Cuando alguien saca la pistola, esgrimimos un poema: Francisco Segovia



Presentamos la entrevista de Moisés Ramos Rodríguez al poeta Francisco Segovia (Ciudad de México, 1958), quien ha trabajado principalmente como lexicógrafo, profesor de literatura y traductor independiente. Aunque ha publicado algunos libros de prosa creativa, es sobre todo poeta y ensayista.

 

 

 

 

 

 

Cuando alguien saca la pistola, esgrimimos un poema: Francisco Segovia

(Entrevista originalmente publicada el 13 de diciembre de 2015)

 

 

Después de la Segunda Guerra Mundial decían los filósofos, y algunos críticos, incluso bastante después, que el lenguaje había sido tan pervertido, que la lengua alemana había sido tan pervertida por los cambios de significado y las mentiras que decían los nazis, que iba a ser imposible rescatar esa lengua de la ruina, de la banca rota; que no se podía escribir literatura ya en lengua alemana. Hasta que llegó Günter Grass.

Lo que eso supone, es que hay una sensación de degradación de la lengua hecha por los políticos, que es la misma, digamos, que viene aparejada con la violencia física; es decir: a los hornos crematorios corresponde una degradación de la lengua.

Quien tal afirma es Francisco Segovia, poeta nacido en julio de 1958 en la ciudad de México. En Puebla para impartir un taller de poesía, aseguró en entrevista exclusiva:

“Eso pasa en México, desde luego: a la violencia que está ocurriendo ahora corresponde un descrédito en las palabras. Nadie cree ya lo que las palabras dicen, porque los políticos las usan para decir mentiras. La única manera de responder a eso no es el silencio, creo yo, como cree el poeta Javier Sicilia, sino la literatura, la poesía, que resiste a ese envilecimiento del lenguaje”.

En México, se le recordó hay un “gran número” de poetas, ¿responden a su momento?, se le preguntó; replicó: “Depende a qué llames responder a su momento histórico. Desde mi punto de vista, por el puro hecho de escribir poemas, estás defendiendo esa confianza en la lengua. El puro hecho de hacer cultura se opone al puro hecho de hacer política; política en el mal sentido de la palabra, haciendo una diferencia entre la política y lo político. Lo político es lo que nos toca a todos; la política es la que les toca a esos que hacen, que envilecen el lenguaje”.

Con el simple hecho de hacer algo de cultura… Decía Christian Weber, por volver a los nazis: “Cuando escucho la palabra ‘cultura’, le quito el seguro a mi Luger”. Van muy bien ahí las dos cosas: cuando oye “cultura” saca la pistola; nosotros hacemos al revés: cuando alguien saca la pistola, esgrimimos un poema, aseguró.

Agregó: “Por el puro hecho de ser poema, ya resiste, ya es una forma de resistencia. Ahora, hay unos poemas más directamente ‘activos’, poemas ‘militantes’, poemas ‘comprometidos’, lo que antes se llamaba ‘poesía comprometida’. Entre las dos cosas hay una gran gama. Digamos que ahora es más común ver poemas hechos con la idea de rendir testimonio, de atestiguar lo que está ocurriendo, y menos con la idea de proponer un programa político. En ese sentido no son ‘poemas comprometidos’ en el viejo sentido de la palabra (aquél que te obligaba a ser comunista y, si no, estabas contra el pueblo)”.

Aseguró: “Aquí, creo que la mayor parte de la poesía que se está haciendo con eso, es una poesía más bien de orden testimonial; más bien es una queja, no un programa político”.

 

Guerra a la vista

En un sentido, uno podría decir que la Tercera Guerra lleva años ocurriendo, sólo que con baja intensidad y sin declaraciones formales. Hay cosas en el ataque terrorista a París y el derribo de un avión ruso que me parecen graves. Por ejemplo: la Federación Mexicana de Futbol hace un minuto de silencio por los muertos en París. Y uno dice: “Oigan, y los muertos de Centroamérica que están enterrados aquí, en las fosas comunes ¿por ellos no hacen un minuto de silencio? O los muertos de los atentados en Líbano o en Oriente Medio; esos ¿tampoco cuentan…? ¿Sólo cuentan los muertos si son franceses, son ingleses, si son europeos? ¿Los otros no cuentan?”, se cuestionó y respondió el poeta Segovia al ser interrogado sobre su opinión del inicio de una conflagración planetaria.

Agregó: “En ese sentido me parece que era un poema el de aquél que viene en La Bestia con un letrero que dice: “No disparen. Somos sirios”. Son guatemaltecos, o centroamericanos cruzando México hacia Estados Unidos. Me parece una lección. Que sea una Tercera Guerra Mundial… podría ser. Creo que Rusia está en un plan muy muy agresivo.

