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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía portuguesa: João Luís Barreto Guimarães

16 Abr 2017

Presentamos una muestra de João Luís Barreto Guimarães (Oporto, Portugal,1967). Poeta, traductor y médico cirujano, es autor de los libros de poemas Há Violinos na Tribo (1989) Rua Trinta e Um de Fevereiro (1991), Este Lado para Cima (1994), Lugares comuns (2000), 3 (poesía 1987-1994) (2001), Rés-do-Chão (2003), Luz última (2006), A Parte pelo Todo (2009) Poesia reunida (2011), Você Está Aqui (2013) y Mediterrâneo (2016). Es integrante de la antología preparada por Nuno Júdice con traducción de José Javier Villarreal: Nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, publicada por la UNAM en 2016. Los poemas de esta muestra fueron vertidos al español por José Ángel Cilleruelo

 

 

 

Iglesias de Europa

 

a Duarte Morais Soares

 

Doblan las campanas católicas para celebrar la vida

–donde se yergue esta iglesia ya fue

un templo pagano (usada

como granero

teatro

prisión y polvorín). Los muros han ido sumando

lecciones de arquitectura (Gótico

sobre Románico

Barroco sobre Renacentista) dando vida

a la lengua muerta con la que estas paredes

rezaban. Hoy estamos de regreso como

turistas paganos (cruzando arcos tan estrechos

Carlos Magno no cabría)

trayendo dioses privados a la casa

del Dios cristiano–

dando Gracias (si hay Dios) por la

belleza

agnóstica de la piedra.

 

 

 

Los argonautas en Oia

 

el hermoso viaje

Constantino Cavafis

 

Para algunos el

final de la tierra es seguro

el fin del mundo. Para otros el

fin del mundo es

el principio del viaje. Denles

un barco a remo nadie sabrá decir

si hizo bien el

que abrió el Egeo desconocido si

la duda insistente de quien se queda —

es el viaje.

 

 

 

Una explicación posible

 

Fue

sin duda un perfume. Uno de esos

más escotados

(generosos

triunfales) lo que retrasó a Odiseo de

regreso a Ítaca. De esos perfumes simétricos

(orgullosos

resueltos) que obligan la mirada a

volverse

para oler. Solo puede haber sido eso (fue

sin duda un perfume)

un perfume como aquel dejaba hacer

casi todo.

 


 

Éxtasis de Santa Teresa

 

Le pido

muchas disculpas al cardenal Federico Cornaro pero

creo que Gian Lorenzo Bernini

le engañó. Si no el Maestro que explique

(como mejor le plazca) la

cara de gozo de la Santa (el

cuerpo lanzado hacia atrás el

hallux semiflexionado los ojos semicerrados) ya ni

hablo

de ese ángel que traspasa la saeta ardiente

con la risa atrevida de un cupido consolado –

si esto es el amor divino yo quiero ser querubín

a menos que (Excelencia:) Su

Excelencia confiese que ordenó la obra así

(el pecado enmascarado por los excesos del Barroco

algo difícil de ver en una iglesia calvinista)

en este caso (Excelencia:) no

sé qué juzgar mayor si el

lento gozo de la Santa (abandonada a tal entrega) si

nuestra envidia por el tiempo que ella lleva con eso –

los labios entreabiertos de metafísico amor

llenando (Excelencia:) el

espacio interior del vacío

prolongando (Excelencia:) el grito

del

dulce

dolor.

 

 

 

Aquello que es infinito

 

in memoriam Paulo Cunha e Silva

 

Empieza ahora otro día y es más

otro día sin ti. Erramos por la ciudad

tratando de reconocerte

(ninguno de los nombres que pasan resulta

ser el tuyo). ¿Dónde está la

alegría donde asentábamos casa

(la búsqueda por ventana la ternura

por tejado) dónde

tu pensamiento más veloz que el propio día?

¿Dónde estás que no te tenemos? ¿Dónde

tu energía? Los

barcos que bailan en el río el día entero

sin descanso (las olas que no desisten de

repetirse en la desembocadura) los

espejos de este Café que ni por la noche se apagan

(el arco iris del amor en los semáforos de la avenida) –

tal vez te hayas quedado sembrado por las calles

en aquello que nunca se detiene (en un

frenesí de partículas)

quién sabe ahora si existes en todo

lo que no descansa (en eso que

no se apaga) en el tiempo

que es infinito.

 

 

 

Para la construcción de la guerra

 

a Luljeta Lleshanaku

 

La

violencia está latente en el más pacífico

ciudadano. Incluso en el que

acostado

parece sostener el muro (el estrépito

con el que frena a fondo en la fila del tránsito

el golpe con el que sacude la puerta

detrás de él) que

no te engañe la bonanza con la que ves

a nuestro hombre

paseando la propia sombra por una

mañana de sol. En él

todo es insospechado pero dentro

la sangre bulle. Deja que una mosca se pose

en la comezón de la nariz y verás lo

que es capaz de hacer –

el asesino.

 

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