Presentamos, en el marco del dossier de poesía española contemporánea, un acercamiento al trabajo de Beatriz Villacañas (Toledo, 1964). Ha merecido distinciones como el Premio Internacional de Poesía  “Ciudad de Toledo” (1995) y el Premio Primera Bienal Internacional de Poesía Eugenio de Nora (León, 2000). Es Doctora en Filología y profesora de literatura inglesa e irlandesa en  la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

 

 

 

 

EN EL TIEMPO QUE DURA UNA CANCIÓN DE AMOR

La eternidad habita en el abrazo,
cabe toda en la música
que se mide en minutos
y es siempre más pequeña
que la pista de baile.

En el amor
el cuerpo es el más frágil
de todos los espejos
y es cristal vulnerable
ante la más volátil
de todas las caricias
y, sin embargo,
nos hace despreciar el universo
y sentirnos más grandes
que todas las estrellas.

Cuando amamos,
el mundo se concentra
en la mirada mutua,
incandescente,
e insumisa ante el tiempo de los otros,
los que no importan nada
a quien está de amor recién nacido.

La eternidad habita en el abrazo,
en el tacto,
en el fuego
y en el momento único.
Lo demás ya no importa.

Pero la música
va contando compases en el tiempo
y se convierte en pausa que se alarga
hasta alcanzar silencios en el aire.
Y entonces el amor
se transforma en camino interminable
de espejismos sin nombre,
donde un sueño palpable y siempre esquivo
se ríe mientras juega con nosotros,
otra vez niños
perdidos como antes
(pero ahora culpables)
entre los árboles del bosque imaginario
donde creímos detenernos para siempre.

El amor, incluso si es el nuestro,
carece de reposo
y nos deja jugando en el camino
sin descubrir su ausencia todavía.

Empezamos entonces a rompernos,
y con toda la vida por delante.

 

(JAZZ, 1991)

 

 

 

 

 

GUIÑOL

Caen las risas todas
como el golpe
en la cabeza hueca
de la más tonta de las marionetas.
Y más risas de nuevo frente a su caída
mientras aquellos ojos,
de infinita y estúpida ternura,
nos contemplan
sin el menor rencor.
Todos a coro, gritándole más fuerte
ante su aturdimiento
cada vez más contagiosamente divertido,
hasta que ya en el suelo la contemplan,
la aplastan
las miradas ansiosas de más gozo,
con el deseo de verla de nuevo levantada
para otra vez poder verla caer.

La ventana se cierra,
y camino de casa
olvidamos deprisa esa pequeña fiesta
de indefensión lejana.

Cuando abrimos la puerta
nuestros ojos se llenan de infinita y estúpida ternura
y sentimos el peso
de miles de miradas invisibles,
denso
como la mano silenciosa de Dios,
que podría empujarnos
hacia cualquier abismo cotidiano.

Guiñol.

 

(ALLEGRA BYRON, 1993)

 

 

 

 

 

COMIDA PARA TODOS

Hoy llevo locamente
unas migas de pan a las estatuas.
Las palomas del parque se me ponen de uñas
porque creen que la Historia
es sólo bronce,
una infinita piedra de granito
o un mármol de Carrara,
una mujer cubierta por los pájaros.

Yo le doy de comer,
a ver qué pasa.
Sé que pongo celosas a todas las palomas.

 

 

 

 

 

 

AQUILES, HIJO MÍO

Aquiles, hijo mío,
algo me vence más que tu grandeza:
el recuerdo de tu ser recién nacido.
Sólo yo, Aquiles, hijo mío, sé cómo fuiste niño.
Cuántas veces, a nuestros pies las olas,
con mis dedos quitaba yo la arena de tus cabellos rubios.
Siempre escondías tesoros diminutos en tus puños,
que se abrían como rosas
sin haber conocido aún el hierro de las armas.
Aquiles, hijo mío, tuyas son las victorias,
tu lucha es mi derrota.

Aquiles, mi guerrero,
al hacerte soldado
caíste prisionero de tu propia armadura.
El mundo está asediado,
y todos tus triunfos ponen nuevas murallas
en los pechos de los hombres y los héroes.
Tus pies ligeros no han de llevarte nunca más allá
de los confines de la guerra,
y con ellos te vas marchando lentamente de mí
porque te marchas para siempre.

Aquiles, hijo mío,
te vi vivir antes de verte con los ojos,
te oí sumergido en el silencio
y te toqué sin necesidad de usar las manos
mucho antes que la aurora de los dedos rosados.

Ahora que estás dormido y la luz de la luna
perpetúa el resplandor de tu espada,
a la vez que con su leche nutre esta nocturna tregua,
contemplo en tu talón la convulsión del tiempo,
y aunque tú no lo sabes, Aquiles, hijo mío,
como siempre
los dioses han vencido.

 

 

 

 

 

TESTIGO

Están matando el día en algún sitio.
Se desploma la luz
sobre el lomo de alguna bestia del planeta:
un jabalí, un gato, un cordero,
o alguien que tiene nombre.

