El muchacho azul, de Aleksandar Vutimski



Presentamos una selección de poesía del poeta búlgaro Aleksandar Vutimski (Svoge, Bulgaria, 1919 – 1943) perteneciente a su libro “El muchacho azul“. Casi toda la familia de Aleksandar Vutimski se vio afectada por la enfermedad de la tuberculosis y siendo pequeño se mudó a Sofía, donde estudió Filología Clásica en la Universidad. Es considerado uno de los poetas búlgaros más significativos pero menos conocidos. Su poesía está dedicada a la ciudad y al amor, en la que domina una visión del mundo nostálgica y melancólica. Se encuentra entre los primeros autores búlgaros en hablar de la homosexualidad en su obra. No logró publicar ningún manuscrito durante su corta vida aunque algunos de sus poemas fueron publicados en revistas literarias de la época como “zlatorog”. Ha sido objeto de estudio de numerosos críticos literarios búlgaros. Murió en 1943, en un sanatorio de Yugoslavia, a la edad de 24 años. La selección y traducción de esta muestra está a cargo del traductor y poeta español Marco Vidal González (Sanlúcar de Barrameda, 1995).

 

 

 

 

¿Por qué?

 

¿Por qué me acaricias mis manos tú?
¿Por qué tan serenamente besas las palmas de mis manos?
¿Por qué sonríes en silencio
mientras me tocas la mano?

¿Por qué junto a mis labios respiras
en la esquina junto al silente mostrador?
¿Por qué tan sigilosamente bailas tú
al anochecer mientras llueve?

¿Será esta noche lluviosa y azul
en la que nos hundamos ebrios en el silencio?
Bajo la sombra en la oscuridad de algún parque
¿gemiremos abrazados de nuevo los dos?

¿Por qué en esta vieja taberna siempre
me buscas tú y yo te busco solo?
Solo de día pero sediento de noche
sediento de tu voz, de tu baile, de tí…

Siéntate a mi lado ahora… Baila más conmigo…
…Aunque caiga rendido…
El tabernero mañana me dirá en voz baja:
“De nuevo está usted solo, amigo, ¿por que?”

 

 

 

 

Poemas al muchacho azul

 

1.
El muchacho de plata, aquel de las boinas azules
y las charreteras, resultó ser un sueño.
Que me halle hablando con gatos y estrellas
posiblemente al ron se deba.

Yo no he vivido en un patio entre árboles
bajo nubes y anaranjados atardeceres.
Para el muchacho de plata cogí yo el retrato
del negro del calendario francés.

Borrachos y dorados ángeles he anhelado.
No ha llovido, pero la lluvia yo he oído.
En la oscuridad atardeceres yo he presenciado
y no son manos lo que he besado, sino farolas…

Desde el azul yo mismo he contemplado
labios y ojos imaginarios,
tazas vacías, lágrimas y bailes…
He estado ebrio y entiendo que he estado loco.

2.
Ya no te espero… ¿Marcharás tú 
junto al sol que se escabulle?
Acaso de nuevo serás ocaso tú
sin llamas, sin sangre ni lágrimas…
Viaja, fúndete en el crepúsculo, saluda a la lluvia.

No soy yo quien te besa, no soy yo el que llora de nuevo, ni siquiera quien sonríe.
…¡Me temo que solo has sido un ángel imaginario!
Y tú eres ocaso.

Pero el muchacho azul no ha sido
Muchacho de gorro azul y plata
con ojos de baile sureño,
aquel ebrio muchacho que de lejos susurra: Sasha
Y esta noche
…Ay, la vieja farola me llevaba a la iglesia
bajo el horizonte nocturno.
Cúpulas de niebla, cúpulas de luna e invierno.
Yo también he caído en la nieve
bajo dos fríos y mudos ojos…
¡Policía! ¡Policía!
Sálveme de mis recuerdos.
¡Policía!
Haz que el día tenga lugar…
Pero voy a llorar…

Es posible que el muchacho azul haya existido.

 

 

 

 

¿Llegaré a vivir algún día?

 

La luna se acerca a la ventana
justo cuando las agujas del reloj se detienen.
La luna desciende sobre una nube dorada
y sobre la cornisa se asienta frente a ti.

La luna es tan fría como yo,
pero tú nunca me has visto de noche…
Lentamente por las paredes me subo,
mientras tus manos yo toco, permanezco en silencio,
mudo y frío como la luna.
Entonces no debes moverte tú…

La luna deambula solo en noches taciturnas.
¿Verdad que no la has visto de día?
De día yo soy como ella:
un mero reflejo, infinito y pálido,
apenas reconocible e innecesario.

En la mudez de la noche quiero yo que me veas,
y que desciendas sobre mí, pero no sé yo
si con el roce tuyo 
me esfumaré como polvo de luna.

 

 

 

 

Un recuerdo nocturno

 

Hacía mucho tiempo que no te veía.
Y hoy tú pasaste por la calle desvanecida.
Sobre ti el cielo, alumbrando en la oscuridad.
¿Escuchaste tú mi grito taciturno y doloroso?…

Tus ojos son azules, azules como nunca…
Tus ojos en mí han fijado su mirada.
Y los lirios en el crepúsculo se han inclinado
para escucharnos en el parque charlar.

¿Acaso alguna vez me recuerdas?…
No lo sé, pero yo nunca te olvidé.
Los días van pasando, aburrida y silenciosamente.
Sin darme cuenta empecé a vivir junto a mis recuerdos…

¿Junto a quién pasearé ahora por las noches?
Soy diferente a los demás.
¿A quién le hablaré de versos, de poesía,
dónde me detendré cuando esté triste,

sufra, cuando tenga frío?…
Intentaré vivir solo.
¿Pero la alegría de que el sol sobre mí se halla
podrá acaso lograr apaciguar mi juventud?

 

 

 

De noche

 

En la noche recóndita yo solo me fugo
de mi vieja casita en silencio.
A la casera yo no debo despertar
yo voy pisando lentamente y con cuidado.

En el callejón oscurecido y torcido
con una flauta soplan los apacibles vientos.
Y en algún lugar se han juntado unos perros
bajo un tejado y contemplan la luna.

La ciudad está ya desierta. Y es noviembre…
Los árboles en la oscuridad están adormecidos.
Una tras otras las farolas vagabundas
por las esquinas y los puentes van deambulando.

Y detrás de ellas yo alegremente voy silbando
y hablo solo en la oscuridad.
A mi lado viene el viejo policía
y en lo oscuro él me mira desconfiado.

Y cuando ya es muy tarde, al despuntar el alba,
yo me vuelvo a casa húmedo por la niebla.
Las farolas me dicen adiós
y hasta la puerta de mi casa me acompaña el viento.

 

Selección de poesía de Aleksandar Vutimski, del libro “El muchacho azul” (2020), traducido del búlgaro al castellano por Marco Vidal González.