Poesía argentina: Valeria Pariso

Leemos poesía argentina. Diego Roel nos acerca a algunos textos de Valeria Pariso (1970). Mereció el Premio del Fondo Nacional de las Artes 2019 y el Premio Único del Concurso Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires. Acompaña estos poemas una nota de Aleyda Quevedo Rojas.

 

 

Valeria Pariso (Muñiz, Provincia de Buenos Aires, 1970). Es poeta y abogada. Tiene publicados 10 libros de poesía. Varios de sus poemas fueron traducidos al inglés, al francés, al portugués y al italiano. Creó y coordinó el​​ Ciclo de Poesía en Bella Vista​​ entre 2014 y 2020. Premio Único del Concurso Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, categoría obra inédita, para el bienio 2022-2023 con el libro "Los cuadros". Premio del Fondo Nacional de las Artes 2019, categoría Poesía, con el libro Zarmina. Segundo premio del Concurso Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, categoría obra édita para el bienio 2020-2021 con el libro "Zarmina”. Dicta talleres y clínica de poesía.

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

Me interesa la poesía de Valeria Pariso porque en ella encuentro la dedicación constante y el aliento creativo que se requiere para pulir la palabra hasta llegar a la brevedad del poema destilado a fuerza de pensamiento y emoción. Pulir poemas que de tanto frotarlos se vuelven pulcros, como hechos de viento, traídos hacia las formas epigramáticas, orientales, exactas, precisas…casi como si se tratara de limpias canciones o rezos ancestrales. Beber su poesía es como beberse una taza de té blanco.


Aleyda Quevedo Rojas

 

 

 

***

 

 

 

 

 

Leonor

 

 

1

 

Un turista me mira​​ 

pintar desnuda junto al acantilado.

 

No me habla.

 

No dejo que nadie me hable mientras pinto.

 

A esta hora,

la luz se propaga como la furia o el hambre

sobre los huevos de los caracoles.

 

Pinto.

 

Experimento con mi cuerpo

mientras el frío me endurece la mano​​ 

y mezclo los colores con dificultad.

 

Si mi madre me viera,

me ordenaría ir a casa,

vestirme,​​ 

y me preguntaría qué tengo en la cabeza.

 

Pero duerme,

y acá estoy,

a las siete de la mañana,

haciendo trazos sobre un espacio puro.

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

Con Isak

hicimos el amor en la playa.

 

Tiene unas hermosas manos blancas.

 

Podría dibujar sus ojos obstinados

tan parecidos a los murciélagos del campanario​​ 

de​​ Nuestra Señora​​ de Fátima.

 

No entiendo lo que dice​​ 

salvo

que es extranjero,

que se llama Isak.

 

Ahora duerme bajo el sol

y yo pienso en las simetrías,

en las líneas que definen contornos,​​ 

mientras estoy desnuda,

sentada sobre su espalda.

 

 

 

 

 

 

 

4

 

Mi cuerpo es el cuerpo de una mujer.

 

Debajo de esta máscara de plumas

hay un cuerpo que devora la sombra.

 

Mi cuerpo es también el cuerpo de un hombre.

 

Debajo de esta máscara de plumas

hay un cuerpo que devora la luz.​​ 

 

En algún lugar he visto​​ 

a los cóndores parados sobre las rocas

a pocos metros del suelo,

con sus alas abiertas en cruz

tomando baños de sol.

 

Sus alas prodigiosas cerca del pasto helado,

calentando sus cuerpos firmes.

Sus cuerpos aparentemente inmóviles

frente a la inmensidad,

latiendo a quince grados bajo cero.

 

Igual que ellos tengo frío.

 

Pero he venido hasta la playa,

pinto

y entre mi cuerpo de mujer y mi cuerpo de hombre

aparece

la pulsión que me mantiene en pie.

 

 

 

 

 

 

 

8

 

Vuelvo a la playa

envuelta en gasas de color turquesa.

 

He armado un collar​​ 

con plumas de gaviotas

que ahora, en mi cuello,​​ 

son alzadas por la brisa.

 

Llevo un sombrero que huele​​ 

a paja fresca y a eucaliptus.

 

Pinto de espaldas al mar porque pinto el mar.

 

Esto es lo que veo dentro de mí:

una silla blanca​​ 

junto a la línea de la costa,

sobre la silla está sentado un hombre.

 

No es​​ 

ni joven ni viejo,

es el sueño de un hombre.

 

Sus pies son redes pesqueras

y cubren la mitad del mar.

 

¿Cuál es el movimiento de la luz

sobre un hombre cansado?

 

¿De qué color es la sombra que cae​​ 

sobre su rancho

si ha olvidado la música?

 

Pinto a este hombre triste

sobre una silla blanca

y quisiera escucharle

el corazón.

 

Yo sé cómo es el corazón de los que esperan.

 

 

 

 

 

 

 

Isak

 

I

 

He dormido en la playa junto a un perro. Amanece. Soy el que nadie espera, el extranjero del puerto, el rastro incierto sobre la arena.

 

 

 

 

 

 

II

 

Vengo de Geiranger, donde la montaña se hunde en el fiordo. Junto a la parroquia del pueblo, se levantan las lápidas de nuestros muertos. Todo está unido: es más fuerte el pasto alrededor de las lápidas.

 

 

 

 

 

 

 

III

 

Hay una mujer desnuda pintando entre los acantilados. Lleva pintado parte de su cuerpo. Caderas con flores, en el brazo izquierdo algo que no llego a ver, y bajo el ombligo una mancha celeste, el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

V

 

Me acerqué a ella como un ciervo sobre el fiordo. Paso calmoso en el silencio.

 

 

 

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