Pórtico
Por Dinapiera Di Donato
Un legado
Una crepitación impone el ritmo exacto que nos entrega a la tierra, la transmisión del ritmo de la poesía viva aceptada. Abraham Abraham Greige vuelve a poner en marcha un mecanismo de veladuras y despliegues extraído del depósito de la imaginación donde reelabora el tejido de instantes capturados por la poesía.
Esta vez es el cuerpo de una tienda llena de escenas que arden. Se trata de la herencia. El tiempo es el fuego que consume al ser mientras lo hace. Qué potencian los muertos en nosotros.
En cada sesión del libro dividido en Inventario, Mostrador, Vitrina, Anaquel y Santamaría los poemas asoman claves de la vida material que carga de significado la experiencia erótica de la creación. El cuerpo del almacén fundido con el del progenitor con hábitos de escritura y declamación baila la música traída consigo en sus desplazamientos forzados y ofrece un festejo de géneros sensuales que marcan la coreografía de los suyos y de la comunidad de acogida: es el génesis hecho de metrajes de telas entretejiendo a la madre y a los hijos hasta que un siniestro destruye el palacio de los nombres que estaban en el corazón del padre.
Las voces emprenden formas de reparación en el relato de lo recobrado.
Con los restos, los refugiados abren una nueva tienda convertida muy pronto en el resonador del vecindario, con su educación sentimental penetrada de la industria apabullante de la cultura popular, los sabores de la gastronomía desconocida, los mitos de la calle y los grecolatinos de las láminas de historia del arte de la escuela. El agua de lluvia y la trementina para la pintura al óleo de un niño, la nueva luz de intenso verdor, van limpiando destrozos. Un hombre vuelve a cantar y a recitar, a abrir y cerrar su misteriosa maleta turca ofreciendo cortes por los caminos de aroma intenso, pero en el almacén del poema, al hijo le parece ver en el reflejo de las vitrinas a un poeta escribiendo enjaulado en el cuaderno de su destierro.
El almacén Nueva York hizo de las vidas una pintura, leemos. Había que tomar nota sobre la materia de cuidado, la volátil memoria, para revivir tejidos humanos del tiempo eterno y perecedero, y procurar desde la trastienda la mirada doble del que crecía en una familia de escritores de origen sirio-libanés. Alta cocina del fondo; pintar, estudiar medicina, ensayar recetas, comenzar de nuevo, así el cuerpo familiar hecho de tierras dispersas de donde había transmigrado aprendió su paso de ida y vuelta a partir de recomposiciones de lugares desaparecidos.
Un autor
Abraham Greige recala en Caracas a comienzos de los años noventa en un taller literario dictado en la sede de la editorial Monte Ávila por Rafael Arráiz Lucca y cuyos participantes integrarían el grupo literario Eclepsidra que inicia un proyecto editorial. La primera edición es una antología de poetas, Vitrales de Alejandría (1994) de la que formará parte.
Ese mismo año es la publicación de su libro Sultani, en el que espacios y seres mostrarían formas de imaginarse en la finitud y la violencia de las empresas vitales, tamizados por la mirada furtiva y no menos compasiva de un escriba que entra y sale de escenas fugaces llevando pruebas y buscando remedio. Ya se muestran los procedimientos de desdoblamiento de su autor y oferta del propio cuerpo para acoger al otro.
El libro iniciaba con el descubrimiento de los escritos que pudieran identificar y volver a la vida de los hechos a una mujer convertida en rumor de calle, envuelta en un crimen de violencia de género que nadie denuncia. Sultani era la pregunta y también la respuesta por lo femenino inquietante, por la parte sacrificada, por la sombra de aquellas infancias vigiladas; el poeta le escribe a ella su propio libro donde la invita a reunirse a sí misma en sí misma: Un fetiche/desmarca a la luna. /Un árbol sin ramas se eleva/hasta el estío de una aldea sin dinastía;/esconde bajo sus raíces/una hogaza de escrituras... Los textos harán las pesquisas del levantamiento de un cuerpo que no descansa en su reclamo desatendido, restituyéndole el derecho de palabra. Se forma en el libro un boca a boca de respiraciones, en el ritmo del poeta que se funde en ella en una metamorfosis con ella. Al final, el poeta de Sultani, el testigo escritor que ha velado por ella, completa, por la poesía, la recuperación del ánima: Se entrelazan las frases, las de Sultani humana e imaginada, con las del cuerpo del poeta que la dice y es hablado por ella: Hoy la descubro en el fondo/de una taza de café…, concluían las líneas de cierre.
El autor es el malabarista de su propia vida mientras mira por otro; viaja en sí mismo para encontrarse mejor consigo y con todos. Sujeto a formas de clandestinidad, de simulaciones imprevistas o muy elaboradas, de anonimatos y riesgos de la mutación defensiva constante, es empujado a una reinvención común de la manera de ser poeta en un horizonte donde se cumplía el destino de despertar otra clase de memoria sin resiliencias edulcoradas. De ignorar menos y reconocer más las formas de captura y avasallamiento, de reconocer nuestros propios símbolos aglutinadores de la defensa, el festejo, el duelo, abrasados en la potencia de echados al camino.
