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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 084: Roberto Corea Torres

12 Oct 2009

Corea Torres

Un acercamiento al trabajo del poeta nicaragüense, radicado en México, Roberto Corea Torres a través de “ahora que ha llovido”, ganador del Certamen de publicación 2009 convocado por el Centro Nicaragüense de Escritores, la Asociación Noruega de Escritores y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega

 

 

ahora que ha llovido

 

 

 

 

mirada 

  

es así de sencillo:

 

la luna aparece ciertas noches;

langostinos, champaña y caviar

se sirven sobre

mesas privilegiadas.

Una flor estalla rojo a la luz del sol,

vientos de amargura azotan el jardín del despojado.

El muerto de hambre naufraga en un mar de basura.

Un cementerio recibe al nuevo difunto (que es el mismo).

La noticia se vuelve pasado en segundos,

 

mientras

mariposa y susurro comparten hueco

 

y

dos labios se buscan en algún escondrijo urbano.

 

  

 

antes de llegar a tu esquina

  

Canto en la fiesta de la carne

a mi vieja e inolvidable ramera

los susurros de una canción

que compuse apurado por el tren de los días,

casi se detiene,

más es dúctil e implacable,

quédate donde estás,

hazle como siempre

el milagro al adolescente,

déjalo sin respirar en su primicia,

permítele escarbar los dibujos del lecho,

déjalo asomarse más allá

de las estrellas rojas.

 

Déjale el corazón translúcido

donde cualquiera pueda ver

el furioso chocar de olas

sobre la mansa tierra acostada.

Pido porque nadie altere tus pasos por ningún tiempo

y puedas sustraer de sus tristezas

a los que caminan agachados,

a los que viajan sin ver,

a los renegados,

a los que bajan tardíamente del monte

a lamer la miel de tus panales,

y cuando creen ser invisibles

arrojar sus fluidos

cual torrentes,

y ya huérfanos de la incandescencia

vuelven a esconderse

a desoír la canción.

Pero los sabes estériles,

les conoces ese espíritu de laureles podados en parques pueblerinos:

ornato, sólo ornato a la vista,

semilla que no crece.

  

Sigue mi canción al aire,

festina el color,

maldice tu soledad,

en el quicio de las cantinas se detiene y baila contigo

los boleros del ron.

  

Después de todo, las crudas diarias

son acaso paisaje simple de una melancolía

aposentada en las esquinas

donde siempre estás

viendo pasar a la gente envuelta en sus caretas,

no importa el frío de la madrugada

ni el ardor de los pies,

no te importa el reiterado vacío de las calles,

la maldición del obtuso

en su ansia por abrazarte.

 

Tu aroma se repite,

vierte en cada encuentro la espesa transpiración

del cansancio,

a pesar de ello, alguien va hacia ti

acuciado por el viento de una caricia,

entonces se agranda tu regazo

es sol

con ardor de mandarinas en el día

intimidad apacible

en el abrazo de la noche.

Carnada olorosa de jaguares.

en ese instante de leche y céntimos

 

tiene razón el futuro

cuando te impone el velo,

igual que ayer.

 

Transfiguraciones

amanece,                    como es ahora.

 

El hombre muda ropa y años

pero tú sabes que es el mismo,

aquél cuyo retrato aparece en la revista

a la que siempre acudes

cuando el cuarto te arropa

con su inevitable fragor de ausencia,

y su inquietante aroma de tabaco seco.

 

  

 

noche

 

… Porque la noche no es

sino nada más acaso

la suma de las sombras

de aquellos hombres ya fallecidos

que dejaron al amor

como un fruto sazón

al que nunca le pudieron

hincar sus dientes.

 

 

 

muchacha del verano catalán

  

Debajo del alero:

ojos claros escudriñando,

la espera,         ella

ni siquiera imagina otros ojos

apropiándose de sus latitudes.

  

Nunca estas miradas

harán reunión.

  

Entre el polvo de los edificios

se cuelga el murmullo,

un vino tinto

recorre los monumentos, salobre.

  

Aguarda muchacha

los menjurjes en la cara

no quitan tu verdad de niña,

escuálido cuerpo

temblando

entre el Mediterráneo y el Vallés.

 

Sí diablilla, date cuenta:

no es la silueta de hilo,

no es tu cintura,

no son las exiguas caderas,

sólo es la mirada triste de infancia

desde que te conocí,

sólo es el color de tu piel

el reflejo dorado que

amarro como horizonte,

sólo es tu imagen

reverberando en el pavimento

de esta ciudad que me llama,

que me lleva por tus callejas.

 

 

 

 hostia

 

Pedacito de pecado

que sabe a pan… comido.

 

 

 

con el corazón en las páginas de un lector

 

Ellos

Seguirán estando ahí

 

Al borde del precipicio

 

Justo donde termina el mundo

 

Aguardando la germinación

De la sorpresa

Una claridad que abre caminos

 

Para perseguirla

 

Dejarse ir tras ella

Hasta el fondo

 

El fondo

 

Fondo

 

 

 

 hablar por hablar

 

Con todo el tiempo por venir

muera el silencio esta tarde.

