Poesía uruguaya: Eduardo Espina



Leemos poesía uruguaya. Leemos a Eduardo Espina. Nació en un hospital cerca de una casa, en Montevideo, Uruguay. Vive en una casa cerca de un hospital, en College Station, Texas. Poeta y ensayista. Ha publicado entre otros libros La imaginación invisible. Antología 1982-2015 (Editorial Seix Barral, 2015), poesía, y tSURnamis. Vol. 1. (Editorial Mansalva, 2017), ensayos. En Uruguay ganó dos veces el Premio Nacional de Ensayo, y en 1998 obtuvo el Premio Municipal de Poesía. Sus poemas han sido traducidos parcialmente al inglés, francés, portugués, alemán, neerlandés, albanés, ruso, chino y croata. Está incluido en más de 40 antologías internacionales de poesía. Sobre su obra se han escrito tesis doctorales y extensos artículos académicos. En 1980 fue el primer escritor uruguayo invitado al prestigioso International Writing Program de la Universidad de Iowa. Desde entonces radica en Estados Unidos. En 2011 obtuvo la beca Guggenheim. Sus más recientes libros son Libro Albedrío (México: Rialta, 2021) y Mañana la mente puede, que será publicado en Madrid por Amargord en 2022. Los poemas que publica Círculo de Poesía son un adelanto de ese libro.

 

 

 

 

Arte po(r)ética

(Cuáles palabras dicen más que las demás)

 
Lo que lees, es el primer poema.
Nada para perder la cordura que
dure a merced de la certidumbre.
Peor sería perder la cabeza, tener
hipo en un periodo de capa caída,
perder el tiempo, la oportunidad,
el pelo, aunque la calvicie sirva de
poco para evitar la caída del reino. 1
Lees, pues leíste en inédita letanía,
lees y además, cada verso que ves.
Este ya no, siquiera por poco (casi)
si no fuera porque, tampoco lo es.
Creíste adivinar en cuál verso vas
para llegar a donde estás sin saber
cómo ni cuándo seguir. Ha ¿de ser
eso poesía? O quién sabe, ¿qué es?
En pocas palabras, poesía eres tú
tan anterior a un pensamiento sin
mí mientras me imito hasta morir
orando para que Onán nos dé una
mano a no ser que sean símiles de
los que prometen el oro y el moro
¡enhorabuena! aunque quién sabe.
La mano, dando rienda suelta a la
paja es la misma manca al escribir
el poema que Neruda nunca pudo,
y escribe, versos de vez en cuando,
églogas agasajando joviales al cielo
para vivir a mano o mejor, consigo,
según alcanza el tasajo lo sagrado.2
Escribir es hablarle al blandengue,
es hacerse pasar por quien pasa la
vida yendo del bidet a las vocales,
cuando en verdad, debería pasar
las jornadas con ¿su? hija jugando
al ludo, al bacará, ¡al tute cabrero!
cruel, ¡y! admirado por el ábrego.3
Escribir poesía será poder hacerlo
y de paso aprender a oír con sigilo,
seguir el hilo a las letras por atrás,
atravesar la voz al hacerlo posible.
Por fría que fuera la caligrafía gran
cosa son los signos al izar su divisa
abisinia de visita a sitios inexactos.
Épica y jácara cara a cara aclaman,
al hoyo de la o el orgullo lo rellena,
hay una bestia atada al palo de la t,
¡ay!, en la ¡z! granos de arroz gratis
