Poesía nicaragüense: Blanca García Monje



Leemos poesía nicaragüense. Leemos a Blanca García Monje (Ocotal, 1980). Es poeta, narradora y crítica literaria. Licenciada en Desarrollo Social, tiene una Maestría en Filología Hispánica. Sus cuentos y minificciones están incluidos en Nosotras también contamos (2013), Esta palabra es nuestra (2014), 99 palabras de mujer (2015), 14 mujeres que cuentan (2017); Mujeres que narran (2017), Tierra Breve (2018), Once mujeres que cuentan erotismo (2018). Ensayos suyos han sido publicados en la revista centroamericana Álastor. En poesía ha publicado Polvareda Líquida (2013). Integrante de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE).

 

 

 

Sombra

 

Sombra
que a lo lejos
lenta se acerca en somnífero ajetreo
desparramando truenos.

Afuera
los dedos gruesos
de la lluvia se desbordan
del tejado.

Una gota cae al suelo
y forma una corriente
que da miedo.

A lo lejos
el rayo
el resplandor
parte en dos al cielo.

 

 

 

 

 

Reflejo lunar

 

El agua contenida
en los baches de las calles
contiene en sus entrañas
la descarga
de todo el universo.
Un haz de luz
tiembla en el límite
de su irregular circunferencia
como queriendo huir
de toda la vaguedad
circundante.

 

 

 

 

Vos sos

 

A Alexei

Vos sos
algo infinito, algo etéreo.

Quizás sos una idea.

Tal vez
una frase escrita,
perdida
entre el montón de libros
que van envejeciendo.

Quizás sos una pausa, una fuerza.

Vos sos
el sin retorno de una piedra
lanzada en la corriente.

 

 

 

 

 

Sucesos

 

En la sección de sucesos
del diario más amarillista del país
se cuenta la historia
de mi corazón atropellado,
con una fotografía
se ilustra la fatalidad
del acto y se observa
el hilo de sangre
contra el asfalto.

 

 

 

 

 

El amante

 

Contra todo
pronóstico
de mal tiempo
un corazón
que carecía
de habilidades natas
para moverse
sobre el agua
levó anclas
y se aventuró al temporal.

 

 

 

 

 

Incendiario

 

Se quemó el cartucho,
las últimas balas
escupieron nuestros rostros
y abierto el pecho
uno a uno los coágulos anudados
fueron expulsados
sin temor a la muerte.
Un humo delgado de pólvora
se diluye entre la piel
de ese despojo
que un día llamamos amor.

 

 

 

 

 

Abandono

 

Te materializaste
entre las cosas
más improbables
de mi vida.

Amante en espera
mantengo el decoro,
evito tirar
al cauce más cercano
este latir de abandono
y sus accesorios.

La soledad me ladra
como perra vieja y enclenque.

 

 

 

 

 

Desnuda

 

Me derramo
en tu piel
sin que lo advierta.

Me miras
como quien adivina
el espasmo que me cerca.

De repente
me descubro
en tus palabras.

Como lluvia lenta
me aproximo.

Contienes el aliento.

 

 

 

***

 

Andan orgasmos
en el aire
            queriendo
                        trans
            gre
dir

las formas.

 

 

 

Ancestral

 

Ella contiene las palabras
Yo cumplo su destino
Ella
, Ana Ilce

 

Hay un ser ancestral
que me habita
como fantasma noctámbulo
se asoma a mi conciencia,
invade con nostalgia
mi ser mortal y mis sueños infinitos.
Hay un ser ancestral
que me habita
y a veces me secuestra la palabra.

 

 

 

 

 

Subsisto

 

Paupérrima
de respuestas
sobrevivo
a la quemazón de la tarde,
en medio
de estas soledades
y calores sofocantes,
en fuga el corazón
a través de una grieta
que dejó la nostalgia.
Esta efervescencia
de inquietudes
contienen el eco
de dudas ancestrales
que se anclan como la noche
en mi yo inalterable

 

 

 

 

No hay prisa

 

No hay prisa
en este minuto
desgajado en la habitación.

No hay prisa
en el silencio
de tu tumba.

No hay prisa en esta tarde
─muerta─,
como vos.

 

 

 

 

Sangre

 

La sangre
regada
de los cuerpos
yacidos en la carretera
alimenta
raíces
de flores silvestres
que abren sus pétalos
cada amanecer.

