Poesía mexicana: Adelmar Ramírez



Presentamos cuatro poemas del autor mexicano Adelmar Ramírez (El Paso, Texas, 1989). Estudió una doble licenciatura en Psicología y Escritura Creativa en la Universidad de Texas en El Paso, además de una Maestría en Escritura. Ha publicado en Río Grande Review, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (colaborando con el congreso de igual nombre), la revista Opción del D.F., Revista Albedrío y en Círculo de Poesía. En 2014 apareció en la antología de poesía joven mexicana “Poetas parricidas: generación entre siglos”. Fue finalista del Premio Fundación Loewe (España) en 2013. Actualmente cursa un doctorado en literatura hispánica en la Universidad de California en Los Ángeles.

 

 

 

 

 

Escenarios hipotéticos

Después de todo
Gelman tenía razón: no has construido una casa para habitar en ella.
Te preocupa que alguien toque a la puerta y no sea la tuya.
Que caiga un aguacero y no hayas crecido
un árbol para documentar un trueno. Te preocupa
que tiemble y no fulgure tu fachada
entre los escombros. Tener este contacto,
mas no una copa de vino para derrumbarte
dignamente. Ahora pensemos,
sin compromiso,
cómo pagar la hipoteca de tu ausencia.

 

 

 

Escribir sobre ti es una mala tarea

 

me doy cuenta ahora
al tocar
tras el horizonte empapelado
una pared de ladrillos expuesta,
previo
atolladero de estrellas.
Y así,
-topándome en seco
con esta luz arisca-
revuelvo los días en que, patinando,
retuve la oscilación del soltar
gracias a quienes fuman hasta quemarse los dedos.

Aquí también insisto en tu llama cedida
el turno perenne para malgastar mis manos
en un fuego desechado
por cualquier transeúnte.

 

 

 

Escribir sobre ti es una mala tarea
lo supe desde el principio,
cuando te acercaste
a promover un laberinto que remitía a mis entrañas.
La cuestión es siempre girar a la izquierda,
elegir el muro por sobre el jardín
y arrastrarse
hasta el hartazgo.
La cuestión es quitarle la fachada de no-lugar
a tu biografía
y permitirle al Minotauro
demostrar que el hilo no distingue
entre monstruos. Ojalá por fin se aclimate
al zigzag trazado
desde afuera,
a la línea que los mantiene
en una solitaria vecindad.
Cuando uno da
los primeros pasos
entre estas paredes de hiedra
desdeña dormir otra noche bajo techo.
Es en este sitio
donde la espesura de la selva, el boscaje,
aprende, de ti,
cómo encerrar al aire libre.

 

 

 

Escribir sobre ti es una mala tarea
una labor de cercos ornamentales
es una mala tarea para el asiduo
que acierta
el trayecto del alambrado,
y cuyos pasos mondan la yedra.

Cada hoja caída me avecina
a tu palabra de fuero interno.

Hoy, escribirte
o abrirme paso
atestigua un refuerzo
negativo
frente a esta reja que no cede
y temo que el baldío esconda
solo un montículo de tierra
que alguna vez pisaste.