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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poemas de Carlos Ramírez Vuelvas

08 Jun 2014
Carlos Ramírez Vuelvas

Carlos Ramírez Vuelvas (Colima, 1981) mereció recientemente el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2014 por su libro Contradioses, del cual presentamos ahora algunos poemas. Ramírez Vuelvas es Doctor en Filología Española por la Universidad Complutense de Madrid. Mereció en 2011 el Premio de Ensayo Caja Madrid por el libro Mexican drugs. Es uno de los autores más significativos de su generación.

 

 

 

 

 

 

Enrique, José luis y Carlos, intérpretes de rock

 

Éramos tres y éramos más marchando desnudos apasionados febriles

alrededor del comedor redondo

en la semana puntuales a la hora que despide

el sueño sus sábanas de orines sus lamentos callados

 

El día se extendía terriblemente azul

un animal azul desbordado en los costados del mundo

y adentro de nosotros se escuchaba

un tambor enfebrecido una angustia

desnombrada inagotable de infancia como si Freddie Mercury

aún estuviera en Barcelona

iracundo con su eco en redoble de we will rock you

 

Éramos felices de estar plenos de niñez y juventud plena

desnuda en esa sala en ese comedor

marchando al borde del tiempo para qué existe

el tiempo en esos días es un papel desgastado una mirada barata un pretexto

para dar vuelta al calendario

 

Éramos tres y muchos más

alguno con su cabellera larga y el otro también

larga y hermosa pétalos de una flor imposible que caían

acariciándole la cabeza

y hermanable era y abundante en sus tres años definitivos de azular el mundo

 

El otro era puro nervio y sigue siendo el puro nervio y se consume

con el aliento que habrá heredado en culpas maldiciones de todos

para estar contento

 

Éramos hermosos desquiciados éramos toda la ternura marchando

en un cuerpo desnudo y éramos más

toda la alegría de un sol dulce en el comedor y era también la sangre

agolpándose reconociéndose entre nosotros

aunque ya nadie nos diga we will rock you ni hermano ni padre

ni quién escriba nada

 

Tú debes acordarte

estoy seguro que debes acordarte de todo eso

de algún modo debes recordarlo

si no para qué estos días para qué serían

o de qué otro modo

tendría el sol a veces sus mañanas

de qué otro modo despierta

la vida sus desgarros.

 

 

 

 

 

 

El olor de la piel conserva algo de la muerte

 

Alguna vez de tarde en tarde

mi madre y yo hablamos sobre el tema

 

Ella dice que en las mañanas de invierno

a su habitación llega

el cálido olor de los orines

que mi hermano dejaba obstinadamente

en el patio trasero de la casa

 

Entonces la piel del mundo se eriza

y la piel del mundo es la luz

donde vuelan golondrinas bajo un fondo azul     desbordado

 

Mi madre dice que en esos días aún recuerda

aquel aroma distante     hierbabuena     rosas     hojasanta

y nadie sabe como ella –ni siquiera la luz de la mañana/ ni siquiera

el paisaje donde vuelan golondrinas– que el olor de la piel del mundo

es la piel de cada uno de sus hijos

 

No hay memoria más certera que el olfato

 

aunque el invierno quiera

borrar la piel de nuestros hijos/ la vida

que aún resta en los orines de la muerte

 

 

 

 

 

 

Marzo no es un mes azaroso

 

Algo raro había en el mes de marzo

 

los perros ladraron su furia en días de lluvias

que eran llanto puro a favor de la borrasca

 

los ángeles lamentaban pesadillas y estaban ciegos

 

restregaban los párpados sangrantes en estatuas

de sal que confundían con sus madres      llamas a lo lejos

 

cruzó el cielo un pájaro quemado y acontecieron las cenizas rojas de la noche

como el vientre de un cerdo muerto

boca arriba en un acampado durante el temporal

 

las vísceras de un buey fueron expuestas en los tendederos

 

en las farmacias en los noticieros mientras la presentadora de apellido inglés

sin mover los labios hablaba de la posmodernidad (ya sabes, la miseria,

la desigualdad, los escuadrones de la muerte, las ruinas de las ciudades)

