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CÍRCULO DE POESÍA

 

Nuevos poetas colombianos: Fadir Delgado

18 Feb 2014
Fadir Delgado

Presentamos, en el marco de la serie Nuevos poetas colombianos, preparada por Federico Díaz Granados, algunos textos de Fadir Delgado (Barranquilla, 1982). Es autora de La Casa de Hierro y de El último gesto del pez. Fue ganadora de una Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec

 

 

 

 

 

 

 

Del libro El último gesto del pez

 

 

 

El último gesto del pez

 

¿Y quién eres?

El último gesto del pez

Una silaba que nadie usa

Las sobras de un abrazo

Un circo con ciegos trapecistas

La mueca del payaso

Un calendario de cuerda

Un puñado de alfileres

Una jaula para hormigas amarillas

Un pez que llegó a morir lejos del mar

¿Y tú quién eres?

El mar que vino a ver cómo mueren sus peces. 

 

 

 

 

 

Acuario

 

Entro al acuario

El caracol se abre para dejarse penetrar

Algunos peces incrustan sus ojos a los vidrios

y a los solares abiertos para el sol

Veo de cerca peces rojos de tanto lápiz labial

peces con las bocas llenas de sudor

Peces muertos

muertos de la risa

muertos del hambre

Aquí van peces viejos

Peces que se van a tragar  otros peces

Peces que se creen pájaros

Peces que no se creen nada

Peces que no abren sus ojos por pura pereza

Lagañosos de espíritu

con la saliva oxidada

Peces del mar

del río

de la tierra

peces de las calles

peces de motel

peces que duermen para no verse morir

peces aburridos

que se van escupiendo

que inauguran monumentos por no tener nada que hacer

Aquí van peces que no se inventan nada

Peces que se echan telas encima para no morirse de frío

y otros simplemente para posar de bien vestidos

Peces que no hablan o que hablan mucho para decir poco

Peces que ladran que huelen muy mal por tanto perfume

Peces que tocan tambor

y balbucean con la gaita

Peces que van a la fiesta

a los entierros

a la rutina

peces que se enteran y otros que no se dan ni por enterados

peces que siembran cuchillos en las espaladas

Desde aquí se ven pasar esos peces que han comprado acuarios

para evitar revolcarse en los sudores de otros

para morirse solos en su propia mugre

para presumir la estupidez o simplemente porque se les da la gana

Peces que se quejan y nadie escucha

Peces insoportables

Vendidos

que se dejan seducir por la carnada

Peces que bostezan para tragarse el mundo y sólo se tragan una mosca

Aquí y en las calles se ven pasar peces de diarios con malos olores en las manos por escribir tantas mentiras o medias verdades

Peces perdidos en este acuario sin agua

En esta ciudad de tierra

Tan dolorosa

Sobreviviente a silencios

A escombros

Peces esperando que los dejen dignamente en algún lugar

 que entran al acuario para morir un poco

Aquí van peces

Y peces

Y más peces

Perdidos

Enredados

Muertos

Muertos de la risa

Muertos del hambre

Muertos del miedo

En este autobús sin alma. 

 

 

 

 

 

Conversación simple

 

¿Qué pasaría si se convirtiera

en pez o tal vez en murciélago?

 

Nada

 

Simplemente el teatro se quedaría sin piano.

 

 

 

 

 

Desde el tren

 

Hoy descubrí que los peces se ahogan en la ropa mojada

Que París es un caracol

Que los castillos amarillos existen al sur

Que las llegadas de los trenes producen un cierto espasmo

una leve y monstruosa saliva en los ojos

 

Descubrí calles que se creen arañas

Las hijas del sol en las hojas de otoño

Palomas sin miedo a los pies

 

He visto un río sin pliegues

No se parece a los otros

He visto  trenes abalanzarse

sobre tanta gente como serpientes

Una piedra mítica

La mitad de un arco iris

 

Descubrí que los paraguas se extravían para convertirse en fantasmas

que algunos peces han escogido una rara forma de morir

Una ciudad de ecos

de rayuelas

de parques musicales

 y castillos de agua

Un macabro baile de

 campanas en una sola calle

Descubrí que las estaciones de trenes producen ansiedad

Allí fue imposible imaginarme el amor

Descubrí que los trenes son egoístas

No les interesa conocer a nadie

Descubrí que los molinos de viento se reúnen en algún lugar del mundo para hablar del viento

He visto la luna como una gota de agua cayendo sobre el río

Globos que se convierten en peces

Papeles anaranjados  como cielos

Carruseles dorados

 Ciudades a donde llegan los objetos perdidos

Hoy descubrí que prefiero aquellos trenes antiguos

Que nadie vendrá a borrar la sombra

La cicatriz del viento

Descubrí

 cómo salvar peces en la ropa mojada.

