Duo Duo: Por esto seguimos en pie



Duo Duo: Por esto seguimos en pie

Presentamos, Por esto seguimos en pie, discurso del poeta chino Duo Duo al recibir el Premio Internacional Neustadt de Literatura en 2010. Duo Duo (1951) es el mayor poeta chino del presente. En él se reúne lo mejor de las distintas corrientes y escuelas de pensamiento poético chino desde la dinastía Shang hasta nuestros días, una tradición poética con más de 3 mil años de historia. Este año viene a México invitado por Círculo de Poesía y Valparaíso México para recibir el Premio Internacional de Poesía Nuevo Siglo de Oro 2016 en el marco del festival Di/Verso. La cita es este domingo 20 de noviembre a las 12:00 h. en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Además leerá poemas de su primer libro traducido en occidente, Promesas, poesía escogida, editado por Valparaíso México y traducido por Sergio Eduardo Cruz. A continuación el discurso de aceptación del Neustadt:   

 

foto de portada: Simon Hurst

 

 

 

 

 

 

Por esto seguimos en pie

Duo Duo

Trad.: Esteban López Arciga

Damas y caballeros:

Esta noche, frente a todos los presentes, deseo mantener un tono discreto de manera que la palabra gratitud resuene con más fuerza. Esta es una palabra digna de ser dicha, como debió de serlo hace tanto tiempo.

Tras escuchar los versos de Baudelaire, Lorca, Tsvetaeva y Ehrenburg por primera vez, una generación de poetas chinos estuvo desde entonces agradecida de recibir la creatividad en mano propia durante aquellos años austeros. La palabra, en manos del receptor, se convertía en destino.

La poesía nos golpeó con su poder de inmediatez, y creí que desde ese punto de impacto, el poder sería transmitido por nosotros.

Desde entonces sólo conozco las fronteras de dos filas de árboles.

Incluso ahora, los vestigios de los setenta aún resuenan y contienen el eco de la reconfiguración de nuestro carácter. Un país, una voz, el poeta se deslinda de todo eso. Ergo el inicio de la escritura, ergo el inicio del exilio. Una posición se me acerca sola. Soy un solo hombre; me defino sobre ello. Soy sólo un hombre.

No hablo de historia, sino del hombre, cuya aparición en la palabra historia ha sido por mucho tiempo debatido. En esta palabra, la vida es tomada por la poesía para buscar, como lo dijo Sylvia Plath “un país tan lejano como la salud”.

Hablo de escribir, ese difícil oficio.

En el proceso, lo que debe ser hablado se encuentra con lo que no puede ser dicho. Cada palabra es un catalizador, que exige al escritor arrancarse de otra historia, desde el campamento primitivo donde la historia, sociedad y política convergen, para dar con aquel “qué” y ese “quién”. En ese roce, uno encuentra los amarres sin límite del mundo, cobijados en palabra.

Hasta aquí, la mitad de cada palabra ha sido escrita, la mitad que puede ser entendida. La Gramática aún se pregunta por la otra mitad. Cada palabra es sólo un signo. Dentro de cada palabra hay un cerebro de huérfano. No hay palabra más joven, pero dentro de la palabra sufrimiento están todos los secretos del ser humano.

Quizá la reflexión sobe la palabra es una forma de buscar justicia. Si un monólogo puede invitar a un coro, entonces quizá puede hablar en nombre de otros también. La poesía es autosuficiente en su inutilidad, por tanto desdeña el poder.

Al menos el ideal de la poesía exige esto: incluso mientras el poeta está a la zaga, ya debe de haber revelado su aspecto más digno. Deja que la luz se pose sobre las escamas, sobre las cuales la luz debe iluminar y moverse. La luz por tanto llega a donde el hombre puede llegar, como quien reconoce el nuevo amor.

Lo que nos ilumina es la desidia, así que la acción es condena: la oscuridad se vuelve completa, al punto que ha sellado toda fisura, sin saber que la luz surge de su interior. Y por ahí es que la palabra debe penetrar.

El presente se torna más escondido, la jerarquía no puede hablar de este hechizo fundacional que ha sido escrito.

Cuando el camino se ha vuelto una palabra sin énfasis, incluso al buscar su genealogía, lo que se encuentran son sólo los ecos de esta civilización en particular. Así que paramos aquí, paramos en un lugar en el que podemos reflexionar y experimentar todo el viaje de nuevo, en búsqueda de esa palabra que ha sido enclaustrada en una mina junto a un agotado pasado antiguo, un acertijo sellado que sólo pone a prueba al oyente.

Al oído del poeta, en los límites de su honestidad, al final de toda lógica, un “qué” será abierto, ese “qué” es el presente. Desde sus raíces más profundas, una palabra saldrá del acertijo. Quizá, esta palabra es lo que ha sido revelado por las pistas: una aproximación, un encuentro, un diálogo.

El camino está sólo en el presente, y usamos los ecos como puntos de salida.

De lo que hablo es de cómo la experiencia del poeta se traduce a la palabra.

Después de experimentar la cacofonía de la revolución, subversión, experimentación y deconstrucción ¿Qué puede ser aún escuchado por el poeta? Dentro de esta palabra que ha nacido del acertijo-silencio está nuestra condición común: al nivel de un mundo por completo material, al nivel de la física humana, dejamos que una inteligencia disfuncional carcoma el paisaje, es una serie de slogans; el eco de nuestra condición es una violencia sostenible que usa la memoria como combustible, y ha sido recargada, porque el exilio de la palabra inicia aquí.

Pero del espacio discursivo creado por el canon poético, lo que resuena es el discurso nunca separado del silencio: hay sólo memoria, no olvido, pues no hay montañas sólo cimas.

El panteón de poetas clásicos chinos está emergiendo, llevando el alcance de montañas, ríos, peso, y presión junto con sus palabras, y a mitad de sus versos, para estar con nosotros no sólo donde el lenguaje se quiebra sino en las fisuras geológicas, esperando que continuemos lo que ellos dejaron, otra estación en la pradera de la vida. En otra historia, en la misma alegoría, la manera en la que regresamos al sonido de un fresco es la manera en la que la luz crea nuestro horizonte.

En este punto, necesitamos la voz de una historia omnisciente para hablar.

Hablar de este-oeste, oeste-este, hablar de este escenario común donde aparecemos, la tierra, los cielos estrellados que avanzan y vetas, son nuestros aliados al escribir, nuestros lectores, nuestros pastizales bajo el mar.

La naturaleza ya no tiene otras aguas o tintas, el peligro ha sido expuesto, la poesía ha caído a la periferia, y esta periferia es cercana a nosotros. La poesía toma esta periferia como una bendición y sigue para ofrecer rituales para los ríos enfermos, para ofrecer paisajes leíbles para el corazón.

Por esto seguimos en pie.