Poesía iraní: Forugh Farrokhzad

En versión de Zorian Ramírez Espinoza leemos a la poeta iraní Forugh Farrokhzad (1935-1967). Ademas de cineasta, “era una poeta moderna, controvertida e iconoclasta. Rompió la rigidez de la poesía clásica persa acercándola a la gente utilizando expresiones y términos populares y coloquiales”.

 

 

 

Forugh Farrokhzad​​ (en persa:​​ فروغ فرخزاد),​​ (Teherán, 5 de enero de 1935-Teherán, 13 de febrero de 1967) fue una poeta iraní y directora de cine. Como poeta fue una de las más influyentes de Irán en el siglo​​ XX. Era una poeta moderna, controvertida e iconoclasta. Rompió la rigidez de la poesía clásica persa acercándola a la gente utilizando expresiones y términos populares y coloquiales. Desde su primer poemario,​​ Asir​​ (traducido aproximadamente como​​ Cautiva, 1955), Farrokhzad se interesó por el deseo femenino, la sensualidad y las restricciones culturales que pesaban sobre las mujeres. Publicó tres poemarios durante la década siguiente:​​ Divar​​ «El Muro» (1956),​​ Esian​​ «Rebelión» (1958) y​​ Tavallodi digar​​ «Otro Nacimiento» (1964)​​ Tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría​​ es su quinto libro publicado postumamente (1974). También tradujo la obra de George Bernard Shaw y Henry Miller y realizó un documental pionero,​​ La Casa Es Negra​​ (1962), sobre una colonia de leprosos en el noreste de Irán.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría

 

Y aquí estoy yo

una mujer solitaria​​ 

en el inicio de la estación fría

el alba revela​​ 

una comprensión distinta​​ 

de la existencia en esta tierra impura​​ 

el abatimiento azul del cielo​​ 

y la impotencia de estas manos hechas de cemento.

 

El tiempo pasó.

El tiempo pasó y el reloj lo anunció cuatro veces.​​ 

Cuatro veces.​​ 

Hoy es solsticio de invierno1,​​ 

conozco el secreto de las estaciones,​​ 

el idioma de los instantes.​​ 

El Mesías duerme en una tumba​​ 

y la tierra —la hospitalaria tierra— me brinda serenidad.

 

El tiempo pasó y el reloj lo anunció cuatro veces.

​​ 

El viento sopla en el callejón.

El viento sopla en el callejón,​​ 

y pienso en la cópula de las flores,

su débil tallo, sus pétalos marchitos

enfermos de frío.

Un hombre atraviesa el bosque húmedo,

un hombre cuyos hilos de azules venas

son serpientes muertas rodeando su garganta,​​ 

golpeando sus sienes​​ 

con sílabas sangrientas:

Salaam.2

Salaam.

Pienso en la cópula de las flores.

 

En el inicio de la estación fría

y en el funeral de los espejos

en la vigilia​​ 

que despierta las más tristes memorias,

y este crepúsculo preñado de un sabio silencio

 

Cómo puedo pedirle que se detenga​​ 

a quien va

pacientemente,

decididamente,

perdido…

Cómo decirle a este hombre que él no está vivo,​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

que nunca lo ha estado.

 

El viento sopla en el callejón,

mientras cuervos solitarios se ocultan

y rondan los antiguos bosques del tedio.

Cuán baja es la altura de los escalones.3

 

Ellos han raptado un simple corazón

lo llevan al palacio de los cuentos,

ahora

¿cómo puede uno bailar?

¿Soltando los cabellos de la infancia

sumergiéndolos en un arroyo,

dejándolos fluir con la corriente?

¿Aplastando la última manzana recogida,

finalmente, respirando su perfume?

 

Amado y fiel amigo,

las nubes oscuras aguardan el sol que se aproxima.

 

Como si un pájaro volara a lo largo de una línea imaginaria —era—

como si un aura joven y sensual se respirase en el aire​​ 

habitado por las líneas verdes de la ilusión,​​ 

como si una llama púrpura incendiara el cristal de la ventana —era—

la inocente fantasía de una lámpara.

 

El viento sopla en el callejón

y esto es el comienzo de la destrucción.

Soplaba el mismo viento el día que se destruyeron tus manos.

Queridas estrellas,​​ 

queridas estrellas de papel,

¿Cómo puedo refugiarme en los versos de profetas oprimidos

cuando las mentiras viajan por el viento?