En El Almacén New York
Mostrar y ocultar la verdad de la poesía nos sorprende a través de la función poeta que transmuta entre las voces textuales moviendo piezas caleidoscópicas de un arquetipo de testigo memorioso. La imagen seminal que reanima al poeta de este libro es el fuego de donde sale la vida de lo no creado. El yo escritor de cada pieza se desplazará entre murmuraciones atravesadas por la elocuencia mayor de una quema y la mano que dicta será la misma del escriba con conciencia irónica.
Despertado entre quemaduras, asiste al hechizo de horror que abre al inframundo abierto momentáneamente entre llamaradas y se transformará en el portador de la noticia llevada en el propio cuerpo sin palabras. Para armar las partes que faltan de las experiencias arquetípicas, los poemas van a hablar. Juntarán indicios que cada mirada va dispersando al avanzar en la lectura, buscando a dónde nos llevaron los ojos llenos de humo, en qué orilla los descansamos.
Reparar escenas deshechas, contemplar y capturar con el lector huellas develadas de su verdad es la invitación. A partir de la combustión, las figuras de destino regresarán como apariciones instantáneas, diseminadas en las pinturas de las llamas del padre y que un niño retiene, primero en ensayos de pintor, y que el poeta adulto recupera en sus hábitos de vida contemplativa, entre libros y galerías de las vicisitudes de su vida futura. El autor de Almacén New York cocinará para los suyos y cuidará de sus pacientes, el baile de su propio misterio devolverá la escena germinal que enmarca las voces del poeta del libro: el retrato del padre que supo ser feliz con su destino y escribió y amó en otros idiomas, convertido en su autorretrato.
En el último texto de Almacén New York, hemos aprendido a navegar por el trauma de las cenizas. El lector puede acompañar al contemplador para completar lo ausente, suturar los fragmentos del cuerpo amado y lo invisible de la vida que ponemos y perdemos. Recobrado el tiempo, materializa la forma de la existencia efímera y desnuda de angustia de la obra El tañedor de laúd de Caravaggio que interpreta ante nosotros la canción de amor que no cesa.
En estas líneas finales las cabezas del pintor que se pinta a sí mismo separando las cabezas de sus cuerpos flotó antes en otro poema que nombra a Medusa que a su vez evoca la decapitación de Juan Bautista con su propia cara, motivos de la pintura, la ferocidad del deseo que es la vida pasada, presente y futura: No era precisamente una lágrima de mar la Medusa/que jugaba sobre la terraza del ocaso/del paso Caruachi /sino las caras que junto a la mía/se atrevieron a acechar torsos de amor ardiente/algún cuerpo/exilado. La carnalidad vital y su obsolescencia, la aceptación amorosa de la condición perecedera y fluctuante de la vida mental y física. Así la mirada que cierra el Almacén New York recobra en la llamarada eréctil del andrógino músico el cuerpo entero bello y decrépito de los autorretratos cercenados desunidos de su tronco, carne que el tiempo transforma.
Quemados o renacidos, trasvasados de una generación a otra en el tiempo pasado y futuro del ser que vamos siendo, la poesía nos recobra en los retales de palabras intercambiables antes y después de nosotros: misteriosas notas de laúd / que introduzco en el pecho/ de la fibra más deseada/ y me voy descalzo/ hasta el punto de encuentro/ del ángulo de oro/ incierto/ de la/ fortuna.