 

Instancia del vacío

su misterio rezuma murmullos

cantos de acertijos,

rumia incertidumbres

las vuelve mariposas y las deja volar.

En su escala al cielo

se exhibe,

nadie puede tocarlo,

cuando acaso lo rozamos

tiembla arisco como sapo descubierto.

 

Maná del anacoreta,

el silencio transfiere su esencia

a la arena del desierto

los arbustos así renacen

a pesar de la seca,

una salamandra saca la lengua

abre los ojos,                                      calla.

 

Se descubre el sapo interlocutor de sí mismo.

 

Desnudo.

 

Minucia arcaica de dioses,                 enlaza.

 

Rosario que deja exhausta las griterías.

 

 

 

 sentado en el parque

 

Tanto peso

Tanto andar

Denso de imágenes

Y sin embargo

Estar en la misma fuente

Con un tiempo apenas visible

Inútil contertulio de las tardes

 

 

 

 mudanza

 

Habrá que reemplazarnos,

decir:

mira, me voy

y sin embargo ya hay alguien

y ni siquiera siento

ser sustituido,

porque me deslizo

sobre la pátina

de los jóvenes que llegan.

 

Ellos, mis hijos,

tendrán los suyos,

y se volverán viejos,

y estarán alegres de haber sido,

y tendrán su tiempo

para ser reemplazados,

y se tendrán que ir,

como yo ahora

siento que me estoy yendo.

 

 

 

ahora que ha llovido

 

Amanecer en cualquier parte

no me importa,

interesa a mis manos

asir el amarillo del sol

y aventárselo a la melancolía

cuyo sino es llevarme

a la infancia

Tal vez siga royéndome carne y huesos

tal vez continúe merodeando mi memoria

con su olfato de roedor

y consiga desmoronar los recuerdos

—conozco bien su deseo de llevárselos—

hasta escapar con ellos.

Atrancaré todas las puertas, taparé rendijas

impediré a toda costa su salida,

no quiero ver como los esparce

sobre la blanda tierra que hollamos

y de ellos nazca

—ahora que ha llovido—

la nostalgia.

 

 

 

larvario

 

Estoy en otra luz ahora,

necesariamente tuve

que asistir a esa

distinta soledad.                     El paisaje

se mueve al ritmo del parpadeo:

migrancia eterna, los destinos

hallan acomodo en la

frágil envoltura

de esta realidad imaginada

que estoy viendo.                   Se inaugura

un continente:

el ojo como carcelero

y el poema como memoria,

visión y pensamiento

trastocados en el iris,

otra verdad adjunta

no menos real

ni más fantasía

sólo esa:

la que se vive en los pasos,

la que se muere en las huellas,

la que se recuerda en la danza

siempre con un compás renacido,

desde el filamento cristalino

embebido de tierra,

poblada de gusanos maravillosos,

merodeando,

juntos

en el pulso quieto de los instantes,

entonando un tristísimo canto

para escalar,

y todos arriba

vueltos ya palabras

desmembradas desde su raíz,

desarraigadas,

son idioma en efervescencia:

corazonadas migrando

desde la vista,

que en peregrinaje azaroso

trastocan su evidencia,

se plasman

alcanzadas por la revolución oleaginosa de una pintura,

y ellas mismas

si es que acaso,                       alguna vez

no tuvieron nombre,

se sienten bautizadas

con una belleza que inquieta la pupila.

 

 

Datos vitales

Corea Torres, nació en el Océano Pacífico (1951), asistido por el médico de un barco carguero anclado en Puerto Morazán, Nicaragua. Su padre agente de ventas azucarero a mediados del siglo XX, lo llevó con su madre a Chichigalpa, para allí registrarlo. Hace sus estudios de primaria, se inicia en la lectura y la poesía. Cursa el bachillerato en Managua y la carrera de Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Puebla, México. Durante 22 años ejerce la ingeniería en la industria de la celulosa y el papel y continúa leyendo. Ingresa a talleres y seminarios, cristaliza su sueño de escritor. En un acto amoroso con la literatura comienza a crear poesía y narrativa. Inicia la publicación de sus textos. Ha publicado Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007). A veces la razón (Cuento, 2001 3er. lugar, V Concurso Mujeres en vida, Filosofía y Letras, UAP). Fue autor de la columna Solentiname del diario intolerancia. Consejero Editorial de la revista Quimera (UDLA). Autor de las secciones Librofilia, La República de los Libros, del programa Sin corbata, Radio Tribuna 1250 de AM. Ha colaborado en la revista virtual carátula, en los suplementos Catedral y Cámara de los diarios Síntesis y Cambio. Ahora es maestro de talleres de creación literaria, asesor de proyectos literarios, escribe sobre libros en la revista MOMENTO de Puebla, colaborador de El Nuevo Amanecer de El Nuevo Diario de Nicaragua y poeta y escritor por vocación.

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