Nos reuniremos con aquellos muertos de miles y millares de años,

así el sol podrá juzgar la descomposición de nuestros cuerpos.

 

Tengo frío​​ 

tengo frío y pienso que no volveré a sentir calidez.

Amado, fiel amigo,​​ ¿Cuán añejo estaba el vino?

Mira, lo que aquí persiste,

el peso del tiempo

mira,​​ 

cómo los peces devoran mi carne.

¿Por qué siempre me mantienes en lo profundo del mar?

Tengo frío

—desprecio los zarcillos de madreperla— Tengo frío y sé

que nada permanecerá​​ 

en la roja ilusión de amapolas salvajes —excepto—​​ 

unas gotas de sangre.

 

Dejaré ir estos versos​​ 

de contar los números —dejaré—

y entre los límites de la geometría

me refugiaré en la vasta dimensión de los sentidos.

Estoy desnuda,

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ desnuda, desnuda. Desnuda​​ 

como el silencio que separa las palabras de amor.

Todas mis heridas son precisamente por amor,

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ amor, amor, amor. ​​ 

 

Yo guié esta isla errante ​​ —lejos—​​ 

de océanos tempestuosos —lejos—

de erupciones volcánicas.

Quebré el secreto de un cuerpo entero

y de sus partículas un sol nació.​​ 

 

Salaam​​ inocente noche.​​ 

 

Salaam​​ a ti noche, que transforma los ojos del lobo

en cuencos vacíos de una fe verdadera.

Al lado de un arroyo, el aroma del sauce

impregna el hacha de un noble espíritu.

Vengo de un mundo apático de pensamientos, voces y palabras.

Un mundo parecido al nido de la serpiente,​​ 

un mundo marcado

por aquellos que tejen con sus pensamientos​​ 

una soga para colgarme.

 

Salaam​​ casta noche.

 

Siempre hay un espacio​​ 

entre la ventana y lo mirado.

¿Por qué no me fijé

en el instante en que un hombre pasara oculto entre los árboles?…

¿Por qué no lo vi?

Pienso que mi madre lloró aquella noche,

la noche en que sentí el dolor de una criatura​​ 

formándose en mi vientre,

la noche en que tuve entre mis manos un ramo de acacias —la noche—​​ 

guardada en el brillo de los azulejos de Isfahán4

la noche en que en mi vientre sembró una semilla,

quien fuera mi otra mitad.

Vi su reflejo tan puro y claro como en un espejo

él me llamó y yo tomé un ramo de acacias​​ 

de pronto me convertí en su esposa…​​ 

 

Pienso que mi madre lloró aquella noche.​​ 

Fue inútil,​​ 

como una luz que intenta penetrar una puerta cerrada.

¿Por qué no lo vi?

Todos los instantes de felicidad — supe

podría arruinarlos con sus manos,​​ 

aún así no quise verlo.

No hasta que el tiempo voló y la puerta del reloj se abrió

y un canario cantó su triste melodía — cuatro veces,

cuatro veces,​​ 

conocí a una mujer pequeña cuyos ojos5

eran el nido vacío de un Simurgh6.

Ella caminaba ansiosa como si llevara consigo,

la virginidad de mis fantasías más delirantes,

al nocturno lecho.​​ 

 

¿Volveré a peinar mis cabellos con el viento?

¿Volveré a plantar violetas en el jardín,​​ 

o sembrar geranios en el cielo que se divisa más allá de la ventana?

¿Volveré a bailar frente a las copas de vino?

¿Volveré a la vigilia que aguarda el repique de campanas?

 

Dije a mi madre:​​ Este es el fin.

Antes de que lo sepas, ocurrirá;

déjame enviar mi obituario a los periódicos.

 

Aquel hombre macilento.

Aquel hombre desgraciado.

Fíjate en el sonido de sus dientes cuando mastica,

observa cómo atraviesa el bosque húmedo:

pacientemente,

decididamente,

perdido,

sobre la cuarta hora,

el preciso instante que sus venas azules,

rodean su garganta como serpientes muertas,​​ 

golpeando sus sienes​​ 

con sílabas sangrientas:

Salaam.

Salaam.

 

¿Has percibido

alguna vez el aroma​​ 

de los nenúfares?…

 

El tiempo pasó.

