Carlos Aldazábal: Encuentro Internacional de Poesía CDMX



Presentamos una breve semblanza, selección de poemas, nota crítica y fotos del poeta argentino, Carlos Aldazábal, invitado al Encuentro Internacional de Poesía CDMX 2015, a celebrarse del 26 al 29 de noviembre de 2015 en la ciudad de México.

 

 

 

#poesíaCDMX

 

 

 

 

Carlos Aldazábal nació en la Provincia de Salta, Argentina en 1974. Es poeta y escritor. Ha publicado los poemarios La soberbia del monje (1996), Por qué queremos ser Quevedo (1999), Nadie enduela su voz como plegaria (2003), El caserío (2007), Heredarás la tierra (2007), El banco está cerrado (2010), Hain. El mundo selk´nam en poesía e historieta (2012, con ilustraciones de Eleonora Kortsarz), Piedra al pecho (2013) y Las visitas de siempre (2014). Poemas suyos aparecen en distintas antologías, entre las que destacan Poesía Joven del Noroeste Argentino 2 (2008) y Poesía ante la incertidumbre. Nuevos poetas en español (2011), editada en España y en distintos países de América Latina por Visor.

 

 

 

 

“Los libros iniciales de Carlos Aldazábal parecen responder –por los caminos sinuosos de la poesía– a un mismo interrogante: ¿quién habla en el poema? Uno de sus méritos es reenviarnos obsesivamente a él, con aguda autoconciencia, a fuerza de lirismo e ironía (…) la poesía de Aldazábal nombra la radical alteridad de lo humano. Nos sugiere, con resonancias éticas y por qué no políticas, que el poeta es el otro.”

– Diego Colomba / La Estantería

 

“En lo personal me guío mucho por el oído, que el poema suene bien, que no tenga exceso de palabras ni explique demasiado, que no tenga rimas internas, ni consonantes ni asonantes. Que, en lo posible, no le sobre ni le falte nada. Es una práctica de oficio, que se adquiere en la lectura y en el intercambio generoso con otros colegas. (…) Creo que mi escritura se está modificando a cada rato, aunque no sea capaz de percibirlo. Para mí es fundamental la experiencia, y me cuesta entender la poesía como un género literario desvinculado de lo vital. Entonces, en tanto las experiencias se modifican constantemente (y cuando hablo de experiencias también hablo de experiencias cognoscitivas: leer un libro, ver una película, escuchar música, etc), es inevitable que algo parecido suceda en la escritura. Es la paradoja del “yo es otro” que ya estaba en Rimbaud: el desafío es asumir esa multiplicidad sin dejar de ser uno. Lo que algún teórico podría llamar “estilo”.”

-Entrevistas a poetas: Laura Wittner- Carlos Aldazábal / Red Federal de Poesía

 

 

 

 

 

 

Zancadilla

Porque un tropezón no sea caída,
no tengo que obligarme a agradecerte,
menos aún cuando el tropezón se debe a puntapié,
zancadilla artera nada parecida
a una luna en Tilcara, una acequia en Mendoza
o a un surubí escalando el Paraná.
Los impulsos de la poesía pueden venir de cualquier parte:
por ejemplo este viento que me hace tambalear luego de tu
zancadilla,
o la proeza lunfarda de Cátulo Castillo
haciendo en “Desencuentro” un tratado ilustrado de nihilismo
a la Ciorán.
No estoy pensando ahora en tu patada anémica,
ni en la que te voy a devolver con mucho gusto,
salvo que la poesía me convierta en angelito
y aprenda la cuestión del olvido, del dejar pasar,
de mirar la luna, toda llena en Tilcara,
de escuchar acequias al borde de Mendoza
o de comer surubí a orillas del Paraná,
imaginando el esfuerzo del pobre pescadito.
No.
Pienso ahora en la fuerza del cactus,
ese brote espinudo prendido de la roca,
creciendo de a poquito,
clavándose en el pie del turista que pasa,
administrando su sed bajo el sol de la puna
antes de florecer
en un color violento.

 

 

Cálculo

Tendríamos que medir las consecuencias.

Eso sería como delinear un perímetro con un compás,
el círculo imperfecto de lo que sobra.

Pero las sobras no son lo que parecen:
las objeciones, por ejemplo, a veces sobran,
y otras veces son una condición de lo posible.

Atravesar la multitud con una soga
sería el modo de saltar hacia el vacío
sin dejar de ser cuerdos,
coincidencias de partes entre muchas opciones.

Supongamos, por caso, que hay un árbol.
Detrás del árbol el escenario es abierto
y la lírica brota como croar de sapos.

Supongamos, también, que a diez cuadras
otro árbol se enciende con un fulgor distinto
y la lírica trueca en serpentinas, en chispazos con humo.

De estas formas del canto no se sabe cuál cuenta:
si la cuerda atada a la cintura, si la soga en el cuello,
o la forma perfecta de tu boca, el círculo exterior de lo posible.

 

 

 

Motivos

No es fácil perder tantas peleas,
remontar las tareas cotidianas,
decidirse a vivir con la náusea en la nuca.

Resucitar por día, por minuto,
reencarnado en helecho o en hormiga,
resucitar contrarreloj en la caída
para evitar morir de doble muerte.

No es posible aflojar: así es el juego,
esta sutil condena de continuar naciendo
a pesar de los otros.

Por eso es que persisto en mi disfraz de circo,
porque la risa y el amor son escaleras
que trepamos sin miedo mientras nos resbalamos.

Quiero decir:
tus ojos me han mirado,
y así vale la pena tanto esfuerzo.