Mario BojórquezEl poeta sinaloense Mario Bojórquez, ganador en 2007 del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, ofreció un taller literario en esta ciudad, organizado por parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte de Conaculta y la Coordinación de Producción en Artes Escénicas y Literatura de la Universidad de Guadalajara (UdeG), con apoyo de la Librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica (FCE), del 7 al 9 de septiembre pasados.

Con una experiencia de dos décadas impartiendo talleres de este tipo, Bojórquez asegura que siempre ha centrado su trabajo “desde la perspectiva, primero, de la técnica literaria; es decir, todos aquellos que algún día quieran escribir poesía tienen que conocer, al menos, cómo es posible que la poesía en español haya llegado hasta aquí, a fuerza de siglos, construyendo todo un sistema de expresión que ha sido estudiado suficientemente por muchísimas personas inteligentes a lo largo del tiempo”.

En este sentido, detalla, se trata “de un taller de retórica y poética, a un tiempo; de retórica porque se estudian las técnicas de la expresión y, por otro lado, de poética porque estudiamos el pensamiento de la poesía; es decir, cómo se ha conservado al día de hoy y qué nuevos pensamientos ha generado, incluso actualmente, a propósito –por ejemplo– de la relación que tiene el poeta con una sociedad cada vez más rápida, con nuevas tecnologías, nuevas posibilidades de ser”.

Así, con un grupo de alumnos donde predominan los jóvenes, el instructor establece: “Uno se preguntaría ¿para qué necesita saber un joven cómo se hace un soneto? Bueno, si no tiene un soneto en su corazón, no tiene por qué escribirlo; pero sabe cómo se hace y si alguna vez lo necesita, va a hacerlo. Y si alguna vez lee a Sor Juana va a comprender por qué es maravillosamente buena, comprenderá como Quevedo y Góngora generaron una literatura que fue, al final, una lengua (construyeron el español que hablamos hoy)”.

El cupo del taller, por otra parte, no fue limitante para que, como refiere Bojórquez, hicieran “un contra-taller, es decir, algunas personas que no pudieron inscribirse me pidieron de favor que los atendiera, y estuve unas horas con ellos hablando de poesía y, además, de sus poemas”.

De igual forma, comenta, “las posibilidades tecnológicas de hoy, como el mensaje de texto o el Twitter, son lenguajes sentenciosos, se construyen sobre frases concretas en las cuales se tiene que decir todo, de una vez y una sola vuelta. Eso es casi la noción de verso. Así, nos permiten regresar a la sonoridad del verso. En Twitter hay un número reducido de caracteres en los que se debe expresar una idea concreta, esa misma urgencia la tiene el poeta con el verso, debe decir todo lo que pueda, cargar de sentido esas palabras. En Facebook, cuando se escribe el ‘estado’, eso también implica una frase corta. Estamos ante la apertura de una dicción que es cercana al verso en la vida ordinadria. Como ningún otro género, la poesía –y quizá la ficción o el ensayo breves– son los géneros literarios que mejor se llevan con estos nuevos usos tecnológicos de la expresión. De ahí que los jóvenes sean los primeros que van a utilizarlos”.

En 20 años de experiencia con talleres, muchas juventudes y países ha contemplado el instructor, quien recuerda que “en los primeros talleres, a principios de los noventa, se hablaba de imágenes, entendidas como imágenes plásticas como lo proponía Pound, esto es, a la manera del imaginismo y no como establece la retórica ortodoxa, que la toma como símil o comparación”.

Ahora, ante esto acontece “una renovación”, refiere Bojórquez, “en 1990 aparece un libro fundamental, El cardo en la voz, de Jorge Esquinca, quien hace una revolución en la poesía mexicana –ya antes otro jalisciense había hecho una en 1975, Ricardo Castillo conEl pobrecito señor X–; lo que produce Esquinca es algo que se ha llamado la ‘prosa de Guadalajara’, que es una manera de llamar a cierta forma expresiva que se vincula con ciertas nociones del poema-objeto, como lo hicieron los franceses y venía antes de India o la China (y que trajo Paz acá); por otro lado, una suerte de preciosismo barroco en la expresión, uso de imágenes cargadas pero que tenía cierta ligereza desde el punto de vista del contenido, algo muy grave”.

En estos términos, aunque admite Bojórquez que Esquinca “se ha alejado un poco de ese tipo de dicción, sus alumnos no lo hicieron bien (y fueron muchos, en todo el país). De pronto hubo una fiebre de ‘prosa de Guadalajara’ donde se trataba de que todos dijeran algo que nadie entendiera. Todo eso se ha perdido ya, afortunadamente, y creo que hay renovación del discurso; un vínculo entre lo que significa la poesía neobarroca y la coloquialidad. De pronto se ven, en poetas muy jóvenes, usos complicadísimos del lenguaje y la inteligencia en una poesía de la dificultad que se mezcla con la cultura pop. Eso es lo que está pasando ahora. Una idea que, por otra parte, no es mía, sino que se la escuché un día al poeta cubano José Kozer”.

Respecto de la idea de Kozer, afirma que en una entrevista el poeta da cuenta de cómo “el neobarroco y el coloquialismo, que habían estado enfrentados desde los setenta, se encuentran y se amalgaman en una nueva cosa. Acaba de aparecer una antología, publicada en España por la editorial Visor, bajo el título Poesía ante la incertidumbre, que reúne a poetas de toda América Latina y España que dicen querer regresar a una poesía que se entienda, que sirva a la gente normal, a la gente de la calle”.

Y añade el instructor, “lo que me interesa de esta propuesta es que buscan algo que se llama diálogo humano. La poesía debe seguir siendo un diálogo. Eso ya lo establece Heidegger cuando estudia a Holderlïn; dice que desde antiguo, somos históricos porque somos un diálogo. Si el ser es una cosa que no está completa y tiene que completarse, debe serse. Paz se lo preguntaba –en El arco y la lira– al referir ¿y qué es la poesía sino este ser que no acaba de serse, como decía Heidegger, o este ser heterogéneo, este ser que es otro, como decía Machado?, la esencialidad del ser que el español estableció a través de Juan de Mairena”.

Para Bojórquez, lo anterior, que “es el problema de la humanidad de hoy y que, al menos en poesía, no creo que se esté reflejando hoy, pero tendría que reflejarse. Creo que no es un problema de la forma el nuestro. En este momento es un problema del pensamiento; porque vivimos un problema de identidad, el drama que proponía Pessoa lo vive toda la gente hoy. Hay quienes tienen menos una identidad verdadera que un perfil en Facebook; la vida ahí es mucho más real que la que vive en lo que abusivamente llamamos la realidad. Habría qué pensar en eso”.

Ricardo Solís