que jugarse el todo.

El vendedor de hortalizas me insiste en un poema

Que pertenece a un escritor de la generación cero.

Acto este que me hace subir hasta la casa.

Mientras la negra de la esquina tira de su sexo,

Y dice  que es suficiente la noche.

Nada hay del país cuando me masturbo,

Y pienso que afuera otros siguen pensando

En las hortalizas. A ese precio bien pudiera

Conseguir una buena ganga. La especulación

Es verle las tetas a la negra, la justificación

Es el poema escrito como atributo nacional,

La poesía es consumo, droga de estos mundos

Donde soy el macho,  el que tira de la lanza

Y dice: aquí hay para todos. Aquí hay para todos.

Aquí hay para todos. Aquí hay para todos.

Aquí hay para todos. Aquí

Hay para todos. Aquí hay

Para todos. Salgo con el farol, y nadie sabe que la oscuridad

No tiene precio, el país tira de lo que va quedando,

Así  el vendedor de hortalizas me dice: Brother,

Son 20 pesos como mínimo. No hay marcha atrás.

El país no tiene marcha atrás.  Burlar por ejemplo

Lo que dice el vendedor de hortalizas,

No escuchar el poema del escritor de la generación cero,

El trauma es confundir al creyendo, mientras mi padre

Dice que no hay cabida para esos escupitajos,

Me aprieto el cinturón y salgo como  un macho,

Como un cabrito para que nadie confunda un poema

Escrito por un poeta de la generación cero.

Aquí hay para todos. Aquí hay para

Todos. Frente a la noche donde  ya no

Hay hortalizas ni vendedores. Lo mejor es darse un tiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL FINAL DA IGUAL BROTHER

 

 

 

 

 

Tres calabazas y una media naranja,

Una media naranja y tres calabazas.

No digo tres calabazas y una naranja y media

Una naranja y media calabaza. Calabaza

Y media con una media naranja.

Al final, da igual brother.

Tú no serás el único diferente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bella Época

un día en medio del sendero
alguien te preguntará por el advenedizo
hombre que llevas y habrá un silencio.
una demoledora paz cubrirá
en apretado instante la arboladura del verano. los pastos que cubrían
la cabaña donde el fuego se debatía en cubrir
tanta soledad. el incienso nos proveería de la súplica
y sólo habría una abertura para recordar al padre
que dispuso en un páramo, la hora del te.
la renovada imagen de un Dios que se asegmenta y nutre,
entre promontorios, la imagen misma, la falta de lumbre.
cabría decir, son tiempos difíciles,
pero en un poema algo hay de neutralidad;
de esas imágenes que la artista nos impone
en medio de un tiempo. el despertar, sus saudades
como marineros que se aíslan, como cuerpos dispuestas
a la noche o al comienzo, en lo irreverente,
como pudo ser la mano poderosa que se deposita
o la fatiga del viaje.  La artista conoce de las sombras
y solo nos enmudece ante la época, el rostro
equidistante de los hombres. son tiempos difíciles.
ellos tomaban vino de Rusia y yo me quedé
pensando en el ocaso donde un cuerpo desaliñado
me convoca. cae la tarde. al final
no estoy tan solo en la cabaña.
vuelve la fe al centro de la mesa y es la hora precisa,
la supuesta hora. ellos beben en vasos de cartón sus glorias
terrenales, sus dudas. podría admitir
que marzo no fue el último reducto, ni la plegaria.
por la filigrana que me conduce al sitio de reposo, admito
la bella época, es decir, el invierno.
no creo que se haya caído
una rama del árbol milenario, por azar. un cuerpo pasa a ras
del poema y enmudezco
para no reconocer su breve estancia.
cabría decir, son tiempos difíciles, pero no me atrevo
a confirmar lo imposible, a ir deletreando un nombre,
en el supuesto nombre. y cae la tarde
con sus mejores luces desde la cabaña donde los cuerpos buscan
el estío, lo efímero del sitio. ellos referían épocas
antiguas donde la lumbre
era la mejor opción. bastaría escuchar en medio del sendero
al hombre que llevas,
y habrá un silencio enorme, una demoledora paz -.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Luis Manuel Pérez Boitel (Remedios, Villa Clara, 1969) ha merecido distinciones como el Premio Casa de las Américas 2002 y el Premio de los Juegos Florales de Tegucigalpa 2010. Ha publicado los poemarios Unidos por el agua (1998); Bajo el signo del otro (2000); Los inciertos dominios del escriba (2001); Oración del inquilino (2002); Aún nos pertenece el otoño (2002); Para no quedar en el andén (2003); No pidas el perdón (2004); Ciudades del invierno (2005); Antes que la noche acabe. Antología personal (2005).