Dennis Acevedo en La poesía te quiere vivo

Leemos, en el marco del dossier La poesía te quiere vivo de nueva poesía colombiana, preparado por Alejo Morales, algunos textos de Dennis Acevedo. Es poeta y narradora. Fue finalista del Concurso Nacional de Novela de la Cámara de Comercio de Medellín en 2022.

 

 

 

 

Dennis Acevedo es profesional en Creación Literaria de la Universidad Central. Ha publicado poemas en la revista La raíz invertida, la Revista de poesía, cuento y minificción del suroccidente Plantígrados, la Revista digital Kametsa y el portal Tras la cola de la rata. Fue finalista del Concurso Nacional de Novela de la Cámara de Comercio de Medellín en 2022 y segundo puesto en el Concurso de Microrrelato Altazor.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

En remodelación

 

Empezó pegando palitos de madera encima de los ladrillos.

Ya no quería la piel rojiza y despareja, la textura áspera, agresiva. Ojalá tuviera baldosa negra o piedras de colores tierra.

Prefería ser una libélula y no una casa.

 

Ya había intentado cosas muy estúpidas: se escondía para trasbocar el exceso de limpiavidrios que bebía en la cocina con la luz apagada a veces inundaba la casa y temía taponarse temía más acumular tanto polvo que sus tuberías se asfixiaran necesitaba ingerir desinfectantes que se quemara cada pegote de grasa en las paredes tragaba pastillas sin calma sin masticar desprender el asco hacia sí misma acumulado en cada esquina.​​ 

 

Después de comer así cada piso le dolía.​​ 

Se hinchaba lloraba de rabia. Tomaba lejía para dejar nadando a las pastillas junto al polvo y la grasa daba arcadas se revolvía como una lavadora la mezcla se agitaba el último recorrido desinfectante antes de ser trasbocada.​​ 

El dolor intensificaba la victoria​​ 

el líquido le quemaba la garganta manchaba los dedos dentro de su boca.

 

La casa quedaba temblando

las escaleras crujían el techo quería tumbarse en una cama porque el piso no deseaba sostenerlo.​​ 

Entraba en un letargo al que nombraba Tranquilidad.​​ 

 

Pero seguía

la sensación de mugre en el centro de la casa en algún centro que no lograba higienizar.

 

Remodelarse no le causaría la culpa que le dejaba vomitar. Terminó de pegarse los palitos de madera.​​ 

Un día cuando tuviera más dinero se iba a rehacer con otros materiales representar a sus raíces no desear ser un edificio porque su cuerpo también estaba siendo colonizado. Algo crecía y se resbalaba por sus tuberías

levemente

casi en susurros

decidió llamarle confianza

o amor.​​ 

 

Se había pegado los palitos y le encantaba el aroma que desprendía el pegante quería que la besaran

merecía cariño y atención iba a quitar el piso de cemento sembrar flores en la tierra.

 

Se quedó embelesada en la imagen de ella misma mientras caminaba bajo el sol.

 

 

 

 

 

 

 

Agorafobia

 

Es inverosímil la utilidad

de las palabras largas grandes mayores señoras importantes

para hablar de cuando no puedo bañarme

de cuando se refundió la conversación y la voz huye frente a un desconocido

de cuando​​ esto​​ se agarra al pecho con los colmillos afilados

 

Cómo decirle al jefe: no voy a trabajar porque hay un​​ algo​​ que no me deja salir de​​ 

 ​​ ​​​​ casa.

Entonces, la distracción: chatear con amigos, lavar la losa, arreglar la habitación, llevarse a la ducha, jugarle una trampa a eso que soy.

O activarlo.​​ 

Y entregarse al placer del daño. A sangrar por la herida por dónde más por dónde​​ 

 ​​ ​​​​ no​​ 

Cómo decir: es que llegué tarde porque estoy dudando si quiero seguir viva.

 

El miedo al futuro

en las úlceras del estómago.

 

Sigamos pensando que el amor es un líquido viscoso que alivia​​ esto

Nunca estaremos arreglados.

 

La insuficiencia de las palabras difíciles rimbombantes diagnósticos informes

 

Cómo decir: te voy a herir porque soy solo ira

Y tú me amas.

Así de inverosímil es el amor.

Pero es suficiente.

Y por eso logro salir de casa.

 

 

 

 

 

 

 

Día de descanso

 

Hoy hice pancakes. Sola. No compartí con nadie.

 

Mira, mamá: tu niña prepara pancakes por gusto. Los come sin reproches. Sola.​​ 

Feliz.

 

Mira, amor: esta muchacha compró la masa con su salario, ya no minimiza las​​ 

heridas por miedo a que la abandones. Come pancakes un domingo en la mañana​​ 

con sus canciones favoritas de fondo. Sola. Independiente.

 

Mira, amiga: a ti te quedan mejor los pancakes pero no puedo esperarte en la​​ 

nostalgia estéril. Cocino pancakes feos. Sola. Suficiente.

 

En cada mordisco, le rezo a las voces que me componen, a este museo hecho de​​ 

las personas que he amado, para ganarle a la tristeza y que un domingo en la​​ 

mañana sepa a algo más que nombrar a todos los que se fueron.

 

 

 

 

 

***

 

 

Claudia Valero

Librería

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