El tiempo pasó y cayó la noche

sobre las ramas desnudas de la acacia,

ella se deslizó por los cristales de la ventana

y con su fría lengua limpió

los restos del día.

 

¿Dónde he estado?

¿Dónde he estado que mi cuerpo tiene el aroma de la noche?

La tierra que las cubre aún está fresca —​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Hablo del entierro de dos manos, verdes y jóvenes…​​ 

Que tierno eras, amado, fiel amigo

que tierno eras al mentir,

que tierno eras cuando cerrabas los párpados de los espejos,

y desprendías las raíces que colgaban de la enredadera,

me guiaste por los oscuros montes del amor,

bajo la confusión del humo que conduce al fuego sediento

que habitó los campos del sueño.

 

Y las estrellas de papel giran eternamente.

¿Por qué​​ expresaron​​ sus palabras?

¿Por qué llevaron consigo​​ la profecía​​ a la casa de la visitación?

¿Por qué tomaron​​ cariñosamente, ​​ modestamente, sus cabellos vírgenes?

Mira como alguien que habló con las palabras​​ 

y ​​ lo amansó con ojos que lo acariciaron,​​ 

fue clavada a la cruz de las aprehensiones,

como las ramas de tus dedos​​ 

eran letras de tu nombre

dejando una marca sobre su mejilla.

 

¿Qué es el silencio, qué es, mi amado amigo?

¿Qué es el silencio sino más que palabras no dichas?

Yo estoy carente de palabras, sólo el obstinado canto​​ 

 

de alegres gorriones fluye de forma natural.

El canto de los gorriones quiere decir: primavera, hojas de primavera.

El canto de los gorriones quiere decir: brisa, fragancia de la brisa.

El canto de los gorriones muere en la fábrica.​​ 

¿Quién es la que está andando por los caminos de la eternidad​​ 

hacia el momento de la unión? ¿ La que el viento observa más allá

de la lógica de sustracciones y adiciones de la infancia?

¿ A la que su día no comienza

con el canto del gallo, pero si con el aroma del desayuno?

¿La que lleva puesta la corona del amor

y ha arrugado los pliegos de su vestido de novia?

 

Finalmente​​ 

el sol no brilló ni un solo instante

sobre ambos polos afligidos.

Acabaste con el brillo de los azulejos.

 

Colmada estoy de aquellos que oran sobre mi voz…

 

La fortuna de cuerpos.

Fulminados.

Silentes, pensativos, cuerpos.

Amables, elegantes, rígidos

en su rol habitual

bajo sospechosas luces transitorias.

Ingieren los frutos podridos de la lujuria…

 

La manera en que permanecen en los cruces, angustiados por el accidente

y un silbato policial que los obliga a detenerse,

en el momento cuando un hombre,​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ debe, debe, debe

ser arrollado por las ruedas del tiempo,

un hombre que atraviesa el bosque húmedo…

 

¿Dónde he estado?

 

Dije a mi madre:​​ Este es el fin.

Antes de que lo sepas, ocurrirá;

déjame enviar mi obituario a los periódicos.

 

Salaam​​ soledad inesperada.

Te entrego esta habitación puesto que​​ 

las nubes negras siempre​​ 

profetizan​​ 

nuevos versos redentores,

en el martirio de una vela​​ 

yace el resplandeciente secreto

que conoce bien​​ 

aquella última y prolongada llama.

 

Tengamos fe,​​ 

tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría.

Tengamos fe en las ruinas de jardínes imaginarios,​​ 

en la hoz que descansa,

las semillas almacenadas.

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Mira cómo nieva…

Quizás la verdad estaba en esas dos manos jóvenes,

en esas manos jóvenes​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ —enterradas bajo la nieve—

y el año siguiente​​ 

cuando la primavera se una con el cielo más allá de la ventana,

emergerán de su cuerpo verdes retoños —árboles florecerán—,​​ 

mi amado y verdadero amigo.

 

Tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría…

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

Un primer encuentro con Forugh Farrokhzad.​​ (nota del traductor)

 

Un día leí en una página de cine, una reseña muy vaga acerca del documental titulado​​ The House is Black,​​ la cual me produjo suficiente curiosidad como para buscarlo. Luego de verlo, me enteré de que es una de las piezas fundamentales del cine iraní de la segunda mitad del siglo XX. Lo que más me impactó es su temática, ya que problematiza el concepto de belleza, desde una mirada hacia la vida cotidiana de una colonia de leprosos en Irán. El enfoque particular en las acciones y los planos del cuerpo, unido a un guion increíble, me descubrió a Farrokhzad no sólo como directora sino también como poeta. Allí comenzó este camino.

