Ramsés Salanueva

presentamos, en el marco del dossier de poesía de Hidalgo, preparado por Jorge Contreras, una muestra del trabajo de Ramsés Salanueva Rodríguez (Actopan, Hidalgo-1972). Es Poeta, reportero y promotor cultural. Es autor de los libros inéditos “Poemas y sonetos de extremaunción”, “Cuaderno para estudiar el viaje” (sobre su viaje a Noruega), con el que obtuvo la beca de jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, “Libro de agua”

 

 

 

 

 

 

XIII

 

He aquí, duermes sobre la yerba ulterior de los abismos

en el cuarto más oscuro de la casa

donde la luz no causa humores

y los gatos huyen de tan inmenso.

 

Duermes, convencida de tu antigua mancia.

Segura estás de vencer estos muros.

De dislocar las ventanas,

para que el sol ya no cohabite

y queden tiesas estas lámparas.

 

Puedes, hacer de cuenta,

que la escala siempre descendió a ninguna parte.

Que el solado no colinda mas con los tejabanes

y los ramos de tu cama, pesadamente

se arrastran por los albañales.

 

Hay un pájaro inconcluso  atrapado en las telarañas.

Un nido de efímeros ratones, que prospera bajo mis hombros.

Corrosivos hormigueros se expanden en la alacena

de las vigas cuelgan polillas, hombres sin credo.

He visto salir fenixs de los desagües

mientras crótalos se filtraban por las cornisas,

ya invadidas de asarinas y grandifloras,

de todas estas plagas mía la culpa es,

no supe cerrar a tiempo las troneras,

ni despedir oportunamente a las visitas  residuales.

Remanentes de esas auras acometen mi basamento.

Pero duermes, ajena a los desfiles y las aniquilaciones

a los parques conquistados por los vicios

los cafés de espejos, los cines improbables,

las salas de fe, o los salones de aire.

En tu cámara ninfal, no escuchas el latido de la pileta,

o la comparsa de los trebejos

esos puntos ciegos donde la morada se tropieza

se desquebraja, bajo la acumulación de sartenes calcinados

y fotografías secretas, de lugares donde nunca fuimos.

de rutas, de monociclos, locomotoras que no abordamos.

Mucha gente toca la puerta, pero nadie abre

y pasan de largo los que dejan cartas, los que venden sosa

y negocian causticos, los que afilan cuchillos y podan sexos,

los que compran óxido y se confiesan plásticos,

los paganos, convencidos, y los evangélicos, insurrectos

los que piden dádiva, y los que dan tristeza

los que barren el polvo, pero nunca se llevan los escombros

las gitanas que muerden la mano y los alcohólicos que leen los pies

los que reparan matorrales y pintan grietas, los dulces, los amargos

los que censan los refugios pero censuran los burdeles,

las pías que maldicen y las disolutas que oran,

los que se alquilan por mandato y los que huyen por convicción

todos han pasado por aquí, y a pesar de la indiferencia

con que la tarde se recoge, en su aposento de sosiego, duermes,

sin que nadie sepa lo que sueñas

si tienes hambre de realidad o gula de ilusiones.

A veces hablas y las paredes te responden,

son alusiones de ladrillo, frases escritas con cal,

conversaciones de salitre escurren de tus comisuras

dicho estaba…tu polvosa saliva; se derramaría

sobre un libro de sal.

 

 

 

 

Evangelio de Lucifer

 

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! ¡Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones! Tú que decías en tu cora­zón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

Isaías

Capítulo XIV

Versículos XI, XII, XIV, XV

La Sagrada Biblia

 

 

 

I

 

 

si el propósito de esta noche                                                               que en su interior lo eterno

                                                      para prolongar el inobjetable

vacío de tinieblas                                                                               entonces habría luna disuelta

 

 

 

II

 

 

pero se desvaneció la inextinguible antes de que fraguara la última gota de cielo

fueron rumbos de fuego

iba en pos de ti                                                                                                 cuando despareciste

y sobre las brasas se encendió mi alma

 

 

 

III

 

hay veces que el horizonte es un poema escondido en la silbatura de las ramas

como un dios que ha descubierto el error en su creación más perfecta y sin embargo

resplandece

es el tiempo que en su fin permanece exacto a pesar de su dilatación

tengo siglos de no ver el sol

 

 

 

 

IV

 

fue entonces que me rebelé y abrí mis antiguas heridas para que con esa misma sangre los guerreros trazaran el sagrado signo de la batalla en sus escudos y en la fiera expresión de sus rostros

