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CÍRCULO DE POESÍA

 

Entrevista con Boubacar Boris Diop: África, literatura y política

26 Mar 2013

Presentamos, en exclusiva para la lengua española, una entrevista con el novelista senegalés Boubcar Boris Diop (Dakar, 1946). En el afán de ser contemporáneos de los escritores del mundo, esta entrevista, imprescindible, retoma tópicos como el del compromiso en los escritores, la necesidad de escribir en lenguas vernáculas y reflexiona sobre el estado actual de la poesía en Francia.

 

 

 

 

 

 

 

Memoria y literatura: intereses políticos

Boubacar Boris Diop, escritor senegalés, es uno de las plumas más importantes en África contemporánea. En compañía de otros escritores, Boubacar Boris Diop ha realizado múltiples estancias en Ruanda y su novela Murambi: les livres des ossements (trad. español “El Osario”, 2001) es un penetrante viaje literario al genocidio que tuvo lugar entre los meses de abril y junio de 1994. El trabajo de recuperación de la memoria es significativo en las obras de este escritor.

 

 

 

 

Luis Martínez Andrade: ¿Cuál es el papel de la literatura en un mundo tal como se nos presenta, es decir, donde los niveles de exclusión y de pobreza son deleznables, situación terrible y sin esperanza?

Boubacar Boris Diop : Sí. Tienes razón, el mundo está muy mal, cada vez se tiene la impresión de que irá mejor y después de algunos años nos damos cuenta de que es aún peor. La literatura siempre ha estado allí, primero para advertir, para dar alerta, para decir: “cuidado: la dirección que estamos tomando no es buena”. Por consiguiente, pienso que el papel del escritor es verdaderamente, antes que nada, el de estar a la vanguardia, de decir a los que vienen: “cuidado, allá, veo que las cosas no van a estar bien”. En cierta forma, el escritor es un visionario. Pero anunciando el futuro no pierde de vista el presente, su papel es tanto dar a conocer los males de la sociedad como ayudarla a curarse. El escritor hace evidentes las desigualdades al seno de las sociedades humanas pero también los desequilibrios a escala internacional, entre el Norte y el Sur, entre los países desarrollados y todos los países de Asia, de África y de América Latina que son explotados. La poesía, como la literatura en su conjunto, debe ser activa y no solamente contemplativa, debe ayudar a cambiar el mundo.

 

LMA: ¿Piensa que la mejor poesía en francés se escribe actualmente fuera de Francia?

BBD: Para mí, el más grande poeta de lengua francesa del siglo XX es Aimé Césaire. Pero Aimé Césaire era negro, estuvimos obligados a reconocer su genialidad pero confinándolo a algún sitio donde no se pudiera mover. Si Aimé Césaire hubiera sido un poeta francés blanco su país le hubiera construido un monumento nacional. Hoy, además de la poesía, el teatro y la prosa están más vivas fuera de Francia. Pero no tenemos que buscar escribir mejor que los franceses, lo importante para nosotros, pienso, es desarrollar nuestras lenguas maternas para estar en contacto directo con nuestros pueblos.

 

LMA: En su novela Murambi: le livres des ossements (El Osario, 2001) usted realizó un trabajo de reconstrucción de la memoria. ¿Cuál es su opinión sobre el fenómeno de la colonización?

BBD: Creo que la colonización se debe pensar en relación al colonizador. Y para nosotros, nuestro problema es que Francia siempre rechazó realizar la descolonización. Si usted piensa en los países anglófonos, ellos tienen sus problemas pero de alguna manera se puede decir que son países independientes. Es suficiente comparar la República de Chad, Camerún, Ghana o Kenia para darse cuenta. No imaginamos al presidente de Portugal intervenir en la vida política interna de Angola. Pero si usted observa la situación en Malí advertirá que Francia se rehúsa abandonar África, Francia intenta mantener bajo su tutela a nuestros países. Hoy, por tanto, un intelectual senegalés, camerunés o marfileño debe comprender muy bien que la lucha por la soberanía nacional no se ha terminado. No somos realmente independientes y debemos continuar luchando. Como usted sabe, el famoso “Discurso de Dakar” fue eso, se trató de teorizar la necesidad de un control francés sobre sus antiguas colonias. En resumen, la situación poscolonial no es la misma en todos los países. Realmente hay una especificidad de la colonización francesa, que no ha sido concluida. Recuerde su papel en el genocidio de los Tutsi en Ruanda o, para no ir más lejos, las imágenes que recibimos del Norte de Malí nos llevan casi al siglo XIX…

 

LMA: Me parece que incluso el presidente François Hollande retomó el término de “Françafrique”.

