Poesía luxemburguesa: Jean Portante



Presentamos en Círculo de Poesía una serie de poemas de Jean Portante (Differdange, 1950), poeta, novelista, ensayista, crítico, dramaturgo y traductor. Autor prolífico en diversos géneros, Portante se destaca por la consciencia sobre las posibilidades del lenguaje, acaso por el plurilingüismo del que está rodeado. Las traducciones corren a cargo por José Reyes de la Rosa, Carlos Clementson y Antonio López.

 

 

 

De ¿Por qué está tan triste el viaje que busca su materia? (Juan Gelman)

 

Jean Portante nació en 1950 en Differdange, Luxemburgo, en una familia de inmigrantes italianos. Su infancia fue marcada por esta doble pertenencia, o más bien, por una doble no pertenencia puesto que, como cada viajero, se sintió muy pronto como un ciudadano de tierra de nadie. Toda su obra, que comprende más de treinta libros —poesía, novela, ensayo, teatro— está impregnada de esto. Es una obra escrita en francés, ya que la lengua también participa de su desarraigo.

Portante llegó a la escritura a la edad de 33 años. Antes había hecho estudios de literatura y arte en Francia, en Nancy y París. En 1983, cuando escribe su primer libro de poemas, Feu et boue, se establece en París. Sus numerosas estancias en América Latina, especialmente en Cuba, le familiarizaron con la lengua española. Ha desarrollado por más de veinte años una actividad como traductor literario, en la que se destacan obras de poetas como Juan Gelman, Gonzalo Rojas y Jerome Rothenberg. Sus propios libros han sido ampliamente traducidos.

En Luxemburgo, Portante es director del evento Primavera de Poetas y la revista Transkrit, así como periodista de Jeudi. En Francia, es miembro de la Academia Mallarmé y de múltiples jurados literarios (Apollinaire, Mallarmé, Max-Pol Fouchet, Yvan Goll, entre otros). Creó en 2008, con Jacques Darras, la revista Inuit dans la jungle, y dirige, con Claude Couffon, la colección L’Cahiers Latin de la Editorial Caractères, dedicada a la poesía hispanoamericana.

En 2003 Portante recibió, en Francia, el Gran Premio de Otoño de la Sociedad de Gente de Letras, por el conjunto de su obra poética, así como el Premio Mallarmé, por su libro L’étrange langue. En 1993, en Luxemburgo, su novela Mrs Haroy ou la mémoire de la baleine le valió el premio Servais al mejor libro del año. En 2011 recibió, en Luxemburgo, el Premio Nacional de Literatura y en 2012, en Francia, el Premio de Literatura Francófona Benjamín Fondane.

En lengua española, Portante ha publicado Abierto cerrado (Medellín: Prometeo, 1996), Elaborrar (Buenos Aires: Bajo la Luna Nueva, 2000), La reinvención del olvido (México: La Otra, 2013), La ceniza de las palabras (México: Floricanto, 2015), y El fabricante de sur (Lima: Lutra, 2016). Los poemas de la serie que publicamos a continuación fueron traducidos por José Reyes de la Rosa, Carlos Clementson y Antonio López, como parte del VI Círculo de Traducción Poética de Córdoba, realizado en septiembre de 2013.

 

 

 

 

Por qué corregir
los errores de la luz
cuando escribe la última página
del relato de la sombra.

Una mitad de la muerte
pasa así inadvertida
mientras que la otra
ya atravesó el río.

Ahí está en la otra página
la otra mitad teniendo
en la mano su lápiz apagado.

Qué escribe desde tan lejos.
Acaso el error es posible
en la orilla sombría del relato.

 

 

 

 

Por qué la luna
da la espalda
al sol y juega a ser
la mitad de la tristeza.

La espalda que es
la mitad del sol
no se vuelve
nunca.

Quien se ahoga en el sol
tiene sombra
en los ojos.

Quien pierde su abismo
da un martillazo
en la espalda de la noche.

 

 

 

 

Por qué el pueblo
se mira en el espejo
antes de que se rompa
el día.

Acaso va
a dormir así en
el hemisferio sur
el alma.

Sueña allí por destellos
bajo mantas
abandonadas.

Bajo ellas se fabrica la inmensidad
de lo que se ausenta
cuando cae la noche.

 

 

 

 

 

Por qué se borra en
cada boca lo que
fuera coge la enfermedad
de las cosas.

La lengua de lo que es
no es la concha
enferma que habla
de la noche que cae.

Allí se comen los restos
de la oscuridad
mientras se espera.

Todo lo que llamamos
oscuridad es resto
de lo que comemos.

 

 

 

 

Por qué inventar un país
cuando has puesto
definitivamente el tuyo al abrigo
de tus párpados.

No es que él duerma
cuando tú duermes mientras que
del otro lado están golpeando
en la puerta.

Están golpeando en los párpados
que como no se abren
son nubes.

Por qué inventar un país
cuando el tuyo
es definitivamente una nube.

 

 

 

 

 

Por qué cuando cierras
los postigos la higuera
se transforma
en manzano.

Acaso eres tú la que está
en la ventana cuando
desde muy lejos se ordena
al alma que se disfrace.

El amor requiere
árboles oscuros
cuando cierras los postigos.

Por qué el amor se vuelve
luz abandonada
cuando cierras los postigos.

 

 

 

 

Por qué lo que habla
en el ciprés
fabrica silencio
en las hayas.

Quien puso palabra
bajo la corteza de los árboles
tiene nube
en el alma.

Y proxeneta de
la sombra quien puso
nube en el alma.

Y quien fabrica silencio
en la sombra acaso no habla
en la luz.

 

 

 

 

Por qué cuando de
sol se trata
vuelve la sombra de lo que
antaño achicaba las puertas.

Se achicaban
las cerraduras
y se arrojaba la llave
al arroyo.

El agua que se iba
aún estaba abierta
pero se iba.

Y la sombra se plegaba
a las órdenes del sol
y se cerraba.

 

 

 

 

 

Por qué la memoria
cuando regresa
lleva vestidos
arrugados.

Acaso ha dormido
vestida la última noche
en una cama
que no ha querido deshacer.

Acaso porque
ha dormido en cama ajena cuenta
todas estas mentiras.

El silencio que guarda
plancha su camisa
antes de reinstalarse.

 

 

 

 

Por qué la luna cuando
nos une
se vuelve tan pequeña
en la noche.

La noche que es grande
y toca el cielo
con su cabellera
revuelta.

Hay guerra allá arriba
y aquí abajo una sombra
en tu rostro.

Es el tiempo que
pasa y al pasar cuenta
los golpes que da.

 

 

 

 

Por qué los fantasmas
de los cipreses ciertos días
de lluvia infringen
la ley del silencio.

El fantasma del jardinero que
los ha plantado allí
acaso no les ha dicho que quien
habla muere más rápido.

Se ríen los fantasmas
a quienes ninguna ley
constriñe al silencio.

A qué ellos cuchichean se parece
el fantasma del silencio una vez
que el jardinero le da la espalda.