Nueva poesía cubana: Reineris Betancourt

Giselle Lucía Navarro construye una imagen de la nueva poesía cubana. Leemos aquí a Reineris Betancourt (Guantánamo, 1994). Es narrador y poeta. Ha publicado los poemarios Bordes e Hijos de Nadie.

 

 

 

 

 

 

 

Quién me da una moneda,​​ 

para que el hijo repose en el fango,​​ 

para que sus dedos​​ 

—con los que allanó la rabia y las flores—​​ 

no atraviesen esta vejez en la mesa.

Pretendo comprar gladiolos,​​ 

llevar al sur,​​ 

donde está su apellido en las innumerables lápidas,​​ 

estas rodillas de madre.​​ 

Si lo encuentro, le pondré en la voz la moneda común,​​ 

que fue de mano en mano el fruto,​​ 

así puede negociar la caída.

 

 

 

 

 

 

 

 

Vine a enterrar a mi hijo,​​ 

su sombra en el vientre y la casa,​​ 

es un rasguño amable para el inquisidor,​​ 

una carcajada reprimida en los salones del hogar.​​ 

Mi hijo que es un puño de tierra, ahora,​​ 

que sus riñones no están en su cuerpo de infancia,​​ 

que sus ojos se han ido junto a los pájaros,​​ 

que al andar sus mansos pies no vuelven.

Hay un largo gruñido,​​ 

una garra azul al final del comedor,​​ 

una densa oscuridad, casi amiga,​​ 

en la mirada que ha contemplado​​ 

el inicio de los duelos.

 

 

 

 

 

 

 

He dejado a este niño​​ 

en la última habitación,​​ 

ha venido del sur, dice,

y la voz va desplegándose en las fotos​​ 

de los abuelos.​​ 

Cometió el aburrido crimen de luchar,​​ 

descalzo,​​ 

sabiéndose árboles.

En el sur le trituran los pies,​​ 

le inflan el abdomen con agua sucia,

le abren los dedos con que pretendió​​ 

llevar la cruz y la venganza.​​ 

Pobre niño, sabiéndose hombre,​​ 

creciendo en la hierba enemiga,​​ 

esperando a los otros para avanzar o morir.​​ 

La sobrevida es una medalla cruel​​ 

en el pecho de los héroes,​​ 

por eso lo dejo dormir,​​ 

descansar la sangre revuelta,​​ 

escoger entre el velorio o la ensoñación.

 

 

 

 

 

Até tus cordones como amarrando la casa a tus pies,​​ 

eras tan pequeño, que no podías comprender el horror​​ 

de las tumbas sin nombre,​​ 

el filo del proyectil tras la oración,​​ 

el rezo del “no vendrá esta noche para la cena”.​​ 

Tus ojos eran animales inocentes,

​​ incapaces de ver el plomo y la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

***

 

Poetas cubanos del dossier 

 

Taimi Dieguez Mallo / Luis Enrique Mirambert del Valle / Ana Margarita Arada Clavería / Reynaldo Zaldívar

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