Ronny Ramírez (República Dominicana, 1994) es poeta, ensayista y narrador. Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Ha publicado el poemario Condeno la noche y sus perros de caza (Luna Insomne Editores, 2024); una selección de poemas titulada Parque solitario (Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2025). Escribe una columna cultural en el periódico Acento y ha publicado artículos en los medios dominicanos Listín Diario, Hoy y Diario Libre; ensayos y poemas en revistas nacionales e internacionales. En 2023, fue seleccionado por la UNESCO para participar en cursos de literatura y edición en La Habana, Cuba. Participa de forma recurrente en actividades literarias en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (FILSD), el Centro Cultural de España Santo Domingo (CCESD) y el Centro Cultural Banreservas. Ha obtenido premios y menciones en certámenes como el Premio de Cuento Joven Pedro Peix 2020, el Premio de Ensayo Joven Max Henríquez Ureña 2021 (Feria Internacional del Libro Santo Domingo); el Concurso Internacional de Cuento 2021 (Casa de Teatro); y el I Concurso de Reseñas de Latin American Literature Today (LALT) 2023.
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Fin de semana
Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras.
El señor White dio un grito.
Su mujer y su hijo corrieron hacia él.
-Se movió -dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer-.
Se retorció en mi mano como una víbora.
W.W. JACOBS
Esta mañana me han dejado el sol
como un pedazo de pastel que humea en la
[ventana.
Mi esposa sale del baño con notas de cascada
y entra desnuda a la alcoba
para que rompamos el ayuno.
Hace bien que nos abracemos
hasta sentirnos en el regazo de una playa
plenos de tormentas y horizontes,
al margen de ciudades y multitudes.
Qué grato dejar el ventilador a sus anchas,
qué regocijo saber que todavía es temprano.
Saludo el otoño con mi amada
entre los brazos
y no tocamos libros ni canciones
hasta que suba el café
y su aroma se quede entre nosotros.
Pero entonces el teléfono se mueve
como una pata de mono.
Es una sombra que se extiende
como un hongo por las paredes:
mi jefe se acerca con ala de cuervo,
me habla en tono de pésame,
me deja con la voz de un contestador
[automático.
Veo que de pronto mi esposa
se me escapa de las manos y se arrastra
con una veta de melancolía hasta la nevera.
Ya no puedo descifrar lo que calla
cuando noto que sostiene una hielera vacía
y una lágrima rompe el hilo del sueño.
Pero pienso que después de todo
así son las horas de mi día libre:
como unos cubitos de agua
que terminan inertes en una bandeja de hielo.
Luna de Fentanilo
Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura
hambrientas histéricas desnudas
arrastrándose por las calles de los negros en busca de un colérico pinchazo
hípsters con cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial
con la estrellada dínamo de la maquinaria nocturna…
ALLEN GINSBERG
De eso susurran los periódicos:
ángeles que perdieron su aureola
por un sorbo de trementina,
una generación que vacila
por rincones viciados de orina y cristales
[rotos.
Un reportaje habla de una nueva fiebre de
[rocío,
un oscuro rastro de hadas en la sangre.
Pero no solo se trata del polvo sagrado
que asciende de las alcantarillas
y el niño que vomita y tiembla
y se vuelve a tragar sus dientes destrozados,
sino de la palabra de piedra,
el bostezo de vida,
el sol que se derrama como vinagre.
Madres y padres que destrozan
la crisálida de sus hijos por un golpe de cielo.
Almas errantes que sufren y maldicen a Dios
en la medida en que se adhieren a la calle.
Insomnes que tiritan en el suelo,
que revientan sus venas de azufre
y gritan por arañar las sombras
que les rodean,
que les acosan, que les seducen.
Qué decir de los huérfanos
que tratan de resguardarse
con un pequeño rosario de lágrimas,
el viejo que se arrastra hasta el abismo
y escupe sobre la bendición de cada uno de
[sus años,
la mujer que se ovilla en el trastero de su
[mente
y cede su cuerpo por un roce de alba.
