Poesía eslovena: Aleš Šteger



Leemos algunos textos de Testimonio, nuevo libro libro del poeta y artista visual esloveno Aleš Šteger (1974). Las versiones son de la traductora argentina Florencia Ferre. Šteger es uno de los grandes animadores de la poesía europea actual. Círculo de Poesía Ediciones publicó hace poco su antología de poemas Nunca nadie en ningún lugar.

 

 

 

 

16

 

Que cada acto sea tan propio y perfecto como sea posible.
Que mis palabras devuelvan el don.
La avaricia es el fruto del miedo ante la muerte.
La muerte solo es pasaje mudo.
Todo el tiempo llevamos a cuestas nuestro nacimiento y nuestra muerte.
Del nacimiento apenas nos acordamos; la muerte apenas la intuimos.
Fortalecer el recuerdo y la intuición, jugar con los comienzos y los finales.
No hay comienzo. Yo era ya antes de ser concebido.
No hay final, sólo hay abandono de los cuerpos y nuevas metamorfosis.
Nuestra habla tiene la estructura del mundo y el cosmos.
El mundo y el cosmos, la estructura de nuestra habla.
Todos los caminos son desvíos imprescindibles.
Todo es ineludible.
En lo ineludible se oculta una libertad inmensa.
El miedo a la pobreza es la pobreza.
El miedo a los otros es empobrecimiento.

 

 

 

23

 

Sólo tienes tu propio movimiento.
El infinito movimiento del agua forma la lluvia.
El infinito movimiento del aire hace la respiración.
¿Oyes ya pasos ajenos, indeseados?
Acéptalos. Que pasen y te atraviesen.

 

 

 

 

Antepasados

 

Fuimos al cementerio del pueblo.
En Destrnik el cementerio es el único lugar
Abierto a los cuatro vientos.
Ahí están, uno frente a otro,
Como un espejo que mira a otro espejo,
El panteón de la familia de mi madre
Y el panteón de la familia de mi padre.
No hemos llevado ni cenizas ni huesos.
De pronto comprendí por qué los cementerios
Son tan importantes y a quién susurro despacito allí.
Que somos parte integrante del todo.
Fuimos al cementerio del pueblo y lloramos,
Pero no lloramos de tristeza.
En el gran sótano del castillo de Scheinburg,
Entre ladrillos de historia centenaria,
Yo estaba en el cementerio del pueblo de Destrnik,
Abierto a los cuatro vientos.
Me acerqué a cada uno de aquellos
Que me parieron antes de ser concebido.
Cuatro vientos, cuatro antepasados,
Cuatro almas necesarias para que yo estuviera aquí.
Viajé hacia el norte.
Ahí está la abuela Vida. Pura vida.
Nacida en Paradiž, el Paraíso.
Una mujer sin abrazo, no tocada.

 

 

 

 

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