Rubén Bonifaz Nuño fue uno de los grandes maestros de la poesía mexicana del siglo XX. En 1989 le escribió un libro de poemas a la actriz y cantante Lucía Méndez, que por aquellos años protagonizaba la telenovela El extraño retorno de Diana Salazar. Pulsera para Lucía Méndez (1989) ha quedado como una rara avis de nuestra poesía. En su cuenta de twitter Lucía Méndez escribió lo siguiente el viernes: “Gracias Nuño por mi Libro, PULSERA PARA LUCIA MENDEZ. , nunca lo olvidare!! Ruben Bonifaz Nuño un ser maravilloso, descanse en paz.”

 

 

 

 

Cuando adiós me dijiste, te he encontrado;

te dije adiós, y me quedé contigo.

Me es —porque te recuerdo— el tiempo, amigo;

pueblas lo que vendrá de ese pasado.

 

Adiós te dije: en sombras me has dejado;

dijiste adiós: sin porvenir te sigo.

Ya soy —te fuiste, el tiempo es mi enemigo—

el sin remedio, el nunca recordado.

 

Afila sin objeto una esperanza

—de noche estoy, te columbré de día—

alegre, el corazón de la tristeza.

 

Cambia todo, tú quedas sin mudanza.

Y el tiempo es nada, y luce —ya lucía—

lo que pone de lujo mi pobreza.

 

 

 

 

 

 

Surge a compás, gozante ligereza;

tú, no solemne danza ni onda triste;

si pasión que se enfiesta y se desviste,

ángel felino que se despereza.

 

Lucía de los pies a la cabeza

tu gloria, y eras todo cuanto existe.

Ya levantas los brazos, ya la hiciste,

ya das un paso: tu canción empieza.

 

Cerca de tan lejana, de ti misma

te vas colmando; esplendes y construyes

tu risa, y cantas, y te da la gana.

 

Andas, aplaudes, dices; ya se abisma

en ti el deleite, ya lo restituyes;

ya el ánima suspira y se aliviana.

 

 

 

 

 

 

Plenitud juvenil de la manzana

pulida por el sol cuando madura;

el cielo, en ti, encandila y se adulzura;

ayer con hoy alegras, y es mañana.

 

Divinizando tu disfraz de Diana

Salazar, amotinas tu figura;

mueves un hombro o quiebras la cintura,

y agarro mi patín. Tú, soberana.

 

Cielo trigal, candil en lo profundo,

presente del futuro, sol esbelto

multiplicado en cortes de diamante.

 

Yo la miraba, y era de otro mundo:

la estrecha falda y el cabello suelto.

Y lucía magnética y radiante.