 

sellé mis secretos y durante mil noches me infligí sangrías en las intimida­des de mi cuerpo y la

mañana en que no hubo canto de pájaros emprendí la persecución de los ángeles

 

los vi descender con cada una de sus alas picadas por mis flechas caían como lluvia

 

 

 

V

 

ataqué con toda mi ira los 7 puntos cardinales donde residían las legiones de los arcángeles

 

y dispuse de sus mantos luego de ser vencidos para deshonrarlos frente a la plenitud del cosmos

 

 

 

 

 

VII

 

tomé la iniciativa de mi destino y elegí el ambiente más sutil para proferir mis herejías

 

 

me opuse al movimiento que transforma la materia y salva el vacío de las tinieblas

 

 

recorrí las sendas de cada uno de los confines de la tierra y dejé fe de mis hazañas en el lóbulo de los mortales

 

 

surqué las corrientes oceánicas y descendí a los fosas abismales para en­frentar una a una las bestias que protegían el recinto del que siempre ob­serva y se alaba así mismo

 

“Yo prevalezco soy el principio de la finitud y la conclusión del origen. Yo apartare de ti las fauces del león y tus huellas jamás llegarán a nidos de víbora. Yo te pondré sobre las nubes y te guardaré de los mares embrave­cidos. Yo seré tu rayo de sol y tu eclipse de luna. Yo acudiré por ti el día de mi retorno. Espera mis señales”.

 

 

 

 

 

VIII

 

entonces poseí un cuerpo para conocer las circunstancias humanas y he aquí que bajé al fango para ser señalado por los gentiles, exponerme a sus voces sombrías, fui temido por mi rostro y odiado por mi sabiduría, en las orgías de Babilonia cortesanas de caderas tatuadas me repudiaron y com­prendí la vicisitud de la humanidad. Cuando el rayo se aparte del trayecto de la luz y el trueno acepte la nueva era del sigilo y no haya más líquido que los remanentes de un antiguo vaho en las extremaduras del yermo, el día en que el viento despliegue su verdad, habrá una tolvanera de misterios. Será el aviso prometido que esperan los abducidos.

 

 

 

 

IX

 

puesto que desperté, antes de la creación y por vez primera alguien inma­nente al que está en todas partes respiró el éter de la conciencia, encendí los primeros fuegos del universo y a partir de entonces la mañana cósmica repelió las tinieblas originales. En memoria de aquellos días desde enton­ces nadie iguala mi belleza. Reino este mundo por la plenaria de mis vir­tudes hasta que se me permita la ascensión. Soy la estrella de la mañana y la misma serpiente emplumada que trajo las negras maravillas a esta tierra. Soy el infamante, el señalador, el que tiene la llave de la puerta del templo del alba en Siria. Yo poseo la clavícula contra los dogmas, soy la senda que conduce al inflamatorio de la verdad, quien puede leer la revelación.

 

 

 

En el día anunciado de la Bestia

06-06-06

Desierto del Valle del Mezquital

 

 

 

 

 

Estación de Extranjeros

Hemos bajado del cielo. Traemos la mente turbia,

debido al desvelo que un mal sueño provoca.

Nuestra tez entumecida, presenta desaliño.

Una ramificación de sangre, hasta la vista, obnubila.

En la sucesión de los seres, que la frontera ordena,

un centinela de Dios nos vigila.

 

Que de a dónde partimos al exilio de la calma.

Que cuál era la divisa para mediar entre el temor y la osadía.

Que cómo fueron esos años de la libertad de tribu.

Y a cuántos héroes benefició, la guerra de los símbolos.

Y por qué, ahora que ningún demiurgo surte los pebeteros

en el propiciatorio de las pirámides, triunfa la oscuridad.

 

Si antes del alba murieran los gallos, y la noche dimitiera

su derecho al amanecer, no tendríamos respuesta.

Somos los peregrinos. Los excluidos del baluarte.

Los menesterosos de la tierra. Los gitanos que cantan.

 

 

 

 

 

 

 

Datos vitales

Ramsés Salanueva Rodríguez (Actopan, Hidalgo-1972) es Poeta, reportero y promotor cultural. Es autor de los libros inéditos “Poemas y sonetos de extremaunción”, “Cuaderno para estudiar el viaje” (sobre su viaje a Noruega), con el que obtuvo la beca de jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, “Libro de agua”. El año pasado, publicó la plaquette  “La conjetura de la tarde”, editorial Pachuco Press. Ha organizado diversos festivales y encuentros de arte en su pueblo natal, destacan las seis ediciones de las “Jornadas culturales Efrén Rebolledo”.Se gana la vida como reportero trabajando para diversos diarios de Hidalgo.

 

--