Apuntes para una literatura ancilar: Los versos de arte menor



En esta nueva entrega de Apuntes para una literatura ancilar el poeta Mario Bojórquez nos comparte el apartado referente a Los versos de arte menor, de sus Anotaciones básicas para un manual de versificación.

 

 

 

 

 

El acento

El acento es una de las características más depuradas del arte de la versificación, es una regularidad signada por la tradición y apela sobre todo a los versos de arte mayor, en cuanto a los de arte menor no existen reglas invariables, aunque se acostumbra dejar fijo el último acento tónico para develar la rima. En español no existe el acento monosilábico, ya que todas las palabras monosílabas son agudas y por tanto según la regla de medición de la palabra final, todo monosílabo es bisílabo métricamente (sol, luz, hoy), los bisílabos graves se miden naturalmente (casa, árbol, loco), los bisílabos esdrújulos atienden a la supresión métrica de la última sílaba para compensar el deslizamiento de retracción del sonido (pórtico, cábala, místico). Los versos llamados de arte menor son aquellos que miden dos sílabas hasta las ocho y los de arte mayor son aquellos que logran nueve sílabas en adelante, en cada verso de arte menor se atenderá al último acento tónico para permitir la rima, así el octosílabo lo tendrá en la siete, el siete en la seis, el seis en la cinco, el cinco en la cuatro, el cuatro en la tres y el tres en la dos. Ya hemos explicado como se procederá métricamente en cuanto a los bisílabos. Recordemos que en nuestra tradición lírica, existen versos predominantes en el uso, para lo popular, canciones, romances, décimas, cuartetas, redondillas, el octosílabo es el verso más usual y todas las combinaciones pares, el heptasílabo es el fermento de la sonoridad culta, pues con él se construye el hemistiquio del alejandrino castellano y la primera emisión de voz del endecasílabo clásico, el heptasílabo y sus combinaciones impares (5, 9, 11) nos dan la sonoridad culta del idioma, es la base de la silva, de la lira, del alejandrino y del verso libre culto que puede ser susceptible de tomar diversas formas. Los versos de cuatro, cinco y seis sílabas son esencialmente apoyos de otros versos de mayor extensión, el de cuatro funciona como pie quebrado del octosílabo en diversas composiciones, el de cinco como hemistiquio del decasílabo y también comparte con el heptasílabo en la seguidilla, el de seis es hemistiquio del dodecasílabo. Así para los versos de arte mayor reconoceremos aquí sus principales formas acentuales, siempre identificando la función de sus hemistiquios .

El verso bisílabo se presenta con el mismo acento métrico pero en tres modalidades, las tres rarísimas en el contexto de la poesía tradicional, el primero de ellos es el bisílabo agudo y luego vemos acá un ejemplo de bisílabo grave con finales en agudo:

Soy
más
las
doy.

Hoy
das;
¿vas?
voy

¿Fue?
¡Sea!
¿qué?

¡Ea!
que
fea.

Eudomóndaro Higuera

Noche
triste
viste
ya.

Aire
cielo
suelo
mar.

Gómez de Avellaneda

 

dábale
rítmica
métrica

Eudomóndaro Higuera

 

El trisílabo al igual que el bisílabo, es una rareza en nuestra tradición, sin embargo, algunas composiciones son de extrema delicadeza como estos sonoros sonetillos, el segundo de ellos, invertido, que producen acentos anfíbracos y yámbicos:

Canoro
te alejas
de rejas
de oro

y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.

Que vibre
ya libre
tu acento,

tus alas
son galas
del viento.

Celedonio Junco de la Vega

Tu mano
será
gusano

de roca
será
tu boca

serás
la hoz
sin voz
dirás

e irás
en pos
de dos
o más.

Eudomóndaro Higuera

El tetrasílabo aparece en composiciones como la copla manriqueña ofreciendo el servicio de pie quebrado, así mismo en la octavilla de pie quebrado y pocas veces lo encontramos en su propia extensión:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando.

Jorge Manrique

Quién fuera sultana linda
aquél árbol tan sombrío
que cubre tu baño frío
con sus ramas.
Di si quieres que lo sea,
que aunque es imposible cosa
me basta saber, hermosa,
cuánto me amas.

José Arolas

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:

José de Espronceda

El pentasílabo, como lo hemos referido, sirve de pie quebrado al heptasílabo de modo natural en la seguidilla, y también lo encontraremos como hemistiquio de un decasílabo, incluso en pie quebrado octosílabo en Bécquer, pero por sí solo aparece aquí en una composición magistral:

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.

