Nunca nadie en ningún lugar. La poesía de Aleš Šteger



Círculo de Poesía Ediciones ha publicado recientemente la antología Nunca nadie en ningún lugar del poeta esloveno Aleš Šteger en la traducción de Juan Pablo Fajdiga. Šteger (1974) es uno de los autores más activos en la escena de la poesía internacional. Raúl Zurita ha escribe el prólogo de este libro y dice: “Le pedí al Dios de los movimientos que cesara por unos instantes, pero a él lo único que le interesa es jugar. Estoy hace días intentando hablar de una poesía cuya magistralidad la ubica sin más entre las más cruciales que se escriben hoy en este mundo. Pero no sé si físicamente podré hacerlo, mis dedos se me disparan para cualquier parte y se niegan a obedecerme. Se agotó en todo Chile un medicamento basado en la Amantadina que para muchos nos resulta indispensable para poder movernos y las urgencias en los hospitales han comenzado a llenarse no con los clásicos niños y ancianos afectados por las influenzas sino por rígidas muchedumbres de rostros como máscaras de cera, que provoca el Parkinson. Sé lo que quiero decir, más aún, lo sé con una claridad y lucidez que llega a herirme, con una nitidez y certeza que no he conocido nunca, pero justo cuando la palabra va a tocar mis yemas sus letras se me deshacen como borradas por una tormenta de arena y solo queda un campo cubierto de sangre. El Dios de los movimientos no quiere que escriba la palabra “Eslovenia” ni que anote el nombre “Aleš Šteger”, al Dios de los movimientos no le importa que yo quiera escribir sobre uno de los grandes poetas vivos del presente. Al Dios de los movimientos solo le importa jugar”.

 

 

 

 

10 ruegos para las buenas noches

 

  1. Te ruego que me concedas luz, mucha luz de la mañana, para que a la noche no me dé miedo acostarme en la oscuridad.
  2. Te ruego que me concedas una nevera llena, tan llena como lo estaban las despensas de mis antepasados, para que no tenga que estar sofocando las brasas en mi estómago, ni mordisqueando lo pechos de mi mujer.
  3. Te ruego que me concedas una conciencia tranquila y una fe inmutable de que el mundo es una superficie plana y lisa o una pelota, y de que nunca tendré que subir a una montaña cuya cima no alcance mi vista o nadar en un mar cuyo fondo no alcance mi vista.
  4. Te ruego que me concedas un Cadillac grande y blanco, para que me proteja con su presencia angelical contra todos los peligros de esta vida, y para que lo limpie y le acaricie las alas en tus días de fiesta.
  5. Te ruego que me concedas algo que ya te he pedido en parte: éxito, éxito constante y firme, para que cuando tú te olvides, yo mismo pueda cuidar de mí y mi familia, llenar la nevera y el tanque.
  6. Te ruego que me concedas un montón de hijos deseados, que crezcan de la tierra como los hongos después de la lluvia y yo los recoja maduros y los lleve en mis brazos.
  7. Te ruego que me concedas a alquien que me esté calentando la cama cuando regrese cansado y aterido después de un largo día a mi campamento de sábanas.
  8. Te ruego que me concedas cada día un signo de perfección; no hace falta un signo grande, uno muy pequeño te pido, por ejemplo, la abertura de mi bolsillo por la que mi dinero caiga al interior de los pantalones y no a la calle, para que pueda estar en vela tranquilo y tener una fe inquebrantable en Ti.
  9. Te ruego que me concedas risas en los días de enfermedad y sonoras carcajadas cuando se presente la muerte.
  10. Te ruego que existas sin titubeos, de modo rápido y eficaz, para que al fin pueda cerrar los ojos y dormir.