Poesía colombiana: Lilián Pallares Campo

Leemos poesía colombiana. Leemos a Lilián Pallares Campo (1976). Publicó Pájaro, vértigo (Huerga y Fierro, 2014) y Bestial (Olifante Ediciones de poesía, 2019).

 

 

 

 

Lilián Pallares Campo (Barranquilla, Colombia, 1976) Creadora AfroMestiza Universal. Escritora, poeta, actriz y videoartista. En 2017 recibió la XIV distinción Poetas de Otros Mundos concedida por el Fondo Poético Internacional en reconocimiento a la alta calidad de su obra poética. En 2020 fue distinguida con el premio ‘10 colombianos’ por la Embajada de Colombia en Madrid por su trayectoria artística y personal. Ha publicado los libros​​ Ciudad Sonámbula​​ (2010),​​ Voces Mudas​​ (2011),​​ Pájaro, vértigo​​ (2014) y​​ Bestial​​ (2019), y con su compañía de investigación teatral​​ Afrolyrics​​ ha creado espectáculos escénicos basados en éstos. Junto a Charles Olsen, dirige la productora audiovisual y literaria​​ antenablue, la palabra vista. Sus videopoemas han sido premiados en festivales internacionales de poetry film. lilianpallares.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hija mayor

 

Soy la hija mayor, la que fue parida malamente.

La melancólica, acatarrada, de sangre débil.

La niña que jugaba con la sombra de la mecedora,

mientras una canción moría de tristeza

en la habitación de las cortinas cerradas.

 

Soy la hija mayor de dos niños de corazón ciego,

dos temerarios que hurgaban en la llaga

hasta la saciedad del escándalo.

De la profundidad de esa llaga nací yo, su víctima mayor.

 

Como tal conocí el sabor de la comida fría

tras lánguidas horas frente a un televisor dañado,

inquieta por los agigantados pasos de mi padre

acercándose a la mesa.

 

Soy la hija grande y la hermana mayor, la que jugó a ser la madre,

la protectora, la que muerde, la flaquita con las piernas cortas.

Aquella que con los calzones grandes cargaba a su hermana pequeña

con una cínica sonrisa en la boca.

 

Ser la hija mayor es como ser el invitado más esperado de la fiesta.

Con el paso de las horas y las copas se vuelve muy visto, pero invisible,

como las huellas de los dedos en los viejos álbumes familiares.

 

Irremediablemente soy la hija y la hermana mayor,

la madre postiza de mi hermana menor, la niña querida entre las queridas,

la primera nieta con el pulso inquieto, el fantasma recién

nacido, la primera en abrir la puerta, la última en saber de mí.

 

 

 

 

 

 

 

Instinto

 

Roja es la carne,​​ 

arde el silencio.

Se queman los nervios

en salsa picante

y el hombre es cuchillo​​ 

que atraviesa el deseo.

Rojo el instinto,

roja en tus dientes.​​ 

Mastica, mastícala,​​ 

mastícate, eres carne viva.

 

 

 

 

 

 

 

Mi ataúd

 

Cargo un ataúd,

duerme a mi lado cada noche.

Es marrón, de madera antigua con tapa defectuosa,

cuna de mis orígenes.

¿Es un performance, una penitencia,​​ 

o acaso un accesorio extravagante?

preguntan los incrédulos.

He deseado algunas veces deshacerme de él,​​ 

empujarle escaleras abajo, arrojarlo por la ventana,

ahogarlo en la bañera, prenderle fuego,​​ 

inclusive, estrellarlo contra un camión.

Pero supera toda lógica:

Mi ataúd y yo somos inseparables,

nos une el vacío.

 

 

 

 

 

 

 

Libre

 

‘All they want is my money, my pussy, my blood’​​ 

Morgan Parker

 

Soy libre bajo las siguientes condiciones:

cuando quiero amar amo.

Soy india, negra y blanca,​​ 

abre la puerta​​ my love.

Amo la fruta y tengo la cintura caliente.

Un río de agua turbia se desborda por mi boca.​​ 

Lo digo porque es tarde​​ 

y las mujeres como yo salimos a pensar.

Sé que mi coño es una papaya jugosa y fresca.

Sé que por dentro soy un velón de siete mechas.

A mi marido blanco le confieso que quiero follarme a un negro.

Escucho la voz poderosa de Nina Simone.

Hacen el amor los hombres que amé.

La muerte no es tan distinta.

Todos miran hacia la ventana.

Todos esperan que la lluvia caiga.

Hombres tristes niños solitarios.

Todos heridos por la misma mujer.

En la plaza los negros venden marihuana.

Me saludan y les digo hola con la mano abierta.

Tengo pezones duros y la cartera sin blanca.

Me llaman como si fuera una perra obediente,

con señas y sonidos de manada salvaje.

Así tratan a sus mujeres en África.

En España no es tan diferente.​​ 

La policía les pide papeles.

El senegalés me guiña el ojo.

En su sonrisa suena un djembé.

La patrulla se lleva a los míos.

Un borracho me grita sudaca.

Luna azul de julio, ¿a dónde vas?

En casa me espera mi marido sueco.

Tiene el pene erecto pintado de negro.

Me invita a seguirle hasta la cocina.

Solo deseo que me penetre todo el tiempo.

Gemir hasta que llegue el desayuno.

En cuestión de orgasmos, los prefiero mestizos.

¿Por qué coño hago sufrir a los hombres?​​ 

Whatever.

Soy libre bajo las siguientes condiciones:

cuando quiero llorar lloro.

Mi corazón tiene un agujero negro.

Sangra, lo sé.​​ 

Hablo de él para que sepan que existe,​​ 

que quiero amar.

Mis padres nunca lo hicieron.

 

Estoy sentada en la plaza.

Soy tierra que tiembla en la soledad de la noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Librería

También puedes leer