Poesía de Nicaragua: Alain Pallais



Alain Pallais (Managua,1975), poeta, traductor, ilustrador y soldado. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería de Nicaragua y diseño gráfico en Los Angeles City College, California. Como soldado ha adquirido diversas preparaciones técnicas y militares. En el 2004 estuvo movilizado con el US Army en Irak donde dedicó parte de su tiempo libre a escribir poesía. Su trabajo literario y gráfico ha sido publicado en revistas y periódicos. Actualmente reside en California donde alterna la literatura con su trabajo técnico en el Departamento de Defensa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LXIII

 

Fifteen minutes prior to fifteen minutes prior

Alrededor del fuego pequeñas historias

calientan sus manos esperando al sol

—puntual soldado—

para suceder en antiguos idiomas.

 

Cuando la llama percibe el paso de Almawt

sombrías imágenes tiemblan sobre el piso.

 

La arquitectura de este miedo no tiene dimensiones,

evade cualquier pose que intente expresarse,

adiestra su jauría bajo la lluvia

lanzándole piedras a los bocetos de murciélagos infértiles.

 

Nadie quiere encontrar su bala silbando

por la calle de una ciudad impronunciable.

Aun así salimos a cerrar los ojos

frente al cuadro sin estro,

frente a una ilusión que se quita las botas.

 

El soldado siempre llega quince minutos temprano

a su encuentro con Almawt.

 

En Taji solo la noche borra el horizonte.

 

(Al Encuentro)

 

 

 

XVIII

 

Por escaleras eléctricas:

Suben maniquíes de viejos escaparates buscando incómodos retazos que los salven del olvido. En sus maletines esconden números que a diario se pierden en el metro cada vez que alguien viaja cediendo su espalda al caprichoso látigo.

Bajan payasos ofreciendo sus últimas bromas a inquilinos de la tristeza, repartiendo la ironía de sus lágrimas en volantes que anuncian la muerte de hambrientos trapecistas.

 

Compro narices

La libertad del viento no necesita boleto

al aro de tus ojos cerrados.

 

Por escaleras eléctricas:

Corbatas ascienden serpenteando entre cuellos saturados de orgulloso veneno, ensayan el gélido brindis que les espera en los semáforos de Nueva York, en el interior de los espejos que crecen en Frankfurt.

Descienden guitarras de joven madera, huyen de la contaminación que habita sorda en una falsa arquitectura, corren olvidando sus ensombrecidas cuerdas que alegres vibran buscando caracolas en la playa.

 

La pleamar

descubre el abdomen del placer

reflejo del ocaso.

 

El payaso, su nariz rebota

sobre la contorsión del sendero,

soledad de sus lágrimas.

 

(Escaleras Eléctricas)

 

 

 

LXVIII

 

Bizarras abejas enjuagan su prez

sobre vitelas lozanas,

luego vuelan a polinizar ojos imposibles de cerrar,

hacen de la guerra una hoja seca

que cae sobre su mismo fuego,

transforman balas en palabras

que viajan con el perdón hacia su nueva morada .

Y cuando dejan de dormir entre besos arenosos

el oasis se traga los dátiles con un suspiro.

 

Una decena de aves beben mi sangre,

luego abandonan el oasis

en busca de mi sombra olvidada en el desierto

–espejismo fragmentado.

Por el mutilado cuerpo de un eucalipto

desfilan tropecientas hormigas,

cargan letras para reconstruir un poema en extinción.

 

Hoy comienzo a vivir esta innecesaria guerra,

luego dormiré hasta que mis huesos florezcan.

(Nueva Morada)

 

 

LIV

 

Un bloque de ébano camina hasta el bebedero

observa su rostro de toro junto a la luna matinal,

lo alza, lanza su triste bramido:

 

Lune petit

Luna que orbita en el corral de mi pecho

con mis cuernos te acaricio

en la traviesa privacidad de un estacionamiento.

 

Luna esquiva.

Cuando salimos a pastar en el parque vacío

tu halo me adormece:

mi cabeza rueda a tu alrededor,

mis pezuñas salen en tropel

sobre la claridad de tu tez reflejada en el lago,

mis patas se derriten sobre el lienzo

del pintor protector de los colores

que nos definen en el lecho de nuestros instintos.

El  borlón de mi rabo es el pincel que

pinta un puente luminoso:

pasan puntos amarillos

presumiendo los pezones de la noche,

pasa flamas embistiendo cada poro en éxtasis.

 

Lune petit

Luna que orbita en el corral de mi pecho.

Mi sombra se arrastra silenciosa,

sube apasionada por la barda

que me impide contemplar el horizonte.

Ya nadie osará atar este impulso

que me lleva a tu móvil figura

en este cuadro nocturno.

(Querer Volar)

 

LXI

 

El dolor pasta en el cementerio

ignora que su raíz es un laberinto

donde aves nocturnas mueren de deseo.

 

Las paredes se desvelan con nosotros,

confinan los momentáneos anhelos

de perder la razón por una noche de tragos.

Caemos

por

gravedad

del deseo

sobre piedras aplanadas

donde se retuerce la culpa

de un templo destruido.

 

Qué será de la tumba vacía.

 

Tu presencia es solo un aroma

engendrando la azul efigie de Eros

que custodia la pira donde nos fundimos.

 

La soledad, mi único patrimonio,

se columpia bajo la lluvia

observa algunas gotas esculpir tu figura

en la transparencia del viento.

 

Espejos tirados sobre la calle.

se deshacen.

La llanura del cielo en la ventana

se desliza.

 

Qué será de mis ojos sin lágrimas.