Poesía, fama y poder: Hồ Chí Minh



El 2 de septiembre de 1945 se declara la independencia de Vietnam. El mismo día, pero de 1969, su libertador, Hồ Chí Minh muere. Dedicamos esta nueva entrega de Poesía, fama y poder a Hồ Chí Minh (1890-1969) quien es el gran artífice del pensamiento postcolonial, según palabras de Bertrand Russell. Los poemas siguientes pertenecen a su Diario de prisión. Originalmente escritos en Chino para que sus captores entendieran lo que escribía y no le fuera arrebatado durante su confinamiento en aquel país. El revolucionario y poeta vietnamita hablaba y escribía en francés, inglés, chino, vietnamita y ruso. Las presentes versiones son de Félix Pita.

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera página

 

Hacer versos no ha sido nunca en mí una pasión.

Más contra el tedio horrible del encierro luchando,

rimando haré más cortos los días en la prisión

y esperaré que llegue mi libertad catando.

 

 

 

 

El camino de la vida

 

Escarpadas montañas, riscos, desfiladeros, din peligro pasé,

y ahora en el llano encuentro difícil el camino.

Al tigre de las cumbres sin temor enfrenté,

me topo con un hombre y en la cárcel me encierra.

 

Yo del nuevo Vietnam soy el representante,

que visita a los jefes de este país hermano

(¿acaso tierra y mares de lugar han cambiado?)

se ve hacer los honores en prisión encerrado.

 

Un hombre honesto soy, de conciencia tranquila,

y sospechan que sea un tenebroso espía.

Es siempre peligrosa la senda de la vida,

mas nunca como hoy tan escabrosa vía.

 

 

 

 

Ingresando en la prisión de Tsing Si

 

En la prisión los viejos acogen al que ingresa.

Blancas nubes ahuyentan las nubes de tormenta

y por el cielo, todas, libremente se alejan.

Un hombre libre, solo, permanece en la celda.

 

 

 

 

La noche

 

Después de la comida, cuando por Occidente cae el sol,

melodías y cantos montañeses de todas partes brotan.

La prisión de Tsing Si, sombría y melancólica,

en ilustre academia de música se transforma.

 

 

 

 

La flauta del prisionero

 

En la prisión, de pronto, se escucha de una flauta

el lamento nostálgico. Se hace pena la música,

cada nota un sollozo,

mil lenguas que separan y un dolor que desgarra.

¿No habrá en alguna parte, melancólica sombra

mirando al horizonte,

en lo alto de una torre, una mujer que espera?

 

 

 

 

Claro de luna

 

¿Qué hacer en la prisión, sin bebida ni flores,

en noche tan radiante, luminosa y serena?

Mira el hombre a la luna que esplendorosa

Asciende.

La luna mira al poeta, a través de la reja.

 

 

 

La ración de agua

 

Apenas medio cubo es la ración de agua.

Te lavas o haces té: decide por tu parte.

Si te quieres lavar, no tomes té.

Si quieres tomar té, no pienses en lavarte.

 

 

 

En el camino

 

Andando los caminos, se conocen sus riesgos.

Pasas una montaña: ya hay otra frente a ti.

Pero cuando a la cima de una sierra has llegado,

con la mirada alcanzas a más de diez mil li[1].

 

 

 

 

Traslado del preso al amanecer

 

Cantó el galló una vez: aún es noche cerrada.

Con su escolta de estrellas, la luna lentamente

asciende hasta las crestas de los montes de otoño.

Ya está en camino aquel que inicia un largo viaje.

Golpea el viento los rostros con ráfagas heladas.

 

Enrojece de pronto la luz por el Oriente

y las últimas sombras nocturnas son barridas.

Por todo el universo, el calor de la vida ya se extiende.

Despierta en el viajero el poeta que dormía.

 

 

 

 

En camino

 

Una cuerda amarraron a mis piernas y los brazos

me ataron

Pero el suave perfume de las flores y el canto

de los pájaros,

desde el bosque me llegan. ¿Cómo impedir podrían

que esta dicha

me acompañara? Ahora, ni es tan largo el camino,

ni estoy solo.

 

 

 

 

Noche fría

 

Noche helada de otoño, sin manta ni colchón.

Curvo la espalda

y las piernas repliego, buscando en vano el sueño.

El reflejo lunar sobre los plátanos, hace sentir

más frío

A través de la reja, en la ventana, veo la Osa

Mayor que se desplaza.

 

 

 

 

En camino hacia Nan Ning

 

En lugar de la cuerda vulgar, llevo ahora una cadena.

Como anillos de jade, a cada paso, sus eslabones suenan[2].

Soy para mis guardianes tan sólo un prisionero

que sospechan espía. Mas tengo la apariencia de

un dignatario antiguo.

 

 

 

 

La prisión de Nan Ning

 

Ésta es una prisión de estilo ultramoderno,

que brilla iluminada por la electricidad.

Ah, pero la comida es sopa bien aguada,

y vacío el estómago, chilla en la oscuridad.

 

 

 

 

 

Insomnio

 

Las horas de la noche pasan interminables.

El sueño se me niega y me agito angustiado.

Una hora y otra más. No sé si duermo o velo:

Sobre una estrella de oro giran mis pensamientos.

 

 

 

 

 

Mañana clara

 

El sol de la mañana traspasa la prisión,

barriendo niebla y humo, dispersando la bruma.

Un aire nuevo sopla de pronto sobre el mundo.

Cien rostros enclaustrados sonríen a la aurora.

 

 

 

 

El señor Kuo

 

Maravilloso encuentro, producto del azar

que un instante reúne a las lentejas de agua

que la corriente arrastra. Este buen señor Kuo

me fue como el regalo de un fuego de carbón

en una noche helada. Afortunadamente

corazones así, sobre la tierra aún laten.

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas

 

[1] Medida de longitud equivalente a 600 metros.

[2] Cuando los dignatarios y los grandes letrados de antaño iban a la Corte china para audiencias solemnes, portaban cinturones adornados con pedazos de jade que se entrechocaban al caminar y producían un sonido particular.