Poesía mexicana: Iván Rocha Rodelo

Leemos una muestra de poesía mexicana reciente. Leemos al poeta y ensayista Iván Rocha Rodelo (Culiacán, 1996). Autor de dos libros de poesía; en ambos libros su voz explora los conceptos de lenguaje, enfermedad, cuerpo.

Leemos una muestra de Iván Rocha Rodelo (Culiacán, 1996). Poeta y ensayista. Es autor de los libros Nosología imaginaria (UAS, 2024) y Bitácora para nombrar la locura (ISIC, 2025). Obtuvo la Beca de Estimulación Artística "Antonio Haas", en la categoría de Poesía, por El Colegio de Sinaloa, en 2023. Es columnista en la revista Timonel, del Instituto Sinaloense de Cultura, desde marzo de 2026. Forma parte de las antologías La liebre es ligera (ISIC, 2018) y Álbum Rojo (ISIC, 2018). Ha publicado reseñas, ensayos y poemas en revistas como Nexos, Timonel (ISIC), Trazos Pedagógicos (UPES), Revista de la Universidad Autónoma de Sinaloa, entre otras. Es corrector de estilo en Editorial UAS y profesor en la Facultad de Filosofía y Letras (UAS). Actualmente cursa la Maestría en Estudios Culturales (FFyL UAS) y coordina programas de lectura y difusión literaria en el ámbito universitario.

 

 

 

 

De​​ Nosología imaginaria​​ (2024, UAS)

 

ANESTESIA

 

El dolor no nos sigue: camina adelante

AntonioPorchia

 

(Por mucho tiempo no fue la enfermedad,

sino el dolor, la inquietud de los médicos)

 

El nombre Dolor es corto:

pocos pueden soportarlo.

Su peso arraiga en cada letra

aunque su grafía​​ 

no admita distancias

ni dimensiones luminosas.

El nombre Dolor es verde

como el color de los venenos:

recorre los páramos del grito

es animal hambriento:

un ave

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ con las alas rotas

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ tiembla.​​ 

 

El nombre Dolor avanza

delante de nosotros:

va fundando

la capa más oscura

de nuestra sombra.

 

 

 

AFASIA

 

(Pérdida de la capacidad del habla y de la escritura)

Para ilustrar la afasia, algunos versos en los «Veinte fragmentos pensados por Salvador Díaz Mirón dos semanas antes de morir», poema de Francisco Hernández.)

 

I. Me impide hablar el peso de la lengua

El animal que hace poco era cicatriz se enrosca. Lo que dice se dilata. Falanges color selva diseminan su reino. El animal es raíz. Crecida humedad latiente en el hueso de la hierba.

 

II. La lengua, pez embravecido​​ 

La hierba es venenosa. Una oración disuelve sus migajas en el verde de la sangre. La oración se pierde. Su rastro, blanca estela inscrita en la cara de la​​ hoja. La tarde la encuentra erguida; desde aquí es casi un árbol. A lo lejos se adivina su sombra.

 

III. ¿Nombran a Dios al bostezar los peces?

Una mariposa se detiene. Sus alas se despliegan mostrando los cristales de su cuerpo. Brillan las formas con la luz que se cuela entre el ramaje. De pronto una lágrima la encierra. Queda un círculo marrón y a la hierba le crecen racimos de ceniza. La ceniza es un silabario. Unas letras caen al suelo y se marchan con aleteos diminutos; otras vuelven al cobijo de la lágrima como cardúmenes de tinta.

 

 

 

DERRAME CEREBRAL

 

(Ocurre cuando la negrura​​ 

avanza, implacable, en el cerebro)

 

El cerebro no quiere ser pensado.

Es lo más cercano a un pulpo. Su sustancia se resiste al dominio de las ideas. Está ahí como una nube haciendo llover sus aullidos, derramando sus cables por el cuerpo.

Empleamos tiempo y rigor para hacer del cerebro una ecuación. De pronto algo invade sus tejidos, avanza sobre el planisferio de los encefalogramas como un ejército al filo del asedio.

El monitor se ilumina: germinan flores negras en la primavera del cráneo. Entonces el cerebro reúne las vocales de la palabra llanto y con ellas va tejiendo su madrugada silenciosa.

Nosotros queremos imaginar un día soleado. Tan sólo eso. Recordar soberbios el amanecer de nuestra evolución. Pero la tarde es gris.

 

 

 

De​​ Bitácora para nombrar la locura​​ (ISIC, 2025)

 

 

Bitácora:

Ellos escriben, escriben, escriben. Sobre las paredes. En las sábanas percudidas. Sobre la piel. Su diálogo es íntimo. Una intimidad que fluye como un caudal. Un torrente de palabras, la erupción de un magma incontenible. La escritura, para ellos, no es un recipiente de las emociones, un escenario para el despliegue luminoso de los sueños: es un asidero ante el abismo, una herida palpitante, un filo que pulsa todas las letras de la normalidad para desdoblarlas en el síntoma. Algo más cercano al grito. Escriben sin parar para delinear las grietas del mundo y colarse entre ellas. Para derramarse en la realidad como lo hace la lluvia que​​ no deja de caer. Escriben con el cuerpo, con cada filamento de la carne, porque las palabras los atraviesan como las flechas de una guerra que siempre están a punto de perder. A veces me gustaría escucharlos, pero soy incapaz. No podría entender.​​ 

 

 

 

6.

 

La enfermedad es la línea de fuga

de nuestro cuerpo:

el sitio donde convergen sangre,

piel, cabellos, uñas,

frases agolpadas

en la frontera de los dientes;

un punto allá, a lo lejos,

donde las dualidades se unifican

para luego romperse

bajo la estela del primer espasmo.​​ 

Tal vez la enfermedad

sea un lugar sin coordenadas

donde late la distancia

que separa lo vivo de lo muerto.

Si reunimos un puñado de letras

podemos decir​​ fiebre,​​ asfixia,

cáncer,​​ hipotermia, pero la enfermedad

camina adelante

abriendo un espacio en blanco

entre la realidad y lo dicho.​​ 

Tal vez un cuerpo enfermo

es el signo inicial

de todo texto,

intemperie categórica

del lenguaje,

huracán sustantivo

que lo devasta

todo.​​ 

 

 

 

4.

 

Vivo en una ciudad sola.

 

No hay transeúntes​​ 

con quienes cruzar

miradas o chocar los hombros.

 

En esta ciudad

esqueletos cuelgan de los anuncios

donde se leen presagios.​​ 

 

Quise gritar o detenerme

en mitad de un bulevar,​​ 

apedrear ventanas​​ 

y tocar puertas,

pero nadie salvó a esta ciudad

de estar sola,

ni siquiera mi presencia.​​ 

 

No es posible descifrar​​ 

la arquitectura

de una ciudad sola;

un hombre no tiene nada

salvo callejones abandonados

en la imaginación.

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