Poesía venezolana: José Joaquín Burgos

Leemos una selección poética realizada por Zorian Ramírez Espinoza del libro Cansancios de Orilla (2012) último título que publicó el poeta venezolano José Joaquín Burgos (Portuguesa, 1933 - Valencia, 2017)

 

Y SIN EMBARGO

 

 

Y sin embargo no aceptamos

que tampoco nosotros existimos

 

Nos nombramos

y nos creemos cuerpos

o ​​ palabras

y apenas somos la gota de silencio

que espera por nosotros

 

 

 

 

 

 

 

Unicornio

 

 

Ayer

me bebí un unicornio

 

Me bebí el licor de sus ojos

y comencé a llorar por su ceguera

 

acaricié su piel indestructible

tan frágil como el sueño

 

lo vi desvanecerse

en el aroma de una copa

 

sentí un silencio visceral

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ En la alta noche

cuando los recuerdos

hieren la piel del sueño

 

El unicornio

se hizo luz

finalmente

penumbra soledad

hilo de papagayo

brisa pura

entonces

escuché

la soledad perfecta

de Dios cuando reposa

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ y piensa...

 

 

 

 

 

 

 

Pescador

 

 

El pescador

echa sus redes al fondo de sí mismo

 

pero los peces huyen

por los ríos que el mismo desbordó

para atraparlos en la paradoja del tiempo

 

Clepsidra irrepetible

cada reloj tiene sus propias horas

 

cada segundo tiene su eternidad

 

cada recuerdo muere en el mismo olvido

que lo engendró

 

El pescador no sabe de estas cosas

 

El teje redes y las echa

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ soñando con los peces

mientras Dios hace nuevos hilos

y enciende constelaciones en el vientre del agua

 

En la orilla

el pescador es una roca que no existe

 

Nosotros

somos materia de esa roca

 

Un día

Seremos agua fugitiva

 

 

 

 

 

 

 

Discurso 3

 

 

Señores:

Definitivamente

me encerraré en mí mismo.

 

Trazaré mis propios límites.

 

Decidiré mis oficios.

 

Por ejemplo,

haré un par de zapatos

con tanta perfección

como si escribiera un poema.

Le pondré suela de endecasílabos.

Haré rimar sus tacones

para que retumben

cuando se cuadren militarmente.

Los coceré con arte cinético

para que las trenzas generen lecturas insospechadas

y enrevesadas fórmulas semióticas

si es que algún crítico llega a ponérselos.

Finalmente,

delinearé con toda exactitud

la huella que dejarán

para que no haya dudas

sobre mi insuperable maestría.

 

La ciudad, mientras tanto, gira.

Gira y me recuerda que soy un fugitivo

de mis propias incertidumbres.

Para qué entonces tengo que hacer zapatos

o meterme en otras materias.

Qué me importa, entonces, entre otras cosas,

que nadie haya podido comprender

la gravedad de algún informe geológico

o la expresa decisión del arcoiris

de esconderse

para siempre,

cuando lo condenen a permanecer

entre las alas de los grillos.

O qué me importa

si un papagayo se enreda en los hilos

de alguna telaraña celeste.

 

Todo es cuestión de rumbo.

De suerte.

De Padre nuestro que estás en los cielos amén.

Y que vengan los más jodidos enemigos,

o que San Juan agache el dedo

y se orine en plena fiesta,

en el centro del salón.

 

Qué importa.

 

Total,

nada quedará como evidencia.

 

Nadie podría atestiguar,

 

ni discernir sobre mi decidida posición

ante los delicados problemas que ustedes discuten.

 

Permitanme, ahora,

que guarde un minuto de silencio

por la cigarra que murió cantando

mientras un verso mío

(mejor dicho, las manos de mi nieta)

le desgarraron las alas…

 

Gracias.

 

Bien sabía que comprenderían

esta lección de semántica y de alta zapatería.

Esta fortuita coincidencia de intereses.

Esta simple metáfora

tejida así,

al vuelo de un segundo disfrazado de siglos.

Porque yo soy así, señores.

Por fuera un vendaval,

un fabricante de relámpagos.

Por dentro,

un niño náufrago, una mano que busca,

que tienta las paredes del sueño.

 

 

 

 

 

 

 

CANSANCIOS DE ORILLA

 

 

Náufrago

en la orilla ilimitada de mar o de galaxia

se vive

el sueño de la ausencia

 

en el atarceder heraldo de la noche infinita

 

íngrimo

 

únicamente con el recuerdo

de algún fantasma gris

borroso en la memoria

 

Se escucha

la música piadosa del silencio

silbando como un ángel perdido entre los árboles resecos ​​ 

cuyos últimos pájaros partieron

en el amanecer

 

Después llega la soledad y golpea

como una piedra

que cae

fatalmente

 

Se enciende entonces en la memoria

el inútil espejismo del regreso

 

Ulises

ebrio de amor en los brazos de Circe

 

Pero ya nada existe

 

No hay galaxias

ni mares

ni regresos

 

Es la hora del último naufragio.

 

 

 

 

 

 

 

José Joaquín Burgos (Guanare, 1933 – Valencia, 2017).​​ Poeta, ensayista, narrador, cronista, novelista y docente.Colaborador en diversas publicaciones periódicas venezolanas. Miembro fundador del Ateneo de Guanare y del Ateneo de Maturín. Editor del semanario​​ Tiempo Universitario​​ de la Universidad de Carabobo. Columnista de los Diarios El Regional, El Carabobeño y El Nacional. Fue director​​ del Colegio de Profesores de Venezuela y presidente de la Asociación de Escritores de Carabobo; miembro fundador de la Fundación del Libro Carabobeño, Vicepresidente Ejecutivo de la Editorial Cubagua del Ateneo de Valencia, y miembro correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo. En 2016 fue designado Cronista de la Ciudad de Valencia, ciudad que adoptó y por la que fue adoptado como uno de sus hijos más ilustres.

Títulos en narrativa: Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo​​ (1976)​​ El Pozo del Arcoíris (1995),​​ Torreparque (1988),​​ Don Juan de los poderes (2003),​​ La ciudad novelada​​ (2006);​​ Tres Ases (2007) y​​ Las Murallas del Reino (2007). En Poesía: Ronda de Luz (1956) Cuadernos Cabriales (1957), Los días iniciales (1963),​​ Guanare siempre (1973),​​ El unicornio (1991),​​ Guanare​​ Piedra Luz (1993),​​ Coromotanías​​ (1994),​​ Piel de Sueño (1996),​​ Cansancios de orilla (2012).

 

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