 

 ​​ ​​​​ He titulado el ​​ poema​​ "Tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría",​​ que es una versión poética comparada, de las versiones al inglés realizadas por Sholeh Wolpé y Elizabeth T. Gray. De una tomo su musicalidad y estructura, y de la otra su concisión en las metáforas. He querido traer esos aspectos a mi versión en español, considerando que ésta es una “traducción de una traducción” y que mi contacto con Farrokhzad viene de allí. Entendiendo que cada traducción es un renacimiento del poema, sea traducción directa del idioma de origen o no.

 

 ​​ ​​​​ Creo firmemente que Farrokhzad es una poeta confesional como Sexton o Plath. Su continua evocación al cuerpo propio, el deseo sexual y mal-estar existencial, la hicieron blanco de ataques y menosprecios de la sociedad en la que vivió, empezando por su propio padre y extendiéndose a los medios culturales e intelectuales de Irán. Amó libremente más allá de las ataduras del matrimonio, lo cual ocasionó que la ley iraní le quitara a su hijo. Abortó, estuvo en instituciones psiquiátricas, adoptó a un niño, hijo de una pareja de leprosos. Todo esto se ve reflejado en el poema que les presento, ​​ ya que en el mismo se encierran muchas de las metáforas y temas tratados por la autora a lo largo de su obra.

 

 ​​​​ ​​ Tengamos fe en el primer amanecer de la temporada fría,​​ es un poema que nos habla desde una individualidad universal, una habitación desde donde la voz se sabe real y conoce su lugar en el mundo: es cautiva, renace, entre otros verbos que podrían hacer guiños al corpus literario de la autora.

 

 ​​ ​​​​ Por todas las razones antes expuestas y su trasfondo político —ser una mujer libre— le han valido a Forugh la censura en su país. Por tanto, es un deber social dar a conocer su trabajo.

 

 ​​ ​​​​ Algunos aspectos de mi versión son la modificación de ciertas figuras mitológicas de la cultura persa y, a su vez, aspectos referentes al jardín persa —en específico, la flora que lo compone—. En este sentido, tomé decisiones fuera de ambas traducciones usando fuentes históricas, puesto que en ambos casos me topé con un tipo de flora muy lejana y poco usual a la que puede apreciarse en Irán. En tal sentido quizás he recreado un jardín propio en el poema.​​ 

 

 ​​ ​​​​ Esta traducción es un abreboca de un proyecto más ambicioso con​​ Círculo de Poesía.

 

 ​​ ​​ ​​​​ Creo en ​​ la siguiente idea: se traduce lo que se ama. Criterio en el que prevalece la ​​ verdad poética. Verónica Jaffé en su libro​​ Poesía, traducción, libertad,​​ reflexiona lo siguiente acerca de la traducción:

 

Aprendí que traducir poesía significa, en gran medida, transportar imágenes. La poesía, al menos en la historia de Occidente, perdura y se decanta en su traducción, y es cierto que en ella no existe lo propiamente moderno si no se confronta con lo antiguo y ajeno (…). Eso hizo Hölderlin hace doscientos años (…) entendió que la poesía, como lenguaje metafórico por excelencia, solo puede traducirse en la apropiación —no en la copia y reproducción— de las imágenes antiguas, y es así como se puede aprender, como él mismo dijo sobre la tarea del poeta, “el uso libre de lo propio” y ser, en efecto, individual, original. (2024)

 

 ​​ ​​​​ La versión del poema que les comparto está lejos de ser una versión oficial. Lo que sí pretendo con ella, es encantar a los lectores en español, entendiendo que este poema es una interpretación de lo que pude capturar en mi encuentro con la poética de Farrokhzad. Me parece importante decir que estoy advertido y, no por eso, puedo salvarme de las trampas del lenguaje, tal como lo ha planteado la teoría psicoanalítica de orientación lacaniana: “las palabras siempre mienten”. Esto respecto a que pretendo alejarme de “entender” un poema, en este caso, el que traduzco.​​ 

 

 ​​ ​​​​ El lector se enfrenta aquí a una obra nueva. Ya que en el idioma de llegada pueden opacarse o embellecerse distintos lugares del poema​​ original. Con esto digo que mi versión de Forugh Farrokhzad, es tal vez más lírica que el original o sus versiones al inglés.​​ 

 

 ​​​​ Serán los lectores quienes desmientan o revivan a su manera la voz de Farrokhzad. Me parece importante dar una voz latinoamericana a esta autora. ​​ Quiero hacer de ella una versión que no abandone su lugar de origen pero que pueda convivir con el español ​​ latinoamericano.