Miguel Hernández

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Miguel Hernández

El hexasílabo aparece como hemistiquio del dodecasílabo y en otras combinaciones de versos de sonoridad par, aquí lo vemos solo:

Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos
taparon su cara
con un blanco lienzo
y unos sollozando
y otros en silencio
de la triste alcoba
todos se salieron.

Gustavo Adolfo Bécquer

El heptasílabo es el verso culto de arte menor por excelencia, es, de hecho, el motor de la poesía culta en nuestro idioma, a él le debemos la sonoridad del endecasílabo más usual, en su doble extensión permite el alejandrino y se combina con todos los metros impares para formar la silva, que es la base de nuestro verso libre, en sus combinaciones con otros metros, se une al endecasílabo en la lira, el madrigal, la estancia y la oda, con el pentasílabo para la seguidilla, la endecha o las anacreónticas. En su forma más libre, se vincula a los metros impares de 3, 5, 9 y 11 sílabas para formar la silva, a la que reconocemos como lo más cercano a una idea de verso libre.

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento;

Garcilaso de la Vega

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Gutierre de Cetina

Nunca pusieran fin al triste lloro
los pastores, ni fueran acabadas
las canciones que sólo el monte oía,
si, mirando las nubes coloradas,
al trasmontar del sol bordadas de oro,
no vieran que era ya pasado el día.
La sombra se veía
venir corriendo apriesa
ya por la falda espesa
del altísimo monte, y recordando
ambos como de sueño, y acabando
el fugitivo sol, de luz escaso,
su ganado llevando,
se fueron recogiendo paso a paso.

Garcilaso de la Vega

TRISTEZA, escarabajo
de siete patas rotas,
huevo de telaraña,
rata descalabrada,
esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasas.
Ándate.
Vuelve
al Sur con tu paraguas,
vuelve
al Norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entra el aire del mundo,
las rojas rosas nuevas,
las banderas bordadas
del pueblo y sus victorias.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
tus alas de murciélago,
yo pisaré las plumas
que caen de tu manto,
yo barreré los trozos
de tu cadáver hacia
las cuatro puntas del viento,
yo te torceré el cuello,
te coseré los ojos,
cortaré tu mortaja
y enterraré tus huesos roedores
bajo la primavera de un manzano.

Pablo Neruda

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Miguel Hernández

Era del año la estación florida
En que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento.

Del siempre en la montaña opuesto pino
Al enemigo Noto
Piadoso miembro roto
—Breve tabla— delfín no fue pequeño
Al inconsiderado peregrino
Que a una Libia de ondas su camino
Fió, y su vida a un leño.
Del Océano, pues, antes sorbido,
Y luego vomitado
No lejos de un escollo coronado
De secos juncos, de calientes plumas
—Alga todo y espumas—
Halló hospitalidad donde halló nido
De Júpiter el ave.

Besa la arena, y de la rota nave
Aquella parte poca
Que le expuso en la playa dio a la roca;
Que aun se dejan las peñas
Lisonjear de agradecidas señas.

Luis de Góngora

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí —ahíto— me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
—más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante —oh paradoja— constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso —también— más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!

José Gorostiza

El octosílabo es el verso popular del español, con el podemos construir romances, redondillas, cuartetas, octavillas, sonetillos, todo tipo de coplas, ovillejos, villancicos, décimas, letrillas, epigramas, acoge casi cualquier tema según cualquier disposición, se le ha llamado el verso de arte real porque lo mismo aparece en las canciones populares que en nuestro teatro del siglo de oro, en la poesía didáctica tanto como en los corridos o en el tango, su plasticidad puede lo mismo encarnar la descripción narrativa, que la agudeza epigramática. Nos llega desde la Edad Media a través de los cantares de gesta y las canciones trovadorescas, pero hoy en día lo podemos encontrar en décimas de angustiosa temática o de exploración estilística. Es el primer verso que practica el joven poeta y el experimentado conocedor no lo desdeña.

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?

Sor Juana Inés de la Cruz

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Manuel Machado

Suele decirme la gente,
que en parte sabe mi mal,
que la causa principal
se me ve escrita en la frente.
Y aunque hago del valiente,
luego mi lengua desliza
por lo que dora y matiza,
que lo que el pecho no gasta
ningún disimulo basta
a cubrillo con ceniza.

Vicente Espinel

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Francisco de Quevedo

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Federico García Lorca