Alguno se impacienta con el tiempo:
no mata con la prisa necesaria
un pulso, unos pasos, cierto ruido.
Alguien está muriendo en algún sitio
convertido en la presa de algún superviviente.

Se están borrando caras de algún sitio.
Desde alguna región un niño nos sonríe
mutilado
como cualquier paisaje bajo un cielo voluble.

Va saltando la tinta a los periódicos
al paso negro-blanco de las armas,
se ofrece un sacrificio en algún sitio
en conmemoración del fracaso del mundo.

La muerte se abre paso a través de la carne
y llega, sólo ella,
al núcleo inaccesible del dolor
de otro cuerpo.

Mientras,
todos dormimos con los ojos abiertos.
Mesmerizados
bajo un miedo perverso.
La noche en nuestros labios.
Esquivamos las balas,
los coches
y los muertos.

Apenas quedan víctimas para tantos verdugos.

 

(EL SILENCIO ESTÁ LLENO DE NOMBRES, 1996, PREMIO INTERNACIONAL CIUDAD DE TOLEDO)

 

 

 

 

 

A MODO DE DECLARACIÓN DE AMOR A LAS CIUDADES

En Praga no me encuentro,
me quisiera encontrar pero no puedo,
Kafka me arrastra adentro,
pero cuando me quedo
los santos me señalan con el dedo.

Los del puente de Carlos,
el que va y viene del castillo al alma,
¿me atreveré yo a amarlos
mientras su rezo ensalma
mi tumulto interior frente a su calma?

Madrid es diferente
y tiende a derramarse en las afueras,
tiene estrecha la frente
y anchas las caderas,
es Sócrates de todas las parteras.

Dicen que está muriendo,
más yo la veo alegre en su agonía,
y disfruta pariendo,
como una letanía,
criaturas muy suyas día a día.

Toda ciudad me invita,
Nueva Orleáns, Seattle o Granada,
y su atracción me irrita,
que sentirme atrapada
me hace moverme tanto para nada.

No es que no quiera ir,
adoro los viajes como el juego,
pero es un sinvivir
ver que se apagan luego
tantas figuras al final del fuego.

Miro a mi alrededor,
en todas las ciudades hay amantes,
gloria junto al horror,
simultáneos instantes,
no me hace falta ir: ya he estado antes.

 

(DUBLÍN, 2001, PREMIO PRIMERA BIENAL INTERNACIONAL EUGENIO DE NORA, LEÓN)

 

 

 

 

 

DISTINTA A LA PALABRA

No te esperaba, Muerte,
porque te había esperado tanto, tanto,
que cuando tú llegaste
ya te había olvidado.

No te esperaba, Muerte,
porque tú eras mi objeto más pensado,
y cuando apareciste,
no logré oír tu paso.

No te esperaba, Muerte,
porque tú eras palabra acostumbrada,
y cuando te acercaste,
no sentí tu llegada.

No te esperaba, Muerte,
y al sentir tu verdad inesperada,
después de conocerte,
eras toda distinta a la palabra.

 

 

 

 

 

EL TEXTO INACABADO

Quizá
la vida sea
un texto inacabado.
¿Se continúa en otro espacio
y otro tiempo?
¿Alcanza
en lo desconocido
su plenitud
y su sentido?
Quizá
la justicia poética
haya que ir a buscarla
en la literatura
de otro mundo,
y el equilibrio último
en una nueva,
no imaginada
luz.

 

 

 

 

 

 

ÍNTIMO LOBO

El amor es un golpe,
seco, callado, intenso.
Nos deshace en partículas
a segundo por beso.

El amor es urgente,
habita en el deseo,
es un niño que canta,
es un peligro tierno.

El amor es impacto
de A.D.N., travieso,
dispuesto a fecundar
los siglos venideros.

Amor a quemarropa,
voraz y violento,
atraviesa la idea.
Todo él hecho cuerpo.

Habita en la palabra
y vive en el silencio.
Canta y calla el amor,
música y esqueleto.

El amor no descansa,
depredador maltrecho,
corazón todo bosque:
es el lobo del cuento.

 

 

 

 

 

 

UNA CUESTIÓN TRIVIAL

¿A quién le importa ser
de piel adentro,
jugar a preguntarse
o a mirarse
más allá del espejo?

Buscarse el corazón,
jugar al laberinto
de la luz y la noche
cuerpo adentro.

Encontrarse
la raíz de la sed,
el apetito
voraz de la mirada,
el embrión del deseo.
La concepción
maculada
y oscura
de la palabra en la garganta.

Una cuestión trivial
tocarse el miedo,
como el pulso en la sien,
curarse del disparo
que suena
cerca y lejos.

Una cuestión trivial
odiar con todo el cuerpo
la carne que digiere
la carne que comemos.

¿De qué sirve pensar
que uno está siempre preso?
quieto a medio camino
entre el arcángel y el insecto.