y setas en más sopa de letras, ¡qué
drama!, mal ama a la eme su madre,
la q a su cuna en mitad de un haikú,
por donde se lo mire hay, ganas de,
cómo decirlo, ganas de tener edad,
hay un arma al balar en la manada,
hay abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz,
hay no sé cuánta sílaba para cantar
a capela con las palabras en peligro.
Tomo nota o, mejor, tomo algo más,
brindo por el brío y el abracadabra.
No estoy para limosnas, ¡soy poeta!,
piadoso con la asonancia, no con el
dinero héroe del bolsillo, qué hago.
Gasto las horas en oraciones, pero.
El espíritu pide pan, le dan tiempo,
no habrá en su antes bastante hoy,
tendrá sentimientos asignados a la
vida viendo a la visibilidad salvarla.
Una verdad donde hubo varias dirá
lo mismo y alguna mentira en total.
Lengua humana, al idioma añade la
duda de cuánto fue de aquí en más
mi alma, a menos que al morir una
el sentido a un nacimiento al revés,
si lo mismo da de día o después dé
vueltas alrededor ¡de una! idea fija.
Y qué dirá del aire Heráclito donde
las índoles deben al olvido su ritmo,
¿que respiramos a veces y otras nos
bañamos por ir al mar con los ríos?
En esto de hacer seres con el sigilo,
no será lo racional saber si la rima
aturde al orden libre, ni que mejor
estaría de haber una vez y una voz
cercana quién sabe a qué o porqué
solo la soledad desencantada sabe
cómo las cosas pasan tan despacio.
La tinta intenta hacer caso omiso a
la corazonada anunciando el canto
del cisne nupcial luego de ir al cine,
el poema, es más para quien quiera,
y no, manera de darle alegría a la fe
venida de alguna religión agradable,
acto será al consagrarse sagrado con
la distracción dispuesta a explicar a
las bilabiales, y las que vi el otro día,
será salvar a una breve en un billón,
¿sí? ¿no? ¿ojo, ajuar? ¿río, rey? ¿flan?
simbólico silabario abriéndose paso
a pesar del bostezo que pueda venir.
Y si viniera, vendrá numen al menos,
musa casera como la copla quisiera,
vendrá el viento a croar entre ranas
con tal drama de orioles en Oriente.
Y vendrá con el rapsoda un espesor
de peces espada a sentirse en casa,
la suerte a una hora determinada.
Lo demás es asombro o semidiós
a dos manos dejando al lenguaje
elegir entre la lógica y un elogio,
elegir, entre la lógica y un elogio.
¿Entonces? Según el diccionario,
es un ‘adverbio (m.) de tiempo’ a
poco de soñar para sí su apogeo
porque lo dejan o elige al seguir
sentir el sol en la noche del alba.
Eso es Poesía, altanería su azoro,
y el alma yendo a donde debería
creer a duras penas al pensar en
las palabras, alabadas sean, y Tú,
créeles: luego de haberlas creado.
Hazmerreír o as de bastos ¡haz! a
desgano como atónito asíndeton
antes de ti al soñar por tu cuenta,
cambia de persona para empezar
a partir de cero sin dar mi brazo a
torcer y a renglón seguido, mudas
quedan las endejas a la hora de la
siesta deseando seguir despiertas,
porque libran al silencio al hablar
y ya, es, muy tarde para no callar.