 

un animal maligno se apoderó de los símbolos de casa y fornicó

con ellos hasta que su semen fluorescente horrorizó a las estrellas

víctimas de un nombre equivocado

 

en los mercados las ropas los zapatos las sastrerías todo se imantó

de la falsa rebeldía de los líderes sindicales de los líderes políticos

de los líderes enamorados de algo febril e indefinido

 

era imposible escribir en cuadernos de hojas líquidas de letras

invisibles escritas para nadie e inservibles

 

los frutos no fueron nunca más los límites de la sed y el hambre

ni atrapaban demonios con sus pulpas

 

un golpe de electricidad sustituyó los aluviones de esperanza

que habitaba en el blanco arroz de los dientes

 

el día entero se avergonzó del tiempo

 

entonces la culpa caminó en las calles     majestuosa

 

manifestándose orgullosa en la sonrisa de los niños

 

y ellos dejaron su condición de ángeles ciegos de párpados sangrantes

 

y caminaron en la tierra como si estuvieran muerto pero dolorosamente vivos

 

 

 

 

 

Paso del Norte, 5

 

El más conocido tong chino en Estados Unidos de Norteamérica

fue el Zhigongtang (Chee Kung Tong), una sociedad mutualista

secreta originalmente formada en China, durante la Dinastía Qing

y restaurada en la Dinastía Ming. Estos grupos fueron famosos

por sus conflictos en los sitios donde se establecieron. Controlaban

el bajo mundo de la inmigración en la frontera de México con

Estados Unidos de Norteamérica, y propiciaron guerras

para disputar el control territorial con otros grupos,

en los negocios de la fuma de opio y la prostitución.

Xiaojin Zhao.

 

 

 

Chee Kung Tong

Arde

intensamente un gallo en madrugada

 

Una calada honda

canta colores de lejía

 

su cresta de humo hipnotiza la mirada

que adentra la brasa de un carrujo

 

su lenguaje pasmoso

es el desierto en la boca

 

Traza los nombres del destino

en las cartas

baratas de un casino chino

 

Destellos de rabia en las calles del barrio

 

Chee Kung Tong

Una logia mutualista

Un masón

 

Un espectáculo de danza y marihuana

 

Un hervidero en la cresta de la duna del desierto

 

El sueño de opio que en invierno escalda encías

 

Mil novecientos catorce     Pancho Villa

sacrifica cincuenta toneles de alcohol para quemar

trescientas cincuenta cabezas de migrantes chinos

trasegadas por la Revolución

 

agua para cultivar

con las manos de La Nacha

los paisajes del futuro.

 

 

 

 

 

 

Treinta años

 

Las palabras que no se dicen en la mesa aunque su eco cruce las paredes

 

: Treinta años no son suficientes para comer desesperados una piedra ardiendo

el cuerpo de los nietos tiernos que no tienes como quien muerde una fruta

 

: Treinta años no deberían ser lumbre en la lengua para pasar hojas de menta

en la garganta y limpiarse el aliento

No son tragar navajas acostado sobre un riel

cuando escuchas el silbar de un tren dispuesto a degollarte la cabeza

 

mientras los niños que has perdido juegan a brincar

la cuerda de tu imaginación más perversa

 

: Treinta años no son para asomar el rostro al ojo de la muerte

y encontrar en ese espejo la mirada marchita hecha polvo

 

: Treinta años no merecen escupir al cielo y esperar que caiga

otra vez el veneno de un dios haciéndose el gracioso

 

: Treinta años no merecen ver cómo la vida se te vuelve encrucijada

en un programa de concursos que si no sabes responder te cuesta un dedo

arrancado por la furia de un perro rabioso

 

: Treinta años no son formas de caminar en una hoguera

descalzo sin hacerle gestos ni a la memoria ni al dolor

enterrados bajo las uñas que de tanto morder a la ansiedad se han terminado.

 

 

 

 

 

 

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