Charles Baudelaire: Mi corazón al desnudo



Presentamos en el aniversario 200 del nacimiento de Charles Baudelaire, algunos fragmentos de su diario Mi corazón al desnudo, en traducción de Rafael Alberti, quien dice a propósito de este diario: “Baudelaire rabia, se encoleriza, se desespera hasta quedar extenuado, impotente para luchar contra lo mediocre que lo aplasta. En medio de una burguesía creciente e insensibilizada, él, Baudelaire, su gran poeta, no puede por menos reaccionar contra ella, insultándola con ferocidad.”

 

 

Mi corazón al desnudo

I

Sobre la evaporización y la centralización del Yo. Todo consiste en eso.

Sobre un cierto goce sensual en la sociedad de los extravagantes.

(Pienso empezar Mi corazón al desnudo en cualquier parte, sin importar cómo, y continuarlo día a día siguiendo la inspiración del momento y la circunstancia con tal de que la inspiración esté viva.)

 

II

El primero que llegue, con tal que sepa divertir, tiene derecho a hablar de sí mismo.

 

III

Comprendo que se deserte de una causa para saber lo que se experimenta sirviendo a otra.

Quizás fuera dulce ser víctima y verdugo alternativamente.

 

X

Ser un hombre útil, me ha parecido siempre algo horroroso.

1848 sólo fue divertido porque cada uno fabricaba utopías como castillos en el aire.

1848 sólo fue hermoso por su exceso de ridículo.

Robespierre es sólo estimable porque hizo algunas bellas frases.

 

XIII

Sentimiento de soledad, desde mi infancia. A pesar de la familia, y en medio de mis camaradas, sobre todo –sentimiento de un destino eternamente solitario.

Sin embargo, gusto muy vivo por la vida y por el placer.

 

XIX

Hay que trabajar, si no por gusto, al menos por desesperación, ya que está comprobado que trabajar es menos fastidioso que divertirse.

 

XXX

Me aburro en Francia, más que nada porque todo el mundo se parece a Voltaire.

Emerson ha olvidado a Voltaire en sus Representantes de la Humanidad. Hubiera podido hacer un bonito capítulo titulado: Voltaire o el antipoeta, el rey de los papanatas, el príncipe de los superficiales, el antiartista, el predicador de porteras, el Perogrullo de los redactores de El Siglo.

 

XLVI

¿Qué es el Amor?

La necesidad de salir de sí mismo.

El hombre es un animal adorador.

Adorar es sacrificarse y prostituirse.

Todo amor es también prostitución.

 

XLIX

Nada más grande entre los hombres que el poeta, el sacerdote y el soldado.

El hombre que canta, el hombre que sacrifica y se sacrifica.

Lo demás está hecho para el látigo.

Desconfiemos del pueblo, del sentido común, del corazón, de la inspiración y de la evidencia.

 

LVII

¿Por qué el espectáculo del mar es tan infinita y eternamente agradable?

Porque el mar ofrece a la vez la idea de la inmensidad y el movimiento. Seis o siete leguas representan para el hombre el radio del infinito. He aquí un infinito diminuto. ¿Qué importa si basta para sugerir la idea del infinito total? Doce o catorce leguas de líquido en movimiento bastan para dar la más alta idea de belleza que puede ofrecérsele al hombre en su habitáculo transitorio.

 

LXI

En parte, he crecido gracias al ocio.

En detrimento mío, porque el ocio, sin fortuna, aumenta mis deudas, las vejaciones producidas por las deudas.

Pero, en provecho mío, he crecido en cuanto a la sensibilidad, a la meditación, a la facultad del dandysmo y del diletantismo.

Los otros literatos son, en su mayoría, jornaleros demasiado ignorantes.

 

LXVIII

La avalancha de literatillos que se ve en los entierros, distribuyendo apretones de manos, para ser vistos y no olvidados por los periodistas.

Sobre el entierro de los hombres célebres.

 

LXXIV

De niño, sentía en mi corazón dos sentimientos contradictorios: el horror de la vida y el éxtasis de la vida.

 

LXXIX

Un funcionario cualquiera, un ministro, un director de teatro o de periódico pueden ser, a veces, seres estimables; pero no son nunca divinos. Son personas sin personalidad, seres sin originalidad, nacidos para la función, es decir, para la domesticidad pública.