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62 voces de la poesía argentina actual: Néstor Ponce

Poesía Panhispánica

62 voces de la poesía argentina actual: Néstor Ponce

Círculo de poesía junio 18, 2018
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En el marco del dossier, Modelo para armar: 62 voces de la poesía argentina actual, con selección e introducción de Marisa Martínez Pérsico, presentamos al poeta Néstor Ponce. Nacido en La Plata en 1955 y residente en Francia desde 1979, donde llegó como exiliado. Néstor Ponce es autor de tres libros de poesia, Sur (1982), Desapariencia no engaña (2010) (trad. al francés: Désapparences, 2013; trad. al inglés Dissapearance without absence, 2017), La palabra sin límites (2013) y de siete novelas y dos libros de cuentos, publicados en Argentina, Colombia, Cuba, Chile, México, España, Alemania, Francia, Inglaterra. En 2013, su poemario Desapariencia no engaña fue seleccionado por el Ministerio de Educación para ser distribuido gratuitamente en todas las escuelas y bibliotecas públicas de Argentina (edición de 10.000 ejemplares).  El mismo año fue nombrado Caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa. 

 

 

 

 

 

Campo de concentración

 

Campo de mayo, 1979, septiembre

 

En este hueco

desde este precipicio

enmurado y roto grito

el amor no muere jamás

nunca jamás el amor muere

no muere nunca jamás

Feliz cumpleaños

escribí por las paredes

hoy desde este hueco

en este precipicio

escribí en el viento

y el aire se lo llevó

arrastró el grito

afuera afuera

el amor no muere jamás

 

 

 

 

 

Estrellas en el Río de la Plata

 

Río de la Plata, Avión militar, 1977, septiembre

 

¿caída? / el tajo

se abre hacia el cuerpo

va hacia el fuego

un grito hacia el agua

se mece

como una campana de luz

 

 

 

 

Poemas del viejo Martín

 

Campo de concentración, La Perla, 1979, mayo

 

 

cayeron los soldados en casa de Martín

patearon puertas y otras aberturas al mundo

contra la pared los pusieron

a los libros

apuntaron

contra los estantes los pusieron

muertos de coraje

temblequeaban los versos

cayeron pesadamente

de los estantes

maltrechos y con menos octosílabos

los quemaban en Berlín

los ejecutaban en La Plata

les pegaban airadas irreverentes

las balas

chispas de papel carocoleaban en el aire

metáforas curiosas se avivaban con el viento

se pasaban datos las sinestesias

saltaban tapias y horizontes los versos libres

llegaban al calorcito de Los Hornos

helaba afuera se mordían los labios en La Boca

en San Telmo bailoteaban los fueguitos

y en tu casa amor mío en tu casita

hacían eco las complicidades

los cuervos seguían chiflaban los balazos

en el cementerio los muertos

se escondían tras las cruces

de pura y mísmisima piedad

se metían bajo tierra

 

los versos eran bichitos de luz

giraban iluminados alrededor de la plaza

se acostaban con la luna

se levantaban con el puño

mareados en el vino sideral

entre los alcoholes de la última caricia

se embriagaban de tanto mirarte a los ojos

se hamacaban en tu ombligo

largaban sombreros de colores a la sordera del mundo

 

 

 

 

Peceto al horno

 

Éramos tan pobres

que hacíamos simulacros de comida

yo prendía el horno

cebaba mate freía cebollas

y después nos sentábamos a comer

 

los platos del juego de casamiento

estaban vacíos

eran una hormiga en el ocaso

una almohada sin cama

un brillo en la penumbra

 

yo la miraba a mi mujer a los ojos

qué rica la carne al horno le decía

mientras masticaba pan tostado con cebolla

ella se limpiaba los labios con la servilleta

en un gesto de única elegancia

 

te salió riquísima decía

exquisita exquisita

parece un murciélago

que ve por primera vez la luz

 

yo elevaba una copa imaginaria de champán

para festejar el comentario

 

Éramos tan felices

 

 

 

 

 

Dentista

 

esa mujer tenía prendidos unos ojos

como el arco iris

le salían arcos de las cejas

y del bozal

flores de amor

 

cuando aplicaba el torno

su profesionalidad era pasmosa

fruncía el ceño

como Einstein

cuando entonaba baladas marchitas

 

un día me estaba perforando una muela

aplicaba anestesias en las encías

agujas de medio metro

me entraban en la piel

 

sus ojos menta y miel

suspiraban de pura concentración

largaban destellos

que caminaban por las paredes

como ciempiés en fiesta de carnaval

 

doctora le dije entre tornos

líquidos antisépticos

pinzas y otros enseres

me estoy enamorando de usté

 

se quitó el bozal

con gesto impúdico:

yo también

respondió con voz de dentífrico

mientras de los ojos

se le derrumbaban

consultorios enteros:

 

jamás vi muelas tan hermosas

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