Temblor, nuevo libro de Santiago Espinosa

Santiago Espinosa (Bogotá, 1985) ha publicado Temblor con el sello del Fondo de Cultura Económica. Se presenta en Bogotá el próximo miércoles 28 de octubre a las 18:30 horas en el Gimnasio Moderno de Bogotá con la participación de Piedad Bonnett y Federico Díaz-Granados. Espinosa también es autor de Luz distinta (Valparaíso México, 2017), El movimiento de la tierra (Granada, España, 2017), ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en México, y Cuaderno de California (Bogotá, 2022), ganador de la Beca de Creación del Ministerio de Cultura de Colombia, entre otros.

 

 

Santiago Espinosa (Bogotá, 1985) estudió Filosofía y Literatura en la Universidad de los Andes, y tiene una maestría de la misma institución. Actualmente es el Rector del Gimnasio Los Portales. Es el autor de​​ Escribir en la niebla​​ (Valparaíso España, 2015), compilación de ensayos sobre 14 poetas colombianos, y del ensayo literario​​ El resplandor y la sombra. Una poética de las montañas​​ (Fondo de Cultura Económica, 2021). Ha publicado los libros de poesía​​ El movimiento de la tierra​​ (Granada, España, 2017), ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en México,​​ Cuaderno de California​​ (Bogotá, 2022),​​ ganador de la Beca de Creación del Ministerio de Cultura de Colombia, y​​ Temblor,​​ publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2026. En 2017 se publicó en Valparaíso México su antología​​ Luz distinta,​​ y en 2019 se publicó la antología​​ Dietro quello che scrivo c'è sempre la pioggia​​ (Detrás de lo que escribo siempre hay lluvia). El diario​​ El Tiempo​​ lo seleccionó en su lista de los 40 de menos de 40, por sus contribuciones a la educación y a la literatura​​ 

 

 

 

 

 

Para hablar de la ausencia definitiva del padre, la poesía de Santiago Espinosa no apela al tono dramático que se presume en un libro de duelo. Por el contrario, en las imágenes rotas que la memoria recupera hay una levedad que agradecemos, capaz de comunicar, con enorme sutileza, lo que se escapa irremediablemente. Y también lo que llega: la de la hija. Así, el vínculo se reconstruye con la voz honesta del poeta, que traza sus signos con dolor contenido, pero también con guiños de humor, benevolencia, agradecimiento. Un bello libro. ​​ 

PIEDAD BONNETT​​ 

 

 

 

 

 

 

Los hijos de antes no tocaban a sus padres

 

Cuando mi padre murió yo le cerré los ojos. Anudé el rictus​​ 

de su boca en la bufanda, con toda la ternura que pude.​​ 

La mandíbula se abría y yo la ajustaba, se abría

otra vez y yo la ajustaba. Su cabeza —no tengo otra forma​​ 

de decirlo—, estaba tan fría como una montaña.​​ 

Él era ahora todos los lugares, y su fin​​ 

el principio​​ 

de un largo descenso.​​ 

 

 

 

 

 

 

Ni tan bajo que el mar empape tus plumas

 

Otro día me dijo mi padre: para nadar bajo el agua​​ 

debes guardar todo el aire en los pulmones

 

—así—​​ luego lo botas poco a poco por la nariz,

hasta que no queden burbujas bajo el agua.

 

Cuando salí a la superficie mi padre se había ido

—gritaba, pero nadie lo escuchaba,

 

se hundía poco a poco en su pesado corazón—

ya no pudimos alcanzarlo.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Había que regresar al mismo punto

 

La misma semana en que mi padre murió

y apreté su mano quieta entre mis manos,

sentí a mi hija en el vientre de su madre,

por primera vez.

Dos toques suaves, PA-PÁ,

completando una parábola.​​ 

​​ 

​​ 

 

 

 

 

 

 

Los muertos siempre tienen prisa

 

Debo ser preciso. Quiero escribir​​ 

como el que habla brevemente​​ 

con un muerto​​ 

o mece a un niño​​ 

en medio de la noche.

 

 

 

 

 

 

Una leyenda guaraní

 

Un colibrí puso  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ su nido  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ en el holly  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

de nuestra ​​ casa.  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Durante varios días  ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

sin que nosotros  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ lo supiéramos  ​​ ​​​​ trajo​​ 

hasta ​​ el árbol  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ restos de pinos  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ y  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

cortezas  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ musgos de varios colores  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

plumones  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ lo más bello que pudo  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

encontrar  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ en el norte  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de la ciudad  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

para tensarlo  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ a las  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ ramas  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

con hilos  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ telaraña.

 

Una leyenda guaraní habla  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ guías​​ 

para el otro mundo  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ aquí en mi patio​​ 

o de alguien que  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ se fue  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ detrás de​​ 

las montañas ​​   ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ y quiere que sepas

que está  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ bien  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ o que  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

ha llegado  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ a  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ su destino

 

 

 

 

 

 

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