Lucas Margarit es Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires, su tesis trató acerca de la poesía de Samuel Becket y ha realizado su post-doctorado sobre la traducción y la autotraducción en la poesía de este mismo autor. Ex becario del British Council, UBA Doctorado, FNA. Es poeta y profesor titular e investigador en la Cátedra de Literatura Inglesa en la UBA. Ha colaborado con numerosas publicaciones y dictó cursos, seminarios y conferencias tanto en Argentina como en el exterior. Sus últimos libros de poesía, Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro, Vestigios de lo que se puede ver, Entre la tierra y el óxido (Antología) y Monteverdi (Variaciones sobre el deterioro). Entre sus títulos de ensayos, Samuel Beckett. Las huellas en el vacío, Leer a Shakespeare: notas sobre la ambigüedad y El monólogo mudo. En torno a la obra de Samuel Beckett. Ha traducido y editado obras de William Shakespeare, Sir Philip Sidney, Margaret Cavendish, Henry Neville, W. H. Auden, Samuel Beckett, entre otros autores. Con el grupo de investigación que dirige en la UBA publicó tres tomos de textos utópicos ingleses (dos volúmenes con textos del siglo XVII y un tercero con Utopías del siglo XVIII) y Poéticas Inglesas del Renacimiento. Es miembro de la Samuel Beckett Society, de la Asociación Argentina de Teatro Comparado y de AINCRIT. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al portugués, al catalán y al italiano y al sueco.
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Sobre Bosquejos para observar la obra de Anselm Kiefer, libro inédito de Lucas Margarit:
El título que reúne estos poemas formula una propuesta. Pensemos, ¿que está proponiendo Lucas Margarit al decir bosquejos? Bosquejo: diseño preliminar, traza primera y no definitiva. El poeta nos ofrece unos bosquejos para observar. ¿Para observar qué? Para observar la obra de un artista que crea destruyendo dentro del proceso mismo de creación en una circularidad que parece no tener fin. Arte matérico el de Anselm Kiefer, la materia buscándose a sí misma, el empuje hacia lo elemental, hacia los elementos: agua, tierra, fuego. Pareciera la búsqueda de lo originario a través de la destrucción. Ese movimiento circular que va del incesante superponer capa sobre capa de pintura hasta su demolición a cuchilladas, o a través del desgaste de una lluvia a la que queda expuesta, o por acción del fuego, o del plomo fundido. Holocausto puesto en obra. Pero, ¿qué nos propone el poeta ante esa presentación del holocausto hecho arte? ¿Qué aparejo resulta de estos bosquejos en forma de poemas ofrecidos para observar la obra de un artista de la desolación? ¿De qué se trata? ¿Tendrá algo que ver lo inacabado del bosquejo con ese peculiar non finito -muy diferente por cierto al de los maestros renacentistas-, que el poeta capta allí en esa obra y captura en lo que escribe? Y si eso es lo que se intuye en su lectura: ¿de qué manera se conjuga lo inacabado del bosquejo -que es del orden de lo preliminar respecto a lo que todavía no llega a ser- con ese non finito de Kiefer que parece tender a la muerte, a la nada, a la materia reducida a su final, como el polvo al polvo del Genésis? Esos bosquejos, Lucas Margarit los ofrece para observar. ¿Observar qué? Acaso lo que no está a la vista. Recuerdo esa Pietá maravillosa del arte del non finito, la Pietá Rondanini, obra terminal de Miguel Ángel. Me vuelve entonces esa palabra que también aparece en uno de los poemas: piedad. Es que en lo inacabado hay una promesa en relación a lo que aún no es, pero que ya vendrá. Lo conmovedor de esa Pietá -como alguna vez se lo escuché decir a Gastón Burucúa- está justamente en esa promesa que se registra en el no acabamiento. Algo llegará, algo advendrá. Y será mejor, más cercano al bien de la belleza. La materia abierta por fin al espíritu. Podríamos hablar de una esperanza, en suma.
Una esperanza. Difícil encontrarla a simple vista, rescatar esa promesa en la obra de Anselm Kiefer. Quizás esos bosquejos que nos ofrece Margarit nos brindan la posibilidad de observar aquello que no se ve a simple vista: el anhelo de redención, la esperanza que no sucumbe, que se revela ante una mirada piadosa y una escritura que encuentra su luz al fondo de un abismo.
Raquel Jaduszliwer
Bosquejos para observar la obra de Anselm Kiefer, inédito de Lucas Margarit.
Esos restos hundidos
en barro rojo
rojo era el trazo de las manos en las grutas del sur
y la cabeza de un pájaro en la intemperie
también el fruto sangriento del olivo
la arena que se asemeja
al lodo de la creación puede esconder
el cuerpo que espera
el barro de la vida es siempre
el barro de la muerte
II
¿qué podías ver, ya cansado,
entre las flores quemadas
y el humo que subía
helado
en el invierno?
III
¿sobre qué restos grises
escondiste tus manos
y las cosas inmóviles de la perseverancia?
sobre los mismos restos
de la guerra
veo
lo que deseaba ver
y lo inacabado
moscas, lombrices
y aquellos papeles donde podíamos leer
“Nacht” y “Himmel”
así sabíamos
que había suelo y lodo
túneles donde se perdía
la oscuridad
IV
una pared siempre desmoronada
para mezclar cascotes con reliquias
un cuerpo resucitado entre los colores
“los libros de Anselm Kiefer”
se acumulan debajo del mar
los restos de algunas líneas trazadas en el papel de acero.
el óxido y el hábito del agua
y el resplandor del sol sobre
las palabras oscuras. el sol que
brilla sobre una hoja de felpa
invierte el sentido de la cruz. un antílope
cansado se detiene y espera.
leemos en cada libro
pesado como el pan
el infierno y la conquista
“los paisajes y el fuego”
bajo la tierra seca
se apoyan
las semillas y los huesos,
las plumas de un pájaro junto a
la ceniza de la madera.
lo viviente y lo sólido.
una piedra se vuelve
parte de la piedad.
“Das Buch (1979-1985)”
cada página
es un desierto
que ampara al gusano que
nace bajo la tierra y
escapa
el libro y la estepa. el libro abierto y la tierra seca.
lo oscuro y lo inalterable.
el balbuceo y lo desolado.
¿qué es lo que queda en un mundo
efímero como la forma del agua?
traen rinocerontes
en barcos por la noche. un río
que corre como parte de un cuerpo que agoniza.
traigan otra vez tu cuerpo y tu misericordia y
traigan la nieve y la sangre. la inmensa oscuridad
alrededor de la piel.
Für Robert Fludd (1996)
entender
el mito
es invertir
la historia
del dolor
el sonido del barro es una aproximación
a la sustancia de los ángeles
la superposición de la materia como forma de una poética
coda
estos muertos
se involucran
en el hambre
y en el frío
viene la lluvia en este vacío
y viene el viento oscuro y el óxido imperturbable
llega el dolor entre esas risas aborrecibles
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