 

 

 

 

La página dijo lo mismo casi que el lenguaje:

(“Todos los versos me pertenecen”)

 

 El habla por ser alabada puso a prueba la obra del
abecedario haciendo visible los abecés del sentido,
tal como en compendio de líricas los catalogaran al
salir de la cesura con sandalias sin tenerlas puestas
para usar cuando la poesía simple no baste, poesía,
no prosa y menos si fuese prosa el sentido entrando
a un hogar en gran medida para luego, arrepentirse
de haber advertido entre sombras cómo sería el oro
a la luz de la continuación que la oscuridad escucha
de menos a mucho en las oraciones al grito de ¡alto!

 

 

 

 

Mínimo de nombres posibles

(Un comienzo en ciernes siempre es otro)

 

de manera que aquellas cosas que no se pueden decir,
es menester decir siquiera que no se pueden decir.
SOR JUANA

 
No se veía nada. Mejor dicho, no se veía nada.
Razón tendría Sor Juana en lo que haya callado
y aquello, al pie de los epónimos, y a propósito,
¿cuándo verá la abeja a su masculino en la miel?
¿Lo oirá para no verlo mientras entren otros a él
a traer la crema como trajo alguno la cremallera
abierta, el vellón mullido para llamar la atención?
En las aguas oirá la lluvia emboscada por nimbos
una bandada de nidos huyendo adonde hay trino,
sería así aquel país para pasar la vida en presente.
Sin tener culpa escapaba al plan del ave universal,
y qué más para osar sino el jubileo siglos después,
principio de otro amor muerto a mitad de camino.
Fuera era todo realidad, naturaleza hasta atribuir.
Hablaba en el balcón el juglar dispuesto a gorjear,
y por hacerlo, dependió pronto del ‘pensamiento’.
Desde ese Luxor a solas, rocas, esteros, peñascos,
restos a morir menos que ánimas venidas de muy
lejos a mojarse como estuario anterior al atuendo
de acequia y hueca quietud encrestada cuan mar
en marzo haciéndose el muerto en torno al tono.
Mar de todas esas mareas remando a su manera
al ras de la corriente donde al instante dio ideas
para que tuviera la tapera de un topo en el pozo.
Una imagen vale mil palabras y aquella, ¿las vale?
Se la vio de todas partes, la vieron limpia, lavada.
La monja enjabonada, diosa oral de la algarabía a
enroscar su rabo aborigen por debajo del jazmín
de cuanto en secreto ha tenido tan de repente un
presentimiento queriendo parecerse ¡a la! suerte
inocente aunque fuese, para pasar desapercibida.
Por ser desertor entre sores un lazarillo al arroyo
la lleva en brazos del silabario para saber cuándo,
en qué semanas, o cómo, y quién más debería dar
la sorpresa de sentirse abandonada la noche de la
boda con un canapé apenado atascado en la boca.
Mira de cuántos ímpetus supo dar cuenta, cuánto
sino hecho suyo llegaría a conocer a ciencia cierta
cuando la mente mañana pueda pero qué importa,
si al final, a la nada, a las horas, a nadie le importa.
Después de todo, la vida no es sino otro rato corto,
una cerrazón según resulta convertida en ceguera
solo sirve para cerrar los ojos porque, es lo mejor.
En la mirada donde ninguna imagen dejó de otear,
no se veía nada, pero ahora, veíamos menos, años
sin no verse por bañarse en ejemplos a su antojo,
porque los cuerpos huían de las cifras al renglón
para empezar de cero con guarismos de amoríos.
Será entonces lo único a perdurar a duras penas,
enésima potencia del pez que por la boca muere,
eso es oír, esto, un tono de átomos en la melodía.
Frases, refranes y no dejes para mañana el añoro
añadido a labios que por olvido abandonaron las
buenas intenciones aplicadas a los endecasílabos,
a las décimas salidas al ruedo a partir de palabras.
¡Anda Juana dando al ánade un cadáver desnudo!
¡Juana la dama mientras comía jamón en la cama!
Quién la viese muriendo de cólera, ¡con ese color!
Será para otra el altar, para ella, la edad indebida.
Cuál de entre tantas, ¿las que carecen de destino?
¿Edad de las que darían la hora al menor intento?
Edad la del adiós con los dedos contados, tal cual
los cuenta el eco de una caligrafía apenas tenga el
tiempo ganas de quedarse otra tarde en la sintaxis.
Ha sido siempre así aunque luego, podría ser igual.
Por oír al brillo unió el resplandor al plan del rayo,
anda la indígena joven para que no anden diciendo,
incluso si por ser la misma tanto le dio como venir,
porque ha venido: al misterio sin cambiar de caos,
pues de hábito, ha cambiado la novicia hace tanto.
Mínimo de nombre invencible, el que la vida viera
vivir con bellezas a los tumbos, nombre, mientras
aprendan a módico precio las perífrasis a decirlo.
Nombre, o da lo mismo. Pues en inglés, es Name. [2]
Cuando no empiece a parecerlo, alguien lo sabrá.

 

 

 

Notas

[1] El terremoto que en 1755 destruyó Lisboa, encontró al rey portugués José I (1714-1777) dentro de su carroza. Estaba temblando y no quería salir del reducido espacio del vehículo que lo transportaba a alguna parte, aunque en verdad, terminó dejándolo varado entre cadáveres y ruinas. Según testimonios de la época, el monarca emitía sonidos extraños. He llegado a suponer que el tremendo miedo que lo invadió le produjo hipo.

2 Según informe realizado por estudiosos del comportamiento (behavioristas), el ser humano utiliza sus manos con mayor frecuencia para realizar las siguientes acciones, en orden de importancia: 1) comer; 2) lavarse; 3) masturbarse; 4) escribir.

3 Varios años después de haber dejado atrás la niñez, ya en sus treinta y pico de edad, la hija de un afamado poeta iberoamericano continuaba reclamándole a su progenitor no haber pasado más horas con ella durante su infancia. Decía que su padre dedicaba todo el tiempo disponible a escribir poemas incomprensibles que muy pocos o nadie leerían, en vez de enseñarle a su solitaria hija –por ser la única– a jugar a los naipes; al mus o a la conga.

[2] De haber intervenido la ñ no sería name sino ñame, derivado de nyami, vocablo del idioma hablado de los fulani, el pueblo nómada más grande del mundo cuyo origen se desconoce. Ñame es una planta “herbácea trepadora de tallos volubles, hojas grandes, flores pequeñas y verdosas, agrupadas en espiga, y raíz carnosa y comestible”. Es del género “dioscórea”, es decir, con name sagrado acorde al de la sor mexicana en cuestión.