Bárbara Alí (Buenos Aires, 1984). Es Licenciada y Profesora en Letras (UBA). En 2020 publicó Movimiento de ida (ediciones deacá) y la segunda edición de La mancha de los días (Editorial Kintsugi). En 2017 participó en la Antología de poesía Liberoamericanas. Compiló, junto con Roxana Molinelli, la antología de poesía Otros colores para nosotras. En 2021 resultó ganadora del Premio Unicaja de Poesía con el libro Memoria fantasma publicado el mismo año por la Editorial Pre-Textos. En 2023 publicó Amor animal (Editorial Viajera) y Escribir la noche (Mandrágora Editora). En 2024 publicó El mar dentro del cuerpo (Editorial Golosina). En 2026 publicó Una casa en el aire (Editorial Golosina).
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En las ataduras de la época aflora, voraz, un catálogo imperial. Mímesis de una base que se autoasigna existencia, oculta la falla. Impone el modo de mirar aquello mismo que enuncia. Lo significa, y al hacerlo, lo vuelve significante. Sin embargo, fiel al habla de lo que no acepta destinos, la poesía de Bárbara Alí se desliga de la compulsión administrativa y el resignado inventario de lo visible. Claudia Masin advierte que en ella prevalece una pregunta clandestina: “¿Cómo encontrar una escritura que no busque conquistar ni poseer ni dejar marca, que no sea igual al movimiento codicioso, torpe del cazador frente al ciervo de pies livianos como el aire, que no va a dejarse alcanzar jamás, que va a ir siempre un paso adelante?” (2020: 7). Ajena a los dominios de la representación, Alí asiste al despertar de un cuerpo imperceptible. Las palabras ya no transportan información. Se dejan caer entre las ruinas de percepciones minúsculas e inesperadas. A salvo de cualquier fundamento, reverberan en el decir de una singularidad inclaudicable. Dan señales del flujo incesante y multilineal que las agita. El roce protege la mano de la tentación predatoria de la cacería. Como no es otro sino ego quien dice ego (Benveniste 2015: 181), el lenguaje hiere de muerte a quien lo confunde con una herramienta. Alí lo sabe y no predica. Lee entonces en los bordes sinuosos de esa herida, la efectuación azarosa y lejana de una grafía en fuga: “Una caricia del viento que dibuja figuras en el aire”
Mariano Calbi
Memoria fantasma, Editorial Pre-Textos, 2020.
Desde hace unos meses
quiero aprender braille
ensayo pasando
la yema de mis dedos
por cualquier cuerpo o cosa
donde creo
que puede haber una respuesta.
Cuando pasé el otro día
mis dedos por tus labios
decía
las palabras no alcanzan
hay que buscar
en otro lado.
Trata de recordar
el calor de las manos de su padre
aquella tarde en la plaza
el viento soplaba fuerte
y levantaba la arena
solo suena en su cabeza
el chirriar de las cadenas de una hamaca
ese sonido agudo del metal oxidado
busca en sus bolsillos
algo para apretar como amuleto
recordar es siempre
un movimiento en reversa.
Con las puntas de los dedos
trato de hacer contacto con el mundo
mi padre era la electricidad
la luz el rayo
pero un día se fue
y quedé flotando
sin peso
como estas palabras
que tratan de agarrarse fuerte
a esta página en blanco.
Hay un pueblo
con el nombre borrado
en un cartel.
Hay vías
que se pierden a lo lejos.
En medio de la neblina
una forastera llega
un atardecer frío.
Aquí alguien podría decir
que es domingo
y podría ser cierto.
Casi cualquier cosa
podría ser verdad
cuando hay tanto silencio.
Pienso en inventar
y no sé por qué
ahora un pájaro amarillo
se acerca a mí
aunque tenga
las manos vacías
de alimento.
Escribir la noche-Mandrágora Editora, 2024.
Algo se vela cuando abro los ojos.
Tanteo como ciega entre la bruma.
Quiero traficar imágenes.
Saber quién soy del otro lado.
Otra vez insomnio. Dar vueltas tratando de encontrar un punto de apoyo donde dejarse caer. Hablar con alguien que no está. Querer hacer silencio. Esperar. Los ojos son dos faros de auto proyectando luz sobre una ruta oscura.
Esa necesidad de luz que no te deja ver, me digo.
Tengo que enseñarme a estar ciega.
Días de horizontes brumosos. Las cosas pierden sus límites. De golpe una rama me pincha la garganta o estiro la mano para buscar el vaso de agua y se aleja, se resbala, cae. Le pido al sueño algo como una casa. Soy una peregrina caminando en círculos en el desierto. Me froto los ojos y los cierro, me dejo llevar por la inercia del sueño. Ojalá se dibuje un camino.
Escribo para que algo sea. Confío en el silencio de la página en blanco con una devoción de una monja de clausura. Deslizo el grafito del lápiz como si te acariciara a la distancia. Una correspondencia secreta. Mi pacto con el tiempo.
Una casa en el aire, Editorial Golosina (2026).
Este libro comienza con una casa en el aire
esbozada una tarde de febrero
en la hoja de un psicotécnico
para un ingreso laboral.
Para ser sincera,
le hubiese dibujado raíces.
(El surrealismo me parece
la expresión más justa de la realidad),
pero con los años aprendí a adaptarme
a lo que esperan de mí.
Llevo un espejo adentro del cuerpo
que todas las noches rompo
y bailo sobre los vidrios.
Una casa poblada de extranjeros
es igual a una lengua castrada:
las palabras
dos veces lejos
del cuerpo.
Errancia no es errar
es escarbar en espiral
inventar cada vez un cuento
una choza decorada
pedirle al viento
clemencia.
Quizás
escribir sea
construir una casa
para los fantasmas.
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Otros autores
Valeria Pariso / Inés Aráoz / Lucas Margarit / César Cantoni / Gustavo Caso Rosendi / Diego Muzzio /

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