                                    

 

 

 

 

Domingo

 

He sabido que el domingo

es un pez

He sabido que el domingo

es un niño

y su juguete favorito

el dolor.

 

 

 

 

Tierras de ajonjolí

 

Mira que es triste dejar caer un globo

Mira que el abismo se oculta entre las hojas

Mira que las sombras se atrapan como moscas

Mira el río

Mira las calles sin nombres que se dejan nombrar

 

Mira que podría recoger olivos

Ojos de aceitunas

Tierras de ajonjolí

Mira las luces de bengala

Mira que hay lugares donde los espejos se tejen

donde los peces lloran a los globos que mueren

Mira esas lágrimas de trigo a luz del sol

Mira que los rayos a veces retoñan y suelen incrustarse

como lámparas afiladas

como la última punzada de la aguja

Mira los tambores

Mira el mar cuando se recoge

Mira el temblor de los peces al llegar a la orilla

Mira los árboles soltando restos de la lluvia

Mira los cementerios en las oficinas

Mira el río

No es el río

Es un fantasma

La ciudad lo mató

Mira los trapos extraviados entre la espesura de las calles

Mira el horror de sus abrazos

El filo de sus halagos

 

Mira la ciudad

Es un fantasma

Esos trapos la mataron

 

Mira

no dejes caer el globo

Mira que es triste

Mira que duele

La ciudad es un fantasma.

 

 

  

 

 

Mofa

 

Aburren los edificios

El grito de los carros

Aburre el afán

 y los autobuses que nos vienen a buscar para torturarnos

Aburren  los días especiales

Aburren los acuarios

Esos centros de la mentira y

sus vitrinas que hacen mofa

Aburre el ruido tonto del televisor

 El silencio de los periódicos

Las páginas sociales

Esos séquitos de la moda con su gente de tela

Aburre escribir esto

A casi nadie le importa este aburrimiento

y eso

eso

también aburre.

 

 

 

 

 

El patio

 

No hay hormigas

No hay hormigas

El patio está enfermo

No hay hormigas

No soportaron los insectos de la fiebre

No soportaron ver al patio tomando la luz

de la tarde como jarabe

El patio está enfermo

Lo sé

¿Pero a dónde van los patios cuando mueren?

¿A dónde irá mi patio cuando muera?

¿Cómo nombraré su muerte?

¿Cómo invitaré a sus rezos?

El patio está enfermo

Lo sé

y no hay hormigas

No hay hormigas

que sostengan su cuerpo cuando caiga.

 

 

 

 

 

Hierba

 

Para suponer ofrendas al sol

tendría laureles incendiados

frutos de luz

enjambres de peces

Leería las líneas de las hojas

Adivinaría la suerte de los árboles

Sembraría gotas de lluvia

el agua y sus raíces

Buscaría mangos en los patios

buscaría almendros entre la ciudad

Recogería las hierbas del armario

Cuidaría como plantas a los espejos y adornaría con ellos las ventanas

Desojaría  las sombras de la calle

Abriría con un grito la crueldad de los girasoles

para que dejen esa forma terrible y perfecta

de mirar los trigos de este espanto

Para que dejen esa forma terrible y perfecta

de mirarme el dolor como quien ve mandarinas y

ciruelas de cristales

Para suponer ofrendas al sol

tendría que curar el herrumbre de viejos vestidos

y quitarme las hormigas que se cuelgan de la piel como alfileres brillantes

y quitarme tanta hierba

y tanto óxido

Para suponer ofrendas al sol

tendría que encender la lámpara

y esperar que la luz corra y se trepe como gato en las paredes

tendría que encender la lámpara

tendría que encender la lámpara

y luego

jugar a las ofrendas.