BBD: Así es. Cada vez que un presidente es elegido se apresura a decir que la Françafrique ha terminado. Pero el simple hecho de hablar así es una manera de confesar que este sistema de dominación es injusto e inmoral. Nunca es el amo quien pone fin a la dominación, este es el papel de la víctima, que debe luchar para manumitirse. Creer que un dichoso y “buen” presidente francés va a contradecir ese sistema es no conocer las interacciones con las fuerzas económicas. Francia, por ejemplo, controla el uranio de Níger, y la compañía AREVA no lo dejara actuar. También están los bancos, los operadores de telefónica, etc. En pocas palabras, es importante para la economía francesa mantener la mano sobre Africa y la moral no tiene nada que ver aquí. Es idiota pensar que es posible que la Françafrique desaparezca sin nuestra propia lucha.

 

LMA: Sabemos que el dominado también está colonizado en su imaginario. ¿Cómo podemos, en tanto oriundos de países pos-coloniales, continuar el proyecto fanoniano de descolonización?

BBD: Me gustaría hacer un señalamiento respondiendo a esta cuestión y es que la primera condición para poder superar una situación negativa consiste en comprenderla. Usted recuerda que Marx decía: “hasta la fecha los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transfórmalo”. Para mí, hay una relación dialéctica entre la compresión y el cambio. No se pueden separar. En cada etapa histórica hay que identificar la tarea principal y pasar a la acción. Frantz Fanon, que usted citó, decía que: “cada generación debe, en una relativa situación de cautiverio, descubrir su misión”. Y agrega que: “dicha generación tiene la opción entre cumplir su misión o traicionarla”. En un mundo donde las identidades se han liberado, donde la conciencia nacional se ha evaporado, usted puede ver pueblos que son dominados y ni siquiera lo saben. ¡Se asesinan pueblos en nombre de la lucha por la democracia! Finalmente la mentira trata de convertirse en verdad. Es el momento para nosotros, los intelectuales de América Latina, de Asia, de África de mostrar que estamos viviendo en un mundo de apariencias donde los fascistas se presentan como los humanistas generosos. ¿Quién puede creer que la OTAN destruyó Libia y asesinó a Muamar el Gadafi solamente por amor del pueblo libio? No es cierto, incluso, es inconcebible. ¿Quién puede creer que Francia intervino en el Norte de Malí solamente porque los muyahidines azoraban a la gente? De hecho es el triunfo de la mentira, el triunfo de un determinado Occidente. El problema también radica en que para nosotros es muy difícil contar con fuerzas de ruptura en Occidente. Durante la guerra de Vietnam, durante las guerrillas latinoamericanas como la del Che Guevara, durante la guerra de Argelia, los progresistas podían contar con fuerzas al interior de Occidente. Hoy, eso ya no es posible. Usted vaya a Francia y le dirán, tanto la derecha como la extrema izquierda, que Hollande le hizo un favor a África interviniendo en Malí. Debemos aprender a luchar nosotros mismos. Le pregunto entonces: ¿Qué hay que hacer? No podemos, como parecería sugerir su pregunta, rechazar actuar diciendo que la burguesía nacional será peor después de la independencia política. Existe ese riesgo pero la soberanía nacional es un punto de inicio fundamental, no nos podemos endosar a los extranjeros para todo.

 

LMA: Sin duda alguna usted es un escritor comprometido, incluso, ha participó en el Foro Social Mundial ¿Qué piensa de la relación que debemos establecer los latinoamericanos con los africanos? ¿Cuál es la percepción en África de los gobiernos progresistas de América Latina?