—Y será una guerra nuclear…

—No creo que vayan a llegar a ese extremo. Ahora hay armamento muy sofisticado que no necesita matar de esa manera tan brutal. Puede exterminar a una población sin usar una bomba atómica, créeme. Lo están haciendo. No creo que sea nuclear. Sí creo que pueda haber una escalada… Me da miedo lo que está pasando entre Turquía y

Rusia, por ejemplo, un enfrentamiento muy directo. Me da miedo que Grecia, siendo de la Unión Europea esté apoyando a los rusos porque tiene a los turcos de enemigos históricos.

“Me da miedo un montón de cosas. Creo que hay un montón de malentendidos posibles. Y, pues como dice la Ley de Murphy: ‘Donde algo puede salir mal, va a salir mal’”.

—¿Qué sobrevivirá a todo esto? Si es que hay algún ser humano que sobreviva…

—Bueno… Tengo una prima (en realidad es mi tía, pero como es joven yo le digo prima), científica con la que una vez estaba hablando del destino de este planeta, más a propósito de la contaminación y de todo eso, y ella decía: “No pasa nada. Se va a acabar la humanidad, y ya”. “¿Cómo de que se va a acabar la humanidad?” “Sí. La humanidad es un accidente en la evolución de la vida en este planeta. No pasa nada. Somos una bola de engreídos”. Claro, yo no concuerdo con esa opinión, me parece que la humanidad es muy valiosa. No creo que se vaya a acabar.

“Ha habido otras masacres y otros momentos terribles en la humanidad. Ha habido Hitler, ha habido Pol Pot, ha habido campos de concentración a diestra y siniestra, y siempre algo queda: en medio de todo eso hemos tenido, además, a los grandes pintores, a los grandes músicos, a los grandes escritores; ese lado de la humanidad siempre estará ahí. Y más nos vale. En cierto sentido, el siglo xx es el de las guerras más crueles, pero en otro no son las más crueles. Imagínate cómo era la vida en tiempos de Gengis Kan: no creo que les fuera mejor que a nosotros. O los vikings arrasando aldeas…”

 

La poesía es generosa

Al preguntársele al poeta Francisco Segovia sobre la experimentación y el artificio en la poesía, por ejemplo quienes dicen hacer “poesía en voz alta” y le ponen un altavoz a sus lecturas en lugares abiertos, respondió:

“La poesía es muy generosa en lo que acepta y en lo que rechaza. Rechaza pocas cosas. Pero, depende también lo que consideres poesía, si te estás refiriendo sólo a la poesía culta o te estás refiriendo a la poesía popular. La poesía popular, normalmente, se canta, entonces andan con su guitarra por las calles cantando los poemas. Visto desde ese punto de vista, lo que hacen los otros es nada más ponerle un megáfono, pero sigue siendo, de alguna manera, algo que la poesía ha hecho siempre: cantarse. Su mayor popularidad es cantada. Es una poesía más directa, menos libresca, digamos, menos culta. También acepta la poesía ser hiperculta, hiperexperimental donde ya el público se reduce tanto porque es tan complicada, pero sigue siendo poesía entre un extremo y otro”.

—De algún modo así inició Homero: cantando.

—Sí, las rapsodias eran canciones. Ya los poetas no usan rapsodia para sus cantos, pero los músicos sí.

—En cuanto al ambiente de la política y lo político ¿cómo se sitúa Segovia con esta reunión de libros completos Aire común 1994–2011?

—El texto no es una antología, son libros completos, aunque no están todos mis libros. Es una antología, sí, de libros, no de poemas en ese sentido. Sobre todo en los últimos tres libros hay una de esas actitudes: son libros que tiene un lado político de lo político, no de la política. Pero sí expresan una situación: hay un sentimiento de país devastado a lo largo de esos tres libros.

—¿Qué sensación te deja el reunirlos en un solo volumen?

—Es una sensación rara porque, desde luego hay poemas que ya no haría como los hice, y sin embargo, me reconozco ahí. Digo: “Pues sí, soy yo, nomás de otro modo”, como cuando te ves de joven y dices: “Bueno, pues sí, soy, nomás que de otro modo, con otros kilos, con pelo…”

—Octavio Paz tenía la manía de revisar y revisar sus poemas pretéritos, pero les dejaba la misma fecha, como si la versión ya revisada, hubieran sido escrito en la fecha al calce, muy anterior; y podían mediar entre la escritura y la revisión 20 años o más. ¿A ti te dio esa tentación de re-revisar?

