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62 voces de la poesía argentina actual: Ariel Williams

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62 voces de la poesía argentina actual: Ariel Williams

Círculo de poesía February 19, 2018
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En el marco del dossier, Modelo para armar: 62 voces de la poesía argentina actual, con selección e introducción de Marisa Martínez Pérsico, presentamos al poeta Ariel Williams (Trelew, 1967). Es Licenciado en Letras (UBA). Fue miembro fundador de la revista El perseguidor, dirigida por Diego Viniarsky, y codirigió la revista virtual Verbo Copihue, Letras Patagónicas. Ha publicado libros como: Viaje al anverso (poesía, 1997), Lomasombra (poesía, 2003), Los fronterantes (poesía, 2008),o Los niños asesinos (novela, 2017). Vive en Puerto Madryn.

 

 

 

 

 

 

 

6

Estar muerto, enterrado con la cabeza hacia el fondo del suelo y

los pies apuntando para arriba. Los ojos cerrados, la boca quieta.

La cabeza ya ausente de sí misma. Los pies son el centro de la

inocencia. Guían a los que quieran subir. Los pelos de la cabeza

entre unas piedras, despeinándose mientras las orugas oscuras

del fondo inician su trabajo con la carne del rostro. Ellas recorren

lo que fue un ser vivo. Suben por un organismo silencioso.

Limpiándolo de su vergüenza.

 

 

9

Iba a pescar al mar de noche. Los botes flotaban en la quietud negra.

Había faroles y linternas, pero la luz no entraba más allá de dos

metros en el agua o en el aire oscuro. De golpe asomaba un pez gallo,

temblaban calamares ensartados en los grandes anzuelos. Parecía

que venían de la nada y flotaban en la superficie de las luces. Yo

tenía miedo de que empezaran a gritar. Pero se morían sin producir

ningún sonido. Sus cuerpos babosos me hacían acordar a las manos

encremadas de una tía. De qué noche vendrían esas manos. Decidí

zambullirme y entré en el agua hasta ver los botes y las luces lejos,

arriba. Hacia el fondo seguía la noche sin palabras.

 

 

20

Una mujer que reía en el silencio. Una tarde se puso un vestido

rojo y me llevó a una llanura donde el cielo era una extensión

sin límites de luz celeste. Qué importaba si al recostarse sobre

el pasto se veían unas manos oscuras trepando por su cara.

En las junturas del mundo aparecieron seres diminutos

que también tenían ojos y bocas. Nos reímos a carcajadas del cielo

que se iba volviendo violeta. En un cascote vivía una araña

solitaria. Pensativa, quieta durante horas. La Vía Láctea pasaba

como una hilera de lámparas por sobre sus ojos mudos.

 

 

13

En el Huso de los Pastizales del Sur vi gente. Crucé un grupo

de muchachas. Trotaban bien, con zancadas largas, y en sus

espaldas colgaban bebés de avestruces con los párpados muertos.

Llevaban arcos y cuchillos atados a sus cinturas. Me observaron,

ojos grandes y serios de chicas de la llanura. Una de ellas de golpe

se llamó Erberta. Pasaron una zona silenciosa y después cantaban.

Escuché sus voces durante kilómetros de kilómetros. Las traían

las corrientes de aire tibio. Y entre ellas cantaba Erberta.

Eran canciones tranquilas de muchachas cazadoras, historias

 de sus antecesoras, y de cómo habían saltado cañadones

enormes, y de cómo habían nadado en el mar helado y negro

del sur para cazar pájaros en una isla escondida.

 

 

 

19

Hay que tener un cerebro ondulante y hay que conseguir

músculos largos. En la inmensidad de las estaciones que

suceden. Llegan los vientos, llegan los extensísimos terrenos.

Llega el invierno con sus peces en lo oscuro de los ríos.

Nuevas pituitarias sabrán buscar los aromas fríos y babosos,

se orientarán en las tierras destempladas, seguirán los humos

de las fogatas grandes. Hay animales con una curvatura original,

hay animales que son encrucijadas. En un gesto que repito,

se va formando una mano otra. Mano con ciertos dedos

extrasentimentales.

Ahí van las pieles, el suave centro de los enjambres, una cara

que podría haberse llamado Erberta. Y hay un espacio profundo,

que no es el lugar de nadie.

 

 

 

Ariel Williams. Nació en Trelew en 1967 (Chubut, Patagonia). Es Licenciado en Letras (UBA). Fue miembro fundador de la revista El perseguidor, dirigida por Diego Viniarsky, y co–dirigió la revista virtual Verbo Copihue, Letras Patagónicas. Libros editados: Viaje al anverso (poesía, 1997), Lomasombra (poesía, 2003), Conurbano sur (poesía, 2005), Los fronterantes (poesía, 2008), Daier Chango (novela, 2010), Discurso del contador de gusanos (prosa poética, 2011), El cementerio de cigarrillos (novela, 2012), Notas de una sombra (prosa poética, 2014), La risa huérfana (poesía y prosa poética, 2016) y Los niños asesinos (novela, 2017). Vive en Puerto Madryn.

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