BBD: Sabe, tengo una gran amiga quien es también nuestra líder dentro del movimiento del Foro Social Mundial Africano, su nombre es Aminata Dramane Traoré, y acaba de rendirle un homenaje en un semanario que se llama Jeune Afrique (Joven África) a Hugo Chávez. Un muy bello homenaje donde ella recuerda que Chávez mostró cómo un país puede administrar sus recursos naturales en beneficio de la población. Los africanos deberían de seguir su ejemplo. Ustedes lo saben muy bien, hace un par de décadas la CIA (Agencia Central de Inteligencia) dictaba la Ley en América Latina, asesinaba patriotas, desmantelaba todo movimiento insurgente, realizaba un trabajo de destrucción formidable. Sin la CIA no hubiera sido posible Pinochet en Chile, ni tampoco Videla en Argentina o Stroessner en Paraguay. Pero las luchas de liberación bajo diferentes formas, las guerrillas, la lucha en las organizaciones de masas, etc., hicieron que poco a poco los dirigentes tomaran consciencia de los intereses de sus respectivos países. Luiz Inacio Lula da Silva, Lula le debe mucho al Foro Social Mundial de Potor Alegre. Por supuesto, también existieron luchas internas como el papel del Partido de los trabajadores (Partido dos trabalhadores) pero él le debe mucho a esta dinámica altermundialista. Podemos también citar el caso de Rafael Correa y, evidentemente, el de Hugo Chávez. Nuestros dos continentes tiene muchas cosas en común pero esto no se traduce en el nivel de los intercambios intelectuales entre África y América Latina. Es una lástima, porque cuando leo a Sábato, a García Márquez o a  Juan Rulfo para mí son escritores africanos, su universo no difiere nada del mío.

 

LMA: Por otra parte, en su libro L’Afrique au-delà du miroir (África más allá del espejo, 2009) usted menciona que después de su estancia en Ruanda, decidió escribir en su lengua materna ¿Qué otras razones lo llevaron a tomar esta decisión?

BBD: La carrera del escritor es muy compleja. Parece ser muy calmada, homogénea, muy ordenada, pero de hecho, es muy caótica. Comencé a escribir en mi adolescencia, casi a los 15 años, porque leía muchísimo a Victor Hugo, a Molière, etc. Me decían: ¡“Pequeño, escribe muy bien, hay que continuar”! Me sentía orgulloso de esos cumplidos. Comencé en francés sin darme cuenta de que la opción de escribir en una lengua extranjera tenia implicaciones ideológicas mayores. Las palabras del otro acarreaban su cultura e incluso si usted se distanciaba de ello, su pensamiento y su trabajo literario. No se tenía consciencia clara de esto. Y cuando un senegalés que siempre ha vivido en su país, como yo, tiene que recurrir al francés, se priva de la música interna de su lengua, de las vibraciones de ésta. Yo me di cuenta de que mis novelas en francés no tienen relación con mi vida y con las diversas realidades de Senegal. Las palabras son frías… no pueden ofrecer al relato la descarga eléctrica que precisa y que no se encuentra que en nuestra propia lengua. Todo esto me quedo claro en la edad adulta. Existen, también, razones políticas de este paso del francés al wólof, evidentemente. Francia fue cómplice del genocidio, participó en la masacre de un millón de ruandeses para defender su lengua. Viendo todo esto, me dije que finalmente, siendo senegalés, estaba usando una lengua que apestaba a sangre, que podría costarle un día u otro la vida a centenas de miles de senegaleses. Entonces, sin dejar de utilizarlo, tomé mis distancias del francés. Debo agregar que siempre he sido un discípulo de Cheikh Anta Diop, este gran pensador africano que luchó toda su vida por la promoción de nuestras lenguas. Y después, como sabe, ¿para qué escribir novelas que las personas van a leer en Francia o en Bélgica y nunca en su país? En mis novelas menciono que África está mal. Es cierto. ¿Pero a quién se lo debería decir? ¿A los extranjeros o a los africanos que son los que deben cambiar la situación?  Los occidentales gustan escuchar a los intelectuales africanos decir que África está mal. Así, esto justifica sus intervenciones en nuestros asuntos. Si la intervención francesa en Malí fue recibida con tanto entusiasmo es porque todo el mundo está convencido de que los Africanos son incapaces de hacerse cargo de ellos mismos e, incluso, en sus guerras, los europeos tienen que venir a luchar en su lugar. Nosotros,  los escritores en lengua francesa –yo mismo en parte– hemos enviado al mundo la imagen de un África inmadura y corrompida. Digamos que esto sea cierto… bueno, escribámoslo en lenguas que los africanos puedan comprender para así cambiar el rumbo. Finalmente, la cuestión esencial es: ¿Para quién se escribe? El francés se comprende por sólo el cinco por ciento de los senegaleses… entonces ¿la respuesta no es evidente?

 

 

 

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  • Georgina

    Excelente entrevista. Todo el tiempo pensé en los escritores en lenguas indígenas en México y en nuestra relación como hablantes, lectores y escritores en español… Boubcar dice que el francés es una lengua por la que se han cometido genocidios, ¿y el español no? ¿Cómo relacionarse con nuestra lengua después de 500 años?

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