 

 

 

 

 

Como una pluma

 

Como una pluma
que asciende
y
des
cien
de

como una pluma,
mi alma desierta.

 

 

 

 

Insomnio

 

El canto de un grillo
antecede la noche,
sugiero que duermas
para que el roce
de los recuerdos
no te despierten el llanto.

 

 

 

 

Te regalo

 

Te regalo desnudo el corazón
para despertar ese silencio tuyo
distante y arisco a palabras subversivas.

Te regalo sin que lo adviertas
este sentimiento lapidario, asfixiante e irreflexivo.

Puedo guiarte paso a paso
hacia el túnel oscuro de una mirada
desgarrada por la ausencia.

Te regalo un amanecer,
inoportuno y suicida, negándose al olvido.

Puedo llevarte por las arterias
atestadas de artefactos rodantes
corroídas de miseria y soledad.

Te regalo la sangre que fluye
con tristeza de tumbas y flores silvestres abatidas.

Pongo a tus pies huracanes
violentos para fijar tus manos
a algo más profundo que la costumbre.

Te regalo sin previo aviso
entre temblores de tierra un amor que agoniza.
Te regalo esta nada
que nace en las noches insomnes y fatales.

Tómalo,
antes que nada quede,
antes que venga el olvido y lo fusile.

 

 

 

 

Poema silenciado

 

Qué hago con la suma de los domingos ardientes.
Con la basura que dejan los perros sobre las calles.
Con la indecisión de cruzar o no la avenida
mientras los vehículos pisan con violencia los charcos
y alguien encuentra un cadáver en una bolsa plástica.
Ese cuerpo agujereado es un número en las estadísticas
y rating en los noticieros del medio día.

Dónde pongo el recuerdo de esas niñas muertas,
de sus ojos abiertos, sin vida.
El cielo como una promesa incumplida
reflejándose en la oscuridad de su iris.

Cuando regrese a Ocotal serán un montón de historias
pululando entre las paredes blancas de mi habitación,
mientras se abre alguna fosa nueva,
o alguien a mitad de la noche se marcha sin retorno.

Qué hago con las horas de insomnio,
con los ruidos exteriores agrandados por el miedo.
Alguien logra abrir el candado y entrar,
entonces pueden pasar largas horas hasta que el forense
quite de mi cadáver mariposas o gusanos.

Qué hago con este POEMA SILENCIADO.
Qué hago con el polvo de las calles acumulándose en los pies

de los bebedores consuetudinarios que lento mueren en las esquinas.
Confundo el sonido de cohetes con el disparo seco de las armas,
pienso en la sangre derramada saliendo caliente del cuerpo,
qué historia habrá detrás del llanto de su madre.

Hay domingos indecibles
y calles…
y transeúntes…
y cadáveres…
miedos atrapados…
en los ojos de quienes me encuentro
camino al trabajo, al supermercado o al espresso americano.

Choloma, Honduras, 2015

 

 

 

 

Cada latido del corazón
es un golpe seco
llamándote desde esta ciudad
podrida de violencia y de charcos.
La noche cae
metiendo sus raíces húmedas
a través del orificio de mis ojos.
Un grito se pierde en el callejón
al otro lado de mi cuarto.
Un hilo de sangre llega hasta mis pies
y no puedo hacer más nada
que acurrucar el miedo
entre las húmedas paredes
de esta habitación.

Choloma, Honduras, 2015

 

 

 

 

 

Lento me alejo de la incertidumbre,
de los cadáveres en bolsas
que amanecen en predios baldíos de la ciudad.
Lejos del miedo nocturno,
de las balaceras en la madrugada.
Cruzo la frontera,
bostezo viendo caer la tarde,
a través de la ventana del autobús
aparece la cordillera Dipilto-Jalapa.
Imagino tu rostro sobre mi hombro
como flor naciendo de una grieta.
Tu sonrisa,
intacta sobreviviría a la distancia
como el recuerdo de aquel hola que nos dijimos
sintiéndonos como un viajero extraviado
en el aeropuerto de México o de Madrid.
Vos seguís con tu rutina,
ajena a mi ausencia,
con la esperanza de que algún día en tu país
el MIEDO no sea más el pan nuestro de todos los días.
Pienso en vos y sonrío.

Frontera Honduras-Nicaragua, 2017