Qué hacer por estos jóvenes
que rabian por pastillas,
que sollozan por aire,
que rompen sus uñas podridas;
aquellos que velaban por sueños sencillos,
que guardaban su primer beso,
que pulían el nombre de su patria.
Ahora son los bastardos que manchan
el esplendor de América,
ahora solo sirven como ganado de farmacia.
Cuesta entender que aquello
que fue un hombre ahora se retuerce
como la cola mutilada de un lagarto.
Las noticias refieren que son casos de
[antología,
perdedores que arrinconan debajo del puente,
leprosos que no tienen que ver con la ciudad
[diligente y organizada.
Estos individuos que ya no resplandecen
y yacen perdidos
murmurando con letreros y zafacones
no son más que asuntos de gobierno.
La nota de prensa terminó sin reparar
en un joven que había quedado absorto en el
[amanecer,
colmado por un segundo de plena narrativa
[en sus ojos,
antes de volver a sumirse
en la fría mirada de los peces.
Alguien olvidó sacar una fotografía
de aquel único instante
en que parecía pedir
un último atisbo de clemencia
en nombre de la humanidad.
Eslabón
Guardo la opinión de turno en mi billetera,
acomodada entre mi corazón
y una tarjeta de crédito;
la aprieto cuando me cuestionan
en la palestra de corral,
cuando el pastor me señala
en un debate de borregos.
Quienes me rodean preparan la artillería,
se despeja el paredón.
Entonces asiento: tengo mis palabras al día,
y sonrío con horror.
Levanto el puño por la madre que apaga
las estrellas de su vientre;
felicito al niño que se pinta los labios,
a la niña que sueña con una pistola de juguete.
Me sumo a la caza de brujas
en libros y películas,
a la condena del colonizador.
Marco como misógino y racista
al primero que llame a una negra por su color.
Entonces asiento: celebran mi raíz pobre
y latinoamericana, y sonrío con vergüenza.
Me queda maldecir la historia,
escupir sobre el arte y sus designios secretos.
Observan si me pinto la cara, si me hago eco
de las dictaduras y sus hordas imaginarias
para rendir mi cuota de lucha
por eso que claman con sangre.
Entonces asiento: eslabón con bandera
y pañuelo, y sonrío con lástima.
Naufragio
¿Cómo podemos estar tan tranquilos
en medio de balas perdidas?
¿Cómo podemos mirar el cielo y sonreír
bajo la ceniza que cae como escarcha de
[nieve?
Sueño con millares de niños que se hunden
[desnudos
en los terribles silencios del mar,
millares de niños con los ojos
abiertos y brillantes
que se entregan regocijados
a fauces y tentáculos.
Cuántos deben caer como flores ajadas,
cuánta sangre ha de correr y retumbar
por el fino cristal del amanecer.
¿Cuántos cargarán a la luna como a una cruz?
¿Cuántos cadáveres tienen que arder
para descifrar el perfume de la muerte?
El caballero de media noche
…junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.
DYLAN THOMAS
El cadáver de un perro es pisoteado
y esparcido por raudos automóviles.
La moralina es un arcoíris sucio y deshecho
que se estanca en el contén.
Entierran a otra mujer porque alguien
no pudo mantener su bragueta cerrada.
¿Y todavía me preguntas por qué tiro
la moneda y apuesto por la poesía?
¿Todavía me preguntas por qué soplo
una pizca de arena a la luz de la luna?
Si la ciudad es una culebra de cláxones
que repta por edificios y túneles,
si mi hermano puede apuñalarme
después de abrir su cofre de sueños,
si la memoria se llena de plástico
frente a los caminos del mar y el sol,
¿cómo dejar la palabra en el cenicero
y rechazar la bendición de su música?
¿Cómo enfrascarme en el papeleo del día
y quemar, en mi corazón, las alas del verso?
Quizá no pueda salvar al cachorro que
se precipita feliz hacia la estampida de acero,
tal vez nadie escuche que grito
por el secuestro de los colores
en la paleta de la historia
pero, simplemente, no puedo callar mientras
una flor siga quemándose sobre el asfalto.




