Transmutación. Autobiografía Interdimensional de Gael Mondragón. Nueva novela de Glafira Rocha

La dramaturga y narradora mexicana Glafira Rocha publica Transmutación. Autobiografía Interdimensional de Gael Mondragón (Círculo de poesía ediciones, 2025). Leemos aquí un adelanto de la novela a propósito de su presentación en la Fenali de Puebla el próximo sábado 21 de marzo a las 17:00 horas en el Salón de proyecciones de El Carolino.

 

 

 

 

 

 

 

DIMENSIÓN ALTERNA 1

 

 

“Todo empezará con la sed y el dolor en las mamas. La alarma de una falta de certeza, el miedo frente a una ventana donde observas una luz en el cielo”, me dijo la voz, mi voz.​​ 

La transgresión en el tiempo ocurrió cuando una desconocida me envió un mensaje escrito, o, quizás fui yo quien lo mandó. Es probable que ambas lo redactamos a la misma vez. ¿Fue sólo una probabilidad?, no lo sé, Tampoco estoy tan clara si fue de día o de noche en medio de una caminata.​​ 

Nada de esto podría ser real, a menos de que vea de frente a esta persona llena de enigmas.​​ 

Lo que sí recuerdo muy bien es que la inquietud y mi curiosidad me guiaron por un deseo imposible de concretar: ella es mi hermana, aunque sé que soy hija única.​​ 

Creo, o, quiero creer, que mis amigos imaginarios se derrumbaron cuando dejé de considerar lo posible para darle lugar a lo improbable.​​ 

Ahora que lo reflexiono y mis pasos se dirigen para verla, lo sé, fue ella la del primer contacto.​​ 

Mi hermana existe, sé que ya no es una fantasía, aunque mi madre niega haber estado embarazada de otra hija.​​ 

En veinte minutos exactamente, la conoceré.​​ 

Camino con paso corto pero ágil, cubro con una sombrilla los intensos rayos del sol. Mis pasos son diminutos porque no quiero que los​​ converse​​ rojos se llenen de polvo. Cubro con mi cabello azabache el ojo izquierdo; me gusta entrever por los hilos de pelo, porque tejen una realidad que sólo a mí pertenece.​​ 

No sé qué hora es, sin embargo, comprendo para mí misma, que si no me apresuro llegaré tarde.​​ 

El tiempo desaparece sin que me dé cuenta. Tal vez, porque vuelo con mis ensoñaciones o es porque evito pasar por este extremo del malecón.​​ 

En Nabalta no se puede cruzar la ciudad si no atraviesas sus cuatro ríos, pero, no deseo caminar por aquí, no quiero subir ese puente peatonal porque aparece en mi mente aquella mujer de la que nunca supe el nombre. Ese cuerpo inerte ante el recuerdo de mis ojos de infancia.​​ 

 

 

 

***

 

 

 

Gael tiene seis años. Está en las laderas del río donde hay unos juegos infantiles, el abuelo Rafa la columpia y a lo lejos mucha gente se aglomera. La niña es fisgona, de un salto deja el columpio y corre para ver qué pasa.​​ 

Mi curiosidad Gael, tu curiosidad, siempre ha sido un privilegio que abre hacia nuevos universos. De manera automática… yo, tú, te bajas del columpio para ver qué pasa, el abuelo se queda impávido, trata de correr detrás de ti, de mí, para cubrirte los ojos, pero no puede.​​ 

Una mujer flota en el río. Un cuerpo desnudo, cuyo pubis está cubierto por lama verde amarillento, invita a la niña a que cierre los ojos, pero Gael no puede, llora sin parar.​​ 

Las quemaduras redondas de los cigarrillos en las piernas de la mujer, brazos y pechos exponen uno de los implantes, la niña piensa que esas marcas son peces de colores. El cuello enrojecido con una fina línea amoratada simula a un collar rígido de plástico, como el que las niñas usan para sentirse mayores en el juego de “las comadres”. Los ojos de la mujer están abiertos, el cuerpo se gira y creo, crees, que te ve.​​ 

Me acerco más, Gael se acerca más, para ver que la mujer está rapada. La niña Gael toca su cabello hasta la cintura y empieza a llorar, le duele ver a una mujer sin el adorno de su melena.​​ 

Gael es curiosa, pero no igual que los que hablan, que los que ven intrigados en medio del morbo simulado con el deseo de justicia.​​ 

––Tiene marcas en el cuello, yo creo que la ahorcaron y la aventaron al río.​​ 

––Se ve jovencita.​​ 

––Qué lástima.​​ 

––¿Quién sería capaz de matar a una muchachita?

––Seguro andaba en malos pasos.​​ 

––Estaba con otro y la agarró el marido.​​ 

––Por puta, por eso la mataron.​​ 

 

 

***

 

 

¿Por qué no dejarle algo de dignidad?, aún me pregunto sin darme una respuesta. ¿A cuántas mujeres las han ahogado ahí?, ¿cuántas más desearán ahogarse ellas mismas? Me pierdo en el paisaje de nubes rojizas, amarillentas, rosas y morado. La belleza de los atardeceres de Nabalta no concuerdan con lo que aquí ocurre. Sigo caminando.​​ 

¡Ya es tarde!, me recrimino internamente y apresuro el paso; de nuevo me detengo. ¡Si es mi hermana, la curiosidad la hará esperarme! ¡No me gustan las prisas!​​ 

Prefiero caminar lento porque me pierdo de mí misma…

 

 

 

 

 

 

 

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