Poesía mexicana: Aída Valdepeña



Presentamos tres poemas de la autora mexicana Aída Valdepeñ (Ciudad de México, 1976). Estudió Literatura y Creación Literaria. Su obra se incluye en Antologías como Semilla Desnuda. 40 Barcos de Guerra. Tenho tanta palabra meiga, alguns poeta mexicanos, Ediciones librera y Anome Livros, Brasil. Galardonada con Mención de Honor en el Premio Interamericano de Poesía Jóvenes Creadores, Sinaloa 2007, por su poemario Universo de Náufragos. Parte de su obra se ha traducido al inglés, ruso, italiano, francés y portugués, y se publica en medios impresos y electrónicos de México, Perú, Venezuela, el Salvador, Brasil, Argentina, España, Estados Unidos y Rusia. Algunos de Directora de Festivales Artístico/literarios y Coordinadora de Talleres de Creación. Traducida al italiano por el Centro Cultural Tina Modotti, así como por la Revista Margutte. Recientemente público su tercer libro bajo el título de: Libro Íntimo o cómo empacar la vida en una uva.

 

 

 

 

DESPUÉS DE LA CALMA

1

No estoy sola
ni loca
ni hago de más
las cosas de mi vida.

Aprendí a sentir
lo mismo que los otros
de su guarida atroz
de su silencio.

Y no concedo ya
ni un solo segundo
al hecho de vivir fuera de mí.

Le presumo al aire
la fuerza de mi aliento
le recalco al mar
mi arrebato de ola
y a los volcanes
les recuerdo mi fuego de ser yo.

Adherida al muro de mí
derribo las dudas que tuve.

Y sí que mi alegría se contagia de heridas del pasado,
pero entonces, resuelvo no moverme,
permanecer estatua
para no dejar que la herida crezca
porque cada aletear de mosca
abre la herida
cada grito de afuera
abre la herida
cada que el aire, el sol, la lluvia
la herida abre.

Y amanezco con la idea
de que debo cambiar
pero me detengo para decir que no
que todo, bueno o malo,
lo he conseguido a pulso de quebrarme.

 

2

Que nadie es inmortal
que no somos dioses
ni colegas de dioses
que somos esa gente que fracasa
hace planes
no los cumple
muere
pierde toda esperanza
y yo también me he permitido
estar tan bajo
y aún así
seguir creyendo en las alturas.

Que mi cuerpo se quiebra,
que puede ser condena
por haber fallado
no recuerdo cuánto
y así de necia como soy
seguro seguiré fallando,
pero sean mis deseos los que guíen
o mi dolor
mi rabia
la que amargue los postres
o endulce los días según sus arrebatos.

 

 

 

EN ESTA NUEVA HISTORIA NO HAY ESPEJOS

Podrías haber hecho el esfuerzo
por entender un poco
mi condición de ahogo.

Porque para mí
la vida no ha sido ningún colchón de azúcar.
Tuve que entenderlo todo a gritos
o silencios
tuve que forjarme un camino distinto
para llegar a donde todos llegan.

Eso que para otros es sólo eso
para mí, fueron orografías siniestras
precipicios
relieves
estrepitosas calles.

Lo que a otros
cuesta diez minutos entender
a mí me está llevando vida entera
y no es locura, ni arrebatos de la edad
es que mi mente
como un largo laberinto
tiene salida por la puerta de entrada
para nunca acabar.

Podrías, entonces, haber hecho un tierno intento
por entender un poco mi condición de ahogo.

Ni siquiera hubieras tenido que hacer aquel intento
porque tú también te ahogabas
para ti fueron olas
lo que para otros
arroyos menores.

También tu mente
fue un huracán sin forma definida.

 

 

 

MANOS ABIERTAS

Yo todo lo perdí.
Consciente o no
todo lo perdí.
Si alguien quisiera aprender a perder
podría venir conmigo
yo le enseño el camino
hacia las pérdidas
hacia sí.