Poesía colombiana: Fadir Delgado



Estamos leyendo, con la presentación de Jorge Boccanera, a la poeta colombiana Fadir Delgado Acosta. Recibió en 2021, el Premio Internacional de poesía Tiflos de España 2021. Es autora de los libros: La Casa de Hierro, El último gesto del pez, No es agua que hierve, Escritura del precipicio (Colombia), Lo que diga está lleno de polvo (Ecuador), Sangre seca en el espejo (Costa Rica), La tierra que se tragó el cuerpo y La temperatura exacta del miedo (España). Ha merecido distinciones como el Premio de poesía Universidad Nacional de Costa Rica 2020, Premio de poesía del Portafolio de Estimulo de Barranquilla (2017), Premio Distrital de Cuento de Barranquilla (2018). Ganadora de la Beca de Circulación Internacional para creadores (2019) que otorga el Ministerio de Cultura de Colombia. Mención especial del Premio Internacional de poesía de Puerto Rico, 2020. Primera mención del Premio Nacional de poesía Tomás Vargas Osorio, 2020, Finalista del VII Premio Internacional de Poesía Jovellanos de España, 2020. Premio en Poesía del Concurso Internacional de literatura de la Universidad de Buenaventura (Colombia). 2014. Ganadora de la Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec, en el área de literatura. 2013. Ganadora de la convocatoria internacional de la Oficina de la Juventud de Québec para participar en un intercambio literario en esta Provincia. 2010. Su libro El Último gesto del pez fue traducido y publicado al francés por la editorial Encre Vive de Paris en el 2015.  Sus textos han sido publicados en diferentes revistas literarias nacionales e internacionales. Invitada a distintos festivales y encuentros culturales en Europa, Latinoamérica, Canadá y Egipto. Sus textos han sido traducidos parcialmente al inglés, al árabe, al francés, al italiano y portugués. Se desempeña como tallerista literaria y es coordinadora de la Fundación Artística Casa de Hierro de Barranquilla.

 

 

 

 

 

En el entramado de la poesía de Fadir Delgado se mueven imágenes de desgarro que cuentan unos ojos rodando hacia el abismo. Es la vista, entonces, testigo y protagonista de historias en las que cruzan un circo en ruinas, una casa en medio del naufragio y la furia de los hospitales. Esos ojos incendiados hablan de trapecistas ciegos y enfermeras con los párpados tapados por la nieve.

Sin concesiones, Fadir Delgado hace el recuento del espanto desde los reversos de una placidez que muchas veces es desidia y aparente calma, y entrega una catarata de imágenes contundentes: “Solo tienes la luz enjaulada”, “lo que diga está lleno de polvo”, “intentamos hacer una casa en medio de las llamas”, y habla “del dolor que se come a sí mismo”. En suma, un libro vibrante, arrollador, armado con los reversos del sosiego.

Jorge Boccanera

 

 

 

 

Radiografía

 
El niño se ha encontrado
la radiografía del enfermo

Es como mirar el cielo boca arriba ––dice

Hay tantas formas
Veo un gato que araña una piedra
y aquí una serpiente que se traga un conejo

El niño no sabe aún
si la radiografía es el cielo
                                 o si el enfermo tiene un cielo por dentro.

 

 

 

 

El trasplante

 

El enfermo aprenderá a espantarse la luz de sol como si fueran moscas
Creerá en la tristeza de la aguja
que le hundirán en el cuerpo
Apretará los ojos bajo el bostezo de las enfermeras
No creerá
en la blancura del hospital
No creerá
en las transparencias de las paredes

Sí hablará del destino con la comida pegada
                                                                           como papel sucio a sus dientes
Le hablará al otro enfermo
que duerme después de haberse llenado la boca de cloro

¿Habrá en ese hombre un corazón de plástico?

Para saberlo
tendría que hundir las manos en el pecho del hombre
igual que un niño
que busca estrellas de mar en un balde de tierra
Sería mejor recordar
cuando los rayos equis atravesaron el cuerpo
y supo que los huesos ocultan cosas para no quedar tan solos bajo los cementerios

 

 

 

 
Las enfermeras vuelven
y le estampan bostezos en la cara

Su cuerpo también quiere dormir
pero la sangre es como un caballo que no deja de saltar
Cree que en cualquier momento ese caballo
le reventará la carne
Que saldrá corriendo
y él no tendrá un corazón suficiente para alcanzarlo

Es mejor creer

y vuelve
y cree

y vuelven los bostezos

las enfermeras
el olor a cloro
Y es mejor creer
y cree:

En el mediodía como la primera astilla de la luz
En las madres
y sus pechos que sangran en la boca de los recién nacidos
 

 
 
 

 
Cree:

En el corazón de plástico que le incrustarán en el pecho
En la leche que se agria sobre la mesa de los enfermos

Sabrá que nunca tocó el fuego
y lo buscará debajo de la cama
Querrá encontrar otro corazón debajo de la cama
porque debajo de las camas siempre hay un mundo en demolición:

La huida de los perros
Aretes como hierbas sucias
Los niños que escapan de los relámpagos

Bajo las camas
hay un mundo en demolición

Hasta enfermos que escapan de su propia sangre
para buscar corazones de plástico en la oscuridad.

 

 

 

 

Quirófano

 

Creo que soy un muro al que le trazan un agujero para que salga la luz
Quién lo creería
También soy una cruz en el quirófano

Lo sé:

Este lugar es brutal
No escucho la sangre que se pega a la herida de los cuchillos 
El cuerpo es un pez con los ojos congelados que aún tienen el salto del agua
Estaré en este hospital hasta que las aletas revienten el hielo

Lo sé:

Los hospitales son neveras llenas de desinfectantes que buscan la blancura que no existe

No le pongan gasas a mi temblor
Escuchen los glaciales que bajan por mis piernas
Mis piernas que ahora son dos hipocampos muertos en la orilla

Mi carne está agujerada
Me amarran como un animal rabioso
y todo mi cuerpo convulsiona
Dicen que me calme
y siento que un cielo de pólvora va a explotarme por dentro

Han atado mis brazos
Han partido mi vientre

Quién lo creería
En la luz de este quirófano
veo el bisturí con el que abrirán mi destino.