***
Hoy me han vuelto a hablar de ti
y regresas como brillante silueta
que levanta un baile
al entonar Ron con Coca-Cola
el calipso de las hermanas Andrews
junto a la banda de Bing Crosby
Aunque tarde
supe que era la resonancia de tu pasaje
por Trinidad
el eco de la gracia de tus pasos
para borrar adversidades
mientras te miraba junto a mis hermanos
contenidos a la fuente
de una ternura inagotable
Me han vuelto a hablar de ti
y estos dedos que son extensión
de los tuyos
escriben para sostener que tus canas
eran contrarias a tu espíritu
lleno de resplandores y murmullos
Esos versos que sembraste al azar
se esparcen en una voz que hoy
fortuitamente
me habla bien de ti
papá
y veo al viejo Isak Borg de Bergman recogiendo fresas salvajes
para salvar su alma
mientras elevas las puertas de tus amigos
para salvar la tuya
y me extiendes
tu antebrazo de acero
para colgarme
como antes
de un lado a otro
al compás de tu oración
purísima
exacta
***
En la fuente de soda Lucetti
una pareja baila siguiendo el compás de la música
hacia atrás
Ellos viven muy juntos
en mi entrecejo
él toma la cintura de ella
y marca la danza
mientras ella lo sigue
mira sus pasos para no equivocarse
en una pista de cemento verde
muy pulido
entre mesas y tragos de guarapita
hacia atrás
Brillaban la señora y el señor
ella de gran falda con cinto de vaivén
él de lino y sombrero pelo de guama
siempre juntos
hacia atrás
Su vuelo
jamás se ha interrumpido en mi frente
y como no tengo registro exacto de la música
que los hizo eternos
bailo a solas oyendo melodías de estación
hacia atrás
en homenaje a los que en adelante
fueron mis amigos y no lo sabían
Yo los registré
con ojos de niño que escapa de su casa
y contempla la ternura de espaldas al mundo
deslumbrantes
sobre una cuerda de cemento
en la Lucetti
hacia atrás
***
En el desenlace
del pozo que fue deseo
quedó el ruido
colores que trazaron
el camino en medio de la
niebla
espesa
El copo del almendro
protegía
su joya más preciada
un fruto dorado
en el centro del patio
con surcos
de escobillón
una pequeña grieta
que sigue incrustada
hasta mi tórax
para conocer
oficios mansos
sin
orientación
Ahí siguen las cuencas
de los ojos que amé
el tiempo silencioso
de las enciclopedias
las visitas a hurtadillas
en los zaguanes
que ahora sostienen
la apacible venganza
del ensueño
Los verbos siguen
conjugándose
se vierten
en el estanque repleto
de hojas laceradas donde quedaron
los metales
que toman de nuevo las falanges
del púlpito amarillo
cadmio
y suplican
vuelvan
otra vez
como ungüento
de antiguas señales
desgranadas
sobre papel de cuaderno
con alivio
de alba radiante
***
Mil novecientos cincuenta y ocho
Mil novecientos cincuenta y nueve
Mil novecientos sesenta y dos
tres arterias
una carta de amor
un poema escrito con signos
antiguos
de Ugarit
una sed se desliza
debajo de la puerta de la doncella
excluida
recién llegada
al río
profundo
temible
un almacén
El Almacén Nueva York hizo de las vidas
una pintura
la de mi padre que daba por perdida
la de los timbres que me ocupan
y colman
los resquicios
el esplendor
que se hizo ruina
Allí se concentró la brisa de las entrañas
el caldo letal de la historia de los umbrales
el metraje
de los géneros
el canto
desprendidos de los párpados
que divisaron a oscuras
el rumor de la libertad vencida
Detrás de la puerta
todas las puertas
dieron paso a la quietud
de la danza
Las maderas del aire de la luna
iluminaron
la vuelta
de los metales
mostrando el reverso de su cara
al sur
***
Alcanzó la quietud
de los reflejos que una vez pisé
y ahora me abrazan
Acerco mi oído poco afinado
encuentro la verdad
en forma de garúa
que bautiza a un pueblo antes de llover a cántaros
como flauta
que resuena fiel a sí misma
y apoya
la evidencia de atrapar la belleza
más cercana
El timbre que levantó espejismos
fue accidente en la boca que desprende
vapor
estridencia y ruego
como discreta sonrisa de ventana
que abre su propio
calabozo
Atrapo historias
que aún flotan
en el corredor del iniciado
derraman perfume de óleo
euforia de colores anidando la tarde
querubines y dioses
danzan sin rigor ni recato
en un concierto de
gajos
de madera
regados
para no extraviar el camino
Como el Caravaggio
encuentro misteriosas notas de laúd
que introduzco en el pecho
de la fibra más deseada
y me voy descalzo
hasta el punto de encuentro
del ángulo de oro
incierto
de la
fortuna
Abraham Abraham Greige (Ciudad Bolívar, 1958) Artista plástico. Médico. Participó el el taller de realización literaria del CONAC coordinado por Rafael Arráiz Lucca 1991 - 1993. Sus poemas han figurado en las antologías Colinas y Colindantes de Editorial Predios, y en Vitrales de Alejandría de Editorial Eclepsidra.
Dinapiera Di Donato (Upata, Venezuela, 1957). En Venezuela fue profesora de la Universidad de Oriente e instructora de escritura creativa en el Centro de Actividades Literarias José Antonio Ramos Sucre (1990-1998). Entre 1977 y 1986 residió en París, donde cursó estudios de literatura. Desde 1999 vive en Nueva York, donde ha enseñado lenguas y escritura creativa. Colabora regularmente con ViceVersa Magazine.
Es autora de El Libro de Alicia (2024), Mención de Honor en los USA International Latino Book Awards 2025; Relatos (2016); Contar Aristeguieta (2013), subvención del The Northern Manhattan Arts Alliance (NoMAA), Colaterales / Collateral (2013), galardonado con el Paz Poetry Prize 2012;La Sorda (2011); Libro de Rachid, Avenida Paul Doumer (1996), ganador del Premio Bienal de Poesía Tomás Alfaro Calatrava; La sonrisa de Bernardo Atxaga (1995), reconocido con el Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonso; y Noche con nieve y amantes (1991), merecedor del Premio Bienal Internacional de Narrativa José Antonio Ramos Sucre.