—Sí, me da esa tentación. Tampoco modifico la fecha del impulso original, pero creo que si alguien se detiene en esas minucias, notará que la diferencia va de una edición a la otra y que, entonces se puede reconstruir ese cacho de la historia. Sobre la tentación de corregir: nunca corrijo tanto. Una: es una zona que siempre me queda un poco ambigua, y es un poco técnica: es que, según la época, corto los versos de diferente manera. No cambio tanto palabras, sino que cada vez me he ido más a cortar los versos por el oído, y antes me importaba, quizá, un poco más, señalar un ambigüedad al cortar el verso, que era señalada para el ojo, primero, y ahora me importa más señalar el ritmo que el poema lleva para el oído. Entonces he cambiado la manera de cortar los versos; dentro de los poemas no cambio tanto.

—¿Y de la brevedad…?

—Eso depende un poco de la época. En los últimos libros soy muy breve, pero ahora acabo de publicar, en una edición muy cortita, para suscriptores, un poema muy largo y de un solo jalón. Lo puedes oír en descargacultura.unam.mx, completo, como lo publiqué. Después lo seguí. Son 40 minutos en voz alta (“Agua”). Son por ahí de 36 páginas. Después de la reunión de Aire común ya hay tres libros… o cuatro.

—¿Cómo te ves ahora, después de esa reunión voluminosa, el poema “Agua” y esos tres o cuatro libros de los que hablas?

—Yo supongo que a todo mundo le pasa con la edad que siente… ¿cómo decirlo…?: el engreimiento de la adolescencia se nota más. Los adolescentes tienen pretensiones muy altas, son un poco más gritones, lo cual es natural…

“Yo empecé a escribir muy joven, a la edad que empieza todo el mundo, pero mi primer libro completo de poemas, me tardé bastante en publicarlo, de modo que no se le nota demasiado lo juvenil. Pero mira que Aire común empieza en el 94, entonces sí, los poemas anteriores, algunos están incluidos en libros publicados en el 94, pero lo meros meros juveniles, no los publiqué”.

—Es un poeta que estamos por descubrir…

—Bueno… que espero que no salga mucho a la luz. Hay un librito anterior que sí me hubiera gustado poner en la antología de libros, pero le pasaba eso: era muy juvenil, y aunque a mí me sigue gustando, pensé que iba a espantar a los lectores si lo ponía de principio de Aire común. Prefiero guardarlo para cuando haya una Poesía completa de verdad. Una poesía completa tiene un valor testimonial, lo que no quería para esta colección de libros: un valor testimonial histórico; quería un libro para que lo leyeran. Quería animar a los lectores, no desanimarlos.

 

En voz de su autor

En su sección “Literatura: Letras mexicanas en voz de sus autores. En voz de Francisco Segovia”, descargacultura.unam.mx, presenta el poema “Agua” al cual se ha referido el poeta en la presente entrevista. Señala:
“Editado por el Taller Martín Pescador (2014), es un poema de largo aliento que delata una escritura fluida y libre. Segovia construye imágenes en torno a este líquido tan valioso para la vida, al tiempo que dibuja poderosas metáforas”.

En la introducción a la audición de su poema, Segovia asegura: “El poema nació por unos sonidos. La estrofa que más suena a agua, agua del aguaje que lleva un campesino, agua guardada en un guaje, salió originalmente nada más porque los sonidos se me agolparon y eran en sí mismos como acuosos. Empecé a hacerlo y no pude parar. Salió como agua que fluye. Lo escribí durante unos tres meses, más o menos. Si no me detiene alguien que me dijo ‘Ya para’, me hubiera seguido”.

La lectura del poema de Francisco Segovia “Agua”, está acompañado con música de Juan Pablo Villa. El poeta lo grabó este año en el estudio de grabación Universum. Museo de las Ciencias, bajo la dirección de Eduardo Ruiz Saviñón; la operación y postproducción fueron de Fabiola Rodríguez y Gabriela Jiménez. Fragmentos del mismo son los siguientes:

 

 

…agua del arroyo que ensarta su hilo en la pupila…
agua de hebras transparentes que se trenzan apretadas
para dar al ojo algo tangible algo sólido que ver : agua visible…
agua : aguja e hilo de coser las cosas
que pasan sobre el río como agua y los reflejos que no pasan
sobre el agua que pasa…
agua que mece al mundo en la hamaca de sus redes
agua en que vaivienen Uruk, Gizé y Tenochtitlan
los pilotes del Golden Gate y las Torres Petronas de Malasia…
agua que en un parpadeo apaga de golpe todo un sol
mientras enciende alrededor otros mil soles…
agua que rompe en dos todas las lanzas que le clavan…
agua de aquel río en cuya orilla una mujer lava su sombra…
agua jubilosa de donde sales jubilosa
y agua delicada y desprendida
que deja salir tu sombra intacta seca…
agua que no parte las cosas que reparte
agua que pone una luna entera en cada lago
en cada balde en cada vaso…
agua del borbotón maciza y decidida
que brota rotunda de la sombra subterránea agua
que hace bulto a flor de tierra y monta en ella
como una hogaza de pan sobre la mesa…