Presentamos el poema Bonne pensée du matin del poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891), que a su corta edad y con su genio poético revolucionó la poesía moderna. La nota y la traducción están a cargo del poeta, editor y traductor argentino Juan Arabia, especialista en la obra del autor francés.

 

 

 

 

 

 

 

BUEN PENSAMIENTO DE LA MAÑANA

 

A las cuatro de la mañana, en verano,

El sueño de amor aún continúa.

En los bosques el alba evapora

…..El aroma de la noche festiva.

 

Pero a lo lejos, en las inmensas obras,

Hacia el sol de las Hespérides,

En mangas de camisa, los carpinteros

…..Ya se agitan.

 

En desiertos de musgo, tranquilos,

Preparan hermosas vigas

Donde la riqueza de la ciudad

…..Se reirá bajo falsos cielos.

 

¡Ah! Por estos encantadores Obreros,

Súbditos de un rey en Babilonia.

¡Venus! ¡Deja un rato en paz a los Amantes,

…..Que llevan sus coronas en las almas!

 

…..¡Reina de los Pastores!

Lleva aguardiente a los trabajadores,

Para que sus fuerzas queden en paz

Mientras esperan su baño de mar, al mediodía.

 

Mayo de 1872.

 

 

 

BONNE PENSÉE DU MATIN

 

À quatre heures du matin, l’été,

Le sommeil d’amour dure encore.

Sous les bosquets l’aube évapore

…..L’odeur du soir fêté.

 

Mais là-bas dans l’immense chantier

Vers le soleil des Hespérides,

En bras de chemise, les charpentiers

…..Déjà s’agitent.

 

Dans leur désert de mousse, tranquilles,

Ils préparent les lambris précieux

Où la richesse de la ville

…..Rira sous de faux cieux.

 

Ah! pour ces Ouvriers charmants

Sujets d’un roi de Babylone,

Vénus! laisse un peu les Amants,

…..Dont l’âme est en couronne.

 

…..Ô Reine des Bergers!

Porte aux travailleurs l’eau-de-vie,

Pour que leurs forces soient en paix

En attendant le bain dans la mer, à midi.

 

Mai 1872

 
NOTA: El Jardín de las Hespérides es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol —o bien toda una arboleda— daba manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar de la arboleda, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. Como no confiaba en ellas, Hera dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón que nunca dormía, como custodio. Claude Jeancolas, además de presentar esta mitología, recurre a la acepción alquímica del término: «El dragón que custodia el Jardín de Hespérides es un símbolo de la dificultad para conseguir la perfección de la piedra filosofal y la putrefacción [para la alquimia, (putrefactio), estado en el que los cuatro elementos se disocian y el alma abandona el cuerpo] de mercurio». Específicamente y en relación con el segundo hemistiquio del poema [Vers le soleil des Hespérides / En bras de chemise, les charpentiers / Déja s´agitent], Jeancolas alude a la construcción del templo de Salomón, donde el papel de la alquimia tuvo un valor esencial (en Claude JEANCOLAS, Le Nouveau Dictionaire Rimbaud. Éditions FVW, París, 2012, p. 147). Para hacer un recorrido más completo de Rimbaud y su relación con el ocultismo, la alquimia y la magia, se recomiendan los capítulos «I. VIII La cábala» y «II. III Alquimia y magia» de Enid STARKIE, Arthur Rimbaud. Una biografía. Traducción del inglés de José Luis López Muñoz, Ediciones Siruela, Madrid, 2007.