 

(EL ÁNGEL Y LA FÍSICA, 2005)

 

 

 

 

 

 

MANIFIESTO REVOLUCIONARIO

Devolver a las palabras
la verdad que alguna vez tuvieron.
Caiga
quien
caiga.

 

 

 

 

 

MANIFIESTO POÉTICO

Devolver a las palabras
la verdad que alguna vez tuvieron.
Caiga
quien
caiga.

 

 

 

 

 

 

LA MÁS CONTRADICTORIA DE LAS ARMONÍAS

La vida, viaje extravagante,
centro infantil
donde convergen los sueños y los astros.
Imposible sosiego,
pulsión deshecha en átomos cegados.
La vida ésta. Ángel frutal
engendrador de pájaros profanos.
Canción de charco en charco
con el amor doliendo en el costado.
Texto escrito en la carne y en lo desconocido.
Fulgor penitenciario
y una legión de insectos formando una pregunta.
O mil preguntas como mil guerreros.
Beso a flor de cuchillo,
melodía en el campo de batalla.
Perfecta desnudez frente al todo y la nada.

La vida, cruda y lírica,
toda ella hecha cuerpo, muerte y resurrección.

 

 

 

 

 

 

 

El EPITAFIO DE ALBERTO DURERO

                                                     Cuanto de mortal hubo de Alberto Durero
queda cubierto por este sepulcro

Willibald Pirkheimer

Acaso sea posible caminar, como el poema,
fuera del tiempo.
Acaso el llanto sirvió, como la flor y como la palabra.
Acaso la penumbra del lenguaje
sea la luz que ilumine el camino del muerto,
acaso el grito que nos trajo, caídos, un buen día, en esta carne,
perfore la materia corrompible
y nos abra los ojos.
Acaso la memoria sea el eco
de la secreta melodía del origen.

Tierra, voy a dormir contigo.
Si alguna vez despierto,
compartiremos juntos
la inmortalidad.

 

 

 

 

 

JUEGO

Aunque sé que imagino lo que creo,
seguramente creo que soñando
Dios me contesta cuando no le veo.

Si a Dios nunca he llegado preguntando,
voy a crear para creer y creo.
Voy a creer llegar a Dios creando.

 

 

 

 

 

EL TIEMPO DEL PADRE

A Juan Antonio Villacañas

Qué nueva identidad me dio tu muerte,
qué nuevo amor con el que hablo contigo,
me dio un lenguaje libre de palabras
y un infinito amigo.

 

 

 

 

 

TRANSUSTANCIACIÓN

Se caerán nuestras manos
algún día,
incontables otoños harán de ellas hojas.
No haremos ya nuestro trayecto a pie.
Llegará el tiempo, el instante,
en que este cuerpo nuestro se marche de nosotros,
y, así,
nos convirtamos
en lágrimas de aquellos que nos aman.

 

 

 

 

 

PLATO DE CERTEZAS

Vivir es un aprendizaje de refugios

La duda es un cuenco divinamente fisurado

El amor siempre puede con nuestras definiciones

La música es lo más parecido a la justicia

Cada descubrimiento alimenta un enigma nuevo

El tiempo es lo que no nos deja aprehender la eternidad

La Poesía es un arma de seducción voraz

El sueño verdadero no se contamina por lo posible o por lo probable

El humor es hijo de la lucidez de saberse débil

Mientras la vida acosa, fructifica

Sabiduría es llegar a un acuerdo con la propia angustia

Tanto más lejos cuanto más profundo

El corazón actúa cada vez que se incendia

 

(LA GRAVEDAD Y LA MANZANA, 2011)

 

 

 

 

Datos vitales

Beatriz Villacañas (Toledo, 1964) es  poeta, ensayista, narradora  y crítica literaria. Doctora en Filología y profesora de literatura inglesa e irlandesa en  la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Ha escrito los poemarios: Jazz  (La Coruña 1991), Allegra Byron  (Toledo 1993), El silencio está lleno de nombres (Toledo 1996), Dublín (León 2001), El Ángel y la Física (Madrid 2005), La gravedad y la manzana (Madrid, 2011).  De próxima aparición: Testigos del asombro (Haikus para diferentes horas), Madrid. Ha merecido distinciones como: Premio Internacional de Poesía  “Ciudad de Toledo” (1995) y el Premio Primera Bienal Internacional de Poesía Eugenio de Nora (León, 2000). Ha traducido al español a poetas ingleses e irlandeses, como W. Shakespeare, W.B. Yeats, Seamus Heaney, Michael Hartnett y Brendan Kennelly. Ha escrito los volúmenes de ensayo: Los personajes femeninos en las novelas de Thomas Hardy, Editorial Complutense, Madrid, 1991, Mirando hacia la isla occidental. Primera aproximación a la literatura irlandesa, Ediciones Blancas, Madrid, 2002, La poesía de Juan Antonio Villacañas. Argumento de  una Biografía ,  Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha,  Toledo 2003, Literatura Irlandesa, Síntesis, Madrid, 2007.