Poesía mexicana: Ada Carasusan



Ada Carasusan (Tepoztlán, 1988) es poeta, compositora y cantante. Autora del libro ¿Quién soy? Adivinanzas sobre flora y fauna de Cuernavaca, publicado por el fondo editorial del Instituto de Cultura de Cuernavaca en 201. Escribió el poemario Antes del eco seleccionado para formar parte de la colección “galaxias” y publicado en 2017 por el Fondo Editorial del Estado de Morelos.  Es coautora del libro de ensayos Las revueltas de Pepe publicado por editorial clandestino en 2014. Su obra forma parte de la antología titulada Poetas mujeres jóvenes de México (editorial clandestino 2016).Ha colaborado con diversas revistas culturales como Revista Generación alternativa, La piedra, Delirio controlado, Movimiento ReveR y Revista 5 sentidos, entre otras. Es fundadora, vocalista y compositora de la banda de música post- pop ÁdadA. Ha sido reconocida en dos ocasiones con el apoyo a jóvenes creadores (PECDA).

 

 

 

 

 

Yo solo quería atrapar al viento en jaulas,

 

serlo todo,

abrazarlo todo excepto al movimiento.

Contemplar las transparencias

Irisadas de este cosmos

para perdernos en algún lugar del tiempo.

Ser esqueleto abismal de tu mirada antártica y desdoblarme

en el silencioso olor a hielo que desprendes.

 

Germinaste sabio en un gesto polar

Y me perdiste entre las risas de algún perro vagabundo,

en el eco del ladrido

oculto entre la hierba.

 

Yo solo quería atrapar al viento en jaulas

esperando a que llegaras

y volvieras

a pisar las flores.

 

Encontrarte flotante en un resplandor

en el más perdido tono ocre.

Olvidar que éramos anclas y raíces,

desterrados cisnes negros,

habitantes del abismo.

 

 

 

 

 

En la punta de la lengua

 

¿Qué hacer con esas lagos de la boca, que se extienden en caudales hacia el borde de los sueños? Como esas palabras de las que se sabe la existencia y se les siente cosquilleando en el fondo de los dientes. Se les sabe precisas entre los encajes y retículas del sentimiento pero se tropiezan en sí mismas. Se pierden enredadas en el éter para camuflarse

lívidas con los atajos más imperfectos.

Se azotan como ecos en los rincones párvulos de la nostalgia, inútiles.

 

¿Qué hacer con ese instante de  vasijas quebradas y ruinosos olvidos de azucenas? Sobrevivir a la amnesia de la lengua, al golpeteo filoso del suspiro resignado que solo se repite en una oda circular. La imposibilidad más exacta del recuerdo y del suspiro.

 

 

 

 

 

 

¿Por qué es tan grave el sonido de tu sombra?

Aullido

que efervece al tocar el aire.

Como un gesto que haces, y yo sin mirar recibo

desde lejos.

 

Diluida mueca, invisible entre la niebla,

rasgando el vaho que emerge de tu boca

como una ola,

que viaja

agotada

hasta golpear mi silencio.

 

Pareciera un llanto de roca,

pero en el fondo

hay una risa solitaria

que se esconde y se camufla de nostalgia.

 

En el fondo de la “O”, 

garganta de gárgola,

vibración de pinos y de lijas,

de cartones

y maderas rotas.

 

Un sonido que se seca de pronto

como un invierno

cuando algún siniestro recuerdo invade.

Se torna árido,

frágil como telaraña que se enreda en la memoria

y va rompiendo poco a poco los tejidos sobrios de sus notas

y el ritmo,

que aletargado termina de apagarse.

 

¿Por qué es tan grave el sonido de tu sombra,

cuando reverdece en mis mareas,

y se aparece distante,

como aleteos de pájaros negros

en un lienzo de aire?

 

En el minúsculo rincón,

del vacío de un bostezo

te escucho como a un zumbido,

una palpitación aguda 

resquebrajando 

Mi quietud.

 

Reconozco esos encajes amargos, 

que raspan insistentes, 

cuando en el aire flotan

tus palabras avispa,

y me muerde sin tocarme

tu boca colmena. 

Sendero sordo de tormenta,

Puntos suspensivos y agujas,

Tu voz

sobre el granizo.

 

 

 

 

 

Del otro lado del insomnio

 

En un azul insomne te vi

redondeando hogueras,

germinando lirios doblegados por las noches del desierto.

 

Los colores saturados del mareo constante, cantando a los astros.

 

Los ojos del sol besando a los lagartos y a las piedras olvidadas en las dunas.

 

Los rayos agrestes, gestando desnudez sulfúrica en mi rostro.

 

Eras obsesión

de mandíbulas líquidas

descendiendo una espiral

de lenguas planetarias.

 

-Bien tú sabes, que solo en la tierra podemos decirnos imperfectos

y a lo lejos somos dos gotas precisas de universo.- 

 

Es tan divino el letargo que desdoblas en ese gesto vegetal, entre palabras arrojadas desde el rojo fondo de los sueños, como un flujo de ríos ácidos, extendidos por el horizonte. 

 

Tendido, te encuentras con la sombra exacta de algún ave de mar, exiliada y distraída de su anhelo.

Te descubres blando y delirante sobre la garra y sobre la espuma de un ávido océano.

 

Los dos perdidos, nos oímos a coro en un vacío gigante, como una aurora  encumbrada de polvo, como los ínfimos pies de la hormiga que recorren mi cuello en el umbral del ansia y el ruido ardoroso. Un olvido ejemplar que se desnuda al mirarnos, que permanece siempre dormido en el aullido de los escorpiones.

 

 

 

 

Ausencia

 

Habitaste mi cuerpo y yo tus olas,

abnegado ciclo de espumas,

huracanes y calmas

de verde viento que estalló en mi piel.

 

Retrato viejo de un cielo disuelto

en el que encuentro tu forma

detenida en el tiempo,

repartiendo  ausencia

en cada certeza,

volviéndose sombra

de cada enredadera.

 

Un paisaje desbordado de nostalgias

que cuentan cada gota derramada

de risas ahora secas,

ahora amargas como la sed

y como la sal

bajo mis ojos

rotos.