 

 

 

 

 

Armario

 

La ropa

es hierba

aparece por las líneas siniestras del armario

Veo animales cosidos

un armario que me intenta espantar con sus dientes de trapos

unos trapos que se arañan entre sí

El armario es tierra encendida

las hierbas brotan

la ropa se extiende

como criatura que incrusta sus uñas en el aire

El armario se burla

se burla

de los escalofríos que se rompen como porcelanas

de los escalofríos

de la calle que me viste

que me salta como pez suicida al abrir la casa

El armario tiene escamas

El  armario se traga las sábanas

El armario se traga los insectos

el timbre del teléfono

El armario se va tragando todo

ahora se traga él

se come a pedazos

hasta desplomarse

hasta consumirse

hasta consumirse

hasta desplomarse

y

entonces

recojo

los restos y la hierba.

 

 

  

 

 

Del trabajo inédito

 

 

 

Lo incurable

 

Si pudiera responder

No escucharía el agua caer por los abismos de la casa

No vería el agua que se hace polvo

 

Insectos enfermos

 

La incertidumbre  que se retuerce

El hambre y su sonido de avispa

 

jirones de telarañas

 

Arañazos de tiempo que cuelgan del techo como carne de res

No vería lo incurable

No vería lo incurable

 

La herida que se cierra para morir.

 

 

 

 

 

Exterminio

 

Tendrías que haber sabido que desde la finitud de las sábanas no se vería el

pos-tiempo

que desde afuera sólo se era desarraigo

incertidumbre

relámpago

absurdo

que el cuerpo reclamaría

que se cubriría el destierro con los escándalos del teléfono

que no necesitó ser espejo para que la habitación se le alojara adentro con todo el horror de su blancura

con toda la miseria de sus medias horas

 

Tendrías que haber sabido que los cristales del amor se tienen que barrer a dos manos

Que jamás a una sola piel se le deja batalla tan inabarcable

Tan poco vacío para cubrirse

que el deseo se deshace cuando se nombra

Que lo indecible estaba al alcance de nuestros ojos

Que la soledad no necesita de nadie para ser soledad

que el juego de las puertas

era tan cierto como el exterminio

tan cierto como la mentira y sus leves

y dolorosas hojas de trigo

 

Tendrías que haber sabido que la escritura llevaba nombre

Que hubiera bastado una palabra para regresar el mar

Que ocultarse es la forma perfecta de ser visto

 

Tendrías que haber sabido de la guerra

De lo que ya no volverá

Del antiguo dolor

De ese puerto invisible que yace a mi costado

De sus barcos

Del agua y su sed

 

Tendrías que haber sabido que la sombra moriría de fiebre

que se dibujaría como hormiga en alguna esquina del desamparo

que la intemperie curaría las últimas heridas de la carne

Tendrías que haber sabido que ya no habría nada para saber

Que no habría nada para contar

que perdimos el pos-tiempo

el tiempo

que perdimos el pos-tiempo

sin juego

sin guerra

sin haber muerto.

 

 

 

 

 

Datos vitales 

Fadir Delgado Acosta: Poeta y escritora nacida en Barranquilla. Autora del libro La Casa de Hierro y de El último gesto del pez-. Sus textos han sido publicados en diferentes revistas literarias nacionales e internacionales. Invitada a distintos festivales y encuentros culturales  en países como Francia, Canadá, Perú, Cuba, Venezuela y Ecuador y en  otras ciudades del territorio nacional. Ganadora de una Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec, en el área de literatura. Ganadora de una convocatoria internacional de la Oficina de la Juventud de Québec para participar  en un intercambio literario en esta Provincia. Ha recibido reconocimientos como Joven Sobresaliente en el Campo de las Artes en Barranquilla y ocupó el primer lugar en poesía en la 6 Bienal de Noveles Escritores Costeños que se realiza en Barranquilla. Es tallerista literaria, gestora cultural y coordinadora de proyectos de la Fundación Artística Casa de Hierro en Barranquilla desde la cual lidera proyectos culturales en el espacio público  y en los centros de reclusión.

 

 

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