Nueva poesía dominicana: Indhira Itsuki Roca

Bileysi Reyes comienza en Círculo de Poesía un dossier de nueva poesía dominicana. Se trata de una serie que incluye poetas nacidos en los años 90 y 2000. Comenzamos la lectura con los textos de Indhira Itsuki Roca. Ha publicado los poemarios, Ventana de sueños (2022) y Tonalidades oscuras (2025).

 

 

 

 

Indhira Itsuki Roca​​ es​​ poeta, escritora, ensayista y compositora dominicana. Ha publicado los poemarios,​​ Ventana de sueños​​ (2022) y​​ Tonalidades oscuras​​ (2025). Sus textos han sido publicados en varias plataformas digitales y en diversos medios​​ internacionales. Tales como, Fatti Nostri de Italia y la revista, Kametsa de Perú. Además, forma parte de la antología internacional Grito de Mujer (2022). Es miembro del Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y del grupo literario Interiorista Ateneo Insular. Ha participado en numerosos recitales poéticos y festivales internacionales. También, ha sido escritora invitada a varias ediciones de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Ha sido traducida al inglés y al italiano.

 

 

 

 

 

 

Memoria de un solsticio

 

Hubiese mi corazón impedido

que te lanzaras a la nada,

a un recuerdo

que poco a poco se discurre

por dentro.

Empaco la noche

en esta astucia

que se empeña en deshacerte

en esta sensación inundada

de tu sombra.

 

El apego de pensarte​​ me condena.

Disimulo en las conversaciones

tu presencia.

Un día,

correrá la rabia

por los pasillos de tu nombre,

te hará comer los achaques

desprendido por tu encía.

 

Debería ahogarte

en uno de mis sueños

y divagar esa ausencia

en la locura de una gota.

Imaginé, que tus palabras

eran fisuras agarrando los charcos,

en la costumbre naranja de una fábula,

en una ventana de un olvido pequeño.

Quizás, la manía

era un murmullo

que convencía mi mente

de volver a comerte los años.

De volver a repetirme

en ese hechizo sonoro.

Ser una extraña

en el anhelo de masticar

el retrato de tenerte.

Pero me atrapó la soledad

en otros ángulos.

Se revuelca en acentos

la muerte por eso.

Ahora voy por la alcantarilla

de la noche,

con el vacío invertido en los ojos.

 

¿Y qué?

Si me fui entre las aguas,

y me viste hundir la lengua

entre las piedras.

La palabra

me hace matarte en los arbustos,

encogerme los miedos

en un puño de sueños.

Soy distancia en otra distancia

que se cayó de un tiempo

que acababa conmigo.

Ahora me observo,

en una versión antigua

de mí misma.

 

Qué soy, y no soy,​​ 

en el violín de tu risa,

que por más que quiera alcanzarme,

se perdió entre los espejos

el retrato de mi cara,

en dimensiones viejas,

en paradojas oscuras.

 

La imagen me hace amarte,

pero la ausencia​​ 

te mata​​ en​​ los reflejos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundos

 

Cuando la voz se vuelva huella

y los recuerdos montañas huérfanas,

será incienso tu rostro

y su aroma,

el movimiento que pierdes.

 

La razón se sumerge​​ 

en sus propios retos,

cuando el reír se aquieta en los labios

con un fervor brillando en el piso,

un relámpago envuelto en miradas.

 

Tú, querido amigo,

serás sombra de agua

envolviendo siempre en instantes,

en opciones en las que crees de noche

y de día se desvanecen,

con un saludo arraigado en tus manos

y plenitud invadida

en cenicientas palabras.

 

La experiencia​​ 

se quebranta en sus pasos,

con una manga de silencios

y dos sonrisas en nosotros,

como un abismo opinando​​ 

entre sombras​​ sus metáforas.

Un quizás hambriento

huyendo de ti.

 

 

 

 

 

 

Tambores

 

Nadie quiere morir en lo que conoce,

ni irse de la vida

dejando experiencias como recuerdos.

Nadie quiere ser olvido de nadie.

Nadie quiere morir su muerte.

Tejen rezos con fábulas en los dedos.

El presente es frágil de sí mismo.

¿No lo será de ti?

Quien vive,

a su muerte le huye;

quien teme a todo eso,

nunca conocerá lo hermoso de la vida.

Cada despedida aparece sola.

La vida empuja,

la muerte despoja.

 

 

 

 

 

 

 

 

Se mancha de recuerdos la ausencia

 

Veo tu recuerdo

como una hoja

que se quema.

¿Quién eres cuando la noche

entra por tu sangre?

Descargo este destino

en mi ventana.

Pero te vas

rodando por un bautizo

que nunca fueron mis ojos,

por una oscuridad

rancia en el cuerpo.

Esa​​ utopía​​ se pierde,

va degradando la neblina,

las grietas de los sueños

en mi boca.

Está en la piel

el tiempo en el que vives.

Los momentos corren

por nosotros,

se vuelven ciegos,

cuando duermen.

 

 

 

 

 

 

 

 

No abandonaré nunca el recuerdo

 

En Gaza el cielo brilla,

las bombas caen volviendo polvo

la esperanza de un pueblo.

 

Se fue por las esquinas la noche,

se arrastró lejos por un sueño

la mirada del cuerpo.

¿Hay banderas

en la muerte?

El miedo no huye de la risa.

Nos agarra inocente sobre la vida.

Pero el olvido,

el olvido, hermanos,

comerá cada rostro de este mundo,

acabará algún día con el dolor

de la sangre.

El hambre y la barbarie

nunca más

serán tumbas de humo.

En la deriva todos

somos pequeños,

indefensos en la distancia.

En este espacio

irascible y desgastado,

solo quedará el viento,

seremos polvo y flores.

Seremos un recuerdo

que trasciende del fuego.

Si Dios nos refugia y​​ 

nos acoge sobre sus ojos,

seremos estrellas en los cielos.

Hermanos,

nos empujarán las bombas

hacia arriba el día de mañana.

Quizás nuestros nombres

solo sean carbón sobre la tierra,

como una historia esperanzada

que se quema.

Escaparán las lágrimas

de los ojos.

¿Quién llorará nuestra ausencia?

Seremos libres en la noche,

hermanos.

¿Seremos ángeles cuando amanezca?

 

 

 

 

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