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Zorian Ramírez Espinoza (Caracas, 1996).​​ Licenciado en Artes, mención Música por la Universidad Arturo Michelena. Miembro de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Publicó en 2022 su trabajo de grado Las escuelas de contrabajo en Venezuela, reconstrucción evolutiva 1970-2003 por​​ El Sistema​​ y la plaquette Memoria Derramada con ediciones​​ Petalurgia.​​ Participa en antologías internacionales, escribe poesía, diario y crítica literaria. Es uno de los compiladores del dossier de poesía joven venezolana para la revista mexicana Círculo de Poesía titulado “Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad”.

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Créditos de esta traducción

 

Esta traducción al español es una adaptación poética realizada a partir de la versión en inglés de Sholeh Wolpé,​​ "Let Us Believe in the Dawn of the Cold Season", publicada en​​ Sin: Selected Poems of Forugh Farrokhzad​​ (University of Arkansas Press, 2007). La versión fue cotejada con la traducción de Elizabeth T. Gray Jr.,​​ "Let Us Believe in the Beginning of the Cold Season", publicada en​​ Let Us Believe in the Beginning of the Cold Season​​ (New Directions, 2022).

 

 

 

© Derechos del poema original: Forugh Farrokhzad.

© Derechos de la traducción al inglés de Sholeh Wolpé: Sholeh Wolpé y University of Arkansas Press.

© Derechos de esta traducción al inglés de Elizabeth T. Gray: Elizabeth T. Gray Jr.

Traducción al español © Zorian Ramírez Espinoza, 2025- Para difusión gratuita y sin fines de lucro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1

​​ En el solsticio de invierno ocurre la celebración del Yalda, que traduce 'nacimiento' y es la noche más larga del año. En la cultura persa, las familias suelen reunirse y celebrar leyendo poemas hasta el amanecer del primer día del invierno, conocido como 'Dey'. Este ritual simboliza el triunfo de la luz sobre la oscuridad.

2

​​ Salaam​​ se traduce como “paz” y es la abreviación de “la paz sea contigo” usada en países musulmanes o de fuerte presencia musulmana como un saludo común: Hola, Bienvenido, ​​ Dios te bendiga. Son algunos de sus usos posibles.

3

​​ Este verso hace referencia al tipo de escalones del jardín persa Chahar-Bag, jardínes de extraordinaria belleza, caracterizados por una vista hacia el infinito y sus escalinatas bajas que daban una sensación de permanecer siempre en un mismo nivel ya fuese subiendo o bajando dichos escalones. Algunas afirmaciones antiguas respecto a estos jardínes dicen que no era necesario morir para estar en el paraíso, si uno visitaba un jardín persa.

4

​​ Ciudad en Irán, reconocida por su arquitectura y sus muros de azulejos, es conocida como “La perla de Irán”.

5

​​ Las hadas (Parīs) en la literatura persa se representan como seres alados de belleza exquisita y poderes mágicos, cuyo contacto con los mortales desencadena una fascinación erótica tan intensa que puede robar la razón del amante. En la épica y poesía persa, se las representa como figuras ambivalentes: desde mensajeras divinas hasta seres que, al enamorarse de humanos, abandonan su reino espiritual para unirse a ellos, según registró el folklorista Kúnos. Su influencia se extiende más allá de Irán, siendo invocadas en rituales chamánicos de Asia Central para hechizos de amor, curación a mujeres que sufren de aborto espontáneo y protección contra espíritus malignos.

 

 

6

​​ El Simurgh en la mitología persa antigua, era un ave divina asociada con poderes de creación y curación. Durante la época islámica, representó la manifestación de la divinidad como el símbolo del "Yo oculto" o verdadero ser. Esta emblemática figura ha sido frecuentemente comparada con el Fénix en diversas traducciones de la poesía persa.

 

 

 

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