Ni tarde ni temprano: nuevo libro de Álvaro Solís



El poeta Álvaro Solís ha publicado recientemente la antología Ni tarde ni temprano, en la Serie ExLibris del Instituto Sinaloense de Cultura, este libro reúne buena parte de su producción poética. Álvaro Solís es autor de También soy un fantasma (Premio Tabasco de Poesía José Carlos Becerra 2003); Solisón (2005); Cantalao (Premio Clemencia Isaura de Poesía 2007); Los días y sus designios (Premio Nacional de Poesía Joven Gutierre de Cetina 2007); Ríos de la noche oscura (Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2006, 2015); Todos los rumbos del mar (2011); Diarios del mar (2012); Bitácora de nadie (Premio Alhambra de Poesía Americana para obra publicada 2013) y Estos días sin mañana (2020).

 

 

 

 

El agua y los sueños

… Luego todas esas aguas calmas son de leche
Y todo lo que se derrama en las blandas soledades de la mañana.
Saint-John Perse

Siempre quiso ser un pez.
Caían rayos y nadaba sin parar, se negaba al cansancio,
buscaba el rostro de mi abuela en las aguas del río que le vio nacer,
nadaba por horas y extrañas aletas se le emparejaban,
lo miraban como si fuera un pez
y mi padre dormía bajo el río, pero despertaba antes de ahogarse,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua lo tomaba por el cuello,
lo sacudía una y otra vez,
entonces despertaba y seguía nadando contra la corriente,
siempre contra el río a quien nunca pudo vencer.

Mi padre, solo por el mundo de las idolatrías,
esperaba la vuelta de mi abuelo que se embarcaba en el Carmen
y se dormía al esperar,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua,
que lo sacudía por el cuello,
lo injuriaba.
Y mi padre se despertaba entonces,
subía al mástil de los barcos,
se lanzaba al río
queriendo ser un pez que sabía volar,
nadaba por horas contra la corriente
hasta el cansancio, hasta el sueño
donde un inmenso cuerpo de agua lo sacudía por el cuello
y le cantaba las canciones que mi abuela no pudo.

Mi padre pasaba horas enteras sentado en las bancas del parque
creyendo que Dios era una mierda,
se quedaba dormido y sudaba las aguas del aire,
soñaba que un inmenso cuerpo de agua lo abrazaba de pronto
con cariño maternal,
y se reconocía en el sueño, sin querer despertarse
recordaba los bailes alrededor de mi abuela
y nadando de frío por las calles silenciosas de la ciudad,
se emparejaba a furibundas aletas describiendo diminutas eses en el agua.

Mi padre encontró la felicidad en el nado,
en la imagen femenina del agua, diría por esos mismos años Gaston Bachelard,
quien trabajaba en lo mismo,
quien soñaba con inmensos cuerpos de agua que lo tomaban
por el cuello queriéndolo injuriar,
y muy temprano con el canto de las aves, mi padre y Gaston
salían a las rutas que el servicio postal les asignaba,
repartían las cartas mientras ambos pensaban en el agua,
en los sueños femeninos, en la imagen ausente de la madre
y nadaban,
uno por el agua de los sueños,
mi padre contra el agua lunar.

 

 

Alquimia

Ni el dolor dobló la voluntad de su silencio
Informantes de Sahagún

Como de ceniza hirviente
con su rojo, con su azul o su amarillo;
fermento vil del fuego.
Como de humo que anuncia el final de lo quemante,
del ruido aquel que produce el frío en contacto con el fuego.
Como de viento que se lleva las cenizas
para desnudar lo tostado allí en la tierra,
como la columna de humo que surca el cielo en las ciudades
y a lo lejos anuncia el presagio de un incendio.
Como de ceniza
                        hirviente aún
                                                nos amanece.

 

 

La silla de Glenn Gould
(fragmentos)

I

El piano y la silla nacieron del mismo bosque
La silla también canta
bajo el silencioso trasero del pianista
Entre las teclas y el techo desgastado
las manos avanzan por un camino de verdes y de azules
y una voz tan grave canta entre las hojas
desde la boca del músico los sonidos
extienden sus brazos
sus patas y tararean hacia el abedúl

¿A quién habla Glenn?
con su voz deletrea la pena

Repite:
Las sillas no hablan
Los pianistas no hablan mientras tocan
Los pianos no tienen voz
Las sillas son hablantes de otros mundos

 

VI

Tomas la madera
su dureza tiembla ante el sonido de la sierra que no sabe cantar
mides los ángulos     las circunferencias y lijas
se raspan tus dedos
la madera desnuda sus años en nudos que haces desaparecer

La nueva silla de un viejo árbol recibe el barniz

La luz del sol y la tela del asiento huelen a novedad

Demasiado altas las patas para el niño que sueña con el piano
así que las cortas una por una
y el serrucho tiembla tiembla tu brazo tu corazón

Tu hijo lija las teclas de la silla
con sus dedos que adoran a Bach

Glenn se sienta ante el público     alguien tose
Glenn mueve sus labios y tararea
Glenn deja que Dios mueva sus dedos

 

VII

Se mece un sillón sin nadie sobre un jardín oscuro
lo inunda todo la sombra del futuro que ya no fue
y alrededor del jardín cantan algunas aves
y se agitan algunas ramas sin voz

Desde hace mucho no llueve sobre el pasto

Veo cómo mi hijo avanza entre baldosas de luz
hacia un tiempo para mí inalcanzable
y todo florece a su paso
todas las aves del bosque cantan para él
y una brisa sin rostro agita el paisaje
y una mano invisible mueve el sillón
y mi hijo sonríe

 

IX

Adentro de la cabeza de nadie florece una sombra
sus frutos letargos del odio engendran olores rotundos
Adentro todo es eco de una voz no pronunciada
el silencio es vasta red de girasoles
el sonido de los tallos cuando giran
su estridencia de muerte su repetición

El escándalo de los pétalos al abrirse
detona la lujuria y un roce sin tacto
y la tierra canta con su voz de flores y fermentos
y la cabeza de nadie asiente     también llora

 

X

Has visto caer las gotas sobre la tierra
el sonido del agua contra la sed
el pequeño temblor repetido cuántas veces
inunda los pulmones como hormigas adentro de su nido

Las gotas de la lluvia allí en los ojos
con su canto de siglos han visto cómo ardes

Has visto llover sobre la tierra