Cuaderno de Tyler Durden de Mijail Lamas, edición argentina, en la FIL de Buenos Aires



Cuaderno de Tyler Durden de Mijail Lamas, edición argentina, en la FIL de Buenos Aires

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2015: El suri porfiado, en coedición con Círculo de Poesía, ha publicado en Argentina Cuaderno de Tyler Durden del poeta, traductor y crítico Mijail Lamas (Culiacán, 1979), quien ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Un Recuento Parcial de los Incendios | Selección de poemas (2009), Trevas | Canción del navegante de sí mismo (2013) y ha sido merecedor del Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura y el accésit del XXVII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza. Es editor del blog de crítica literaria La Estantería | Reseñario de Poesía y coeditor de Círculo de Poesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces el poema fracasa como el horizonte

 

 

    Aprendo del poema que se destroza en silencio

y que persiste

como el oleaje que golpea mi cráneo.

 

Todo poema es una bala que deja su fulgor

en la imposible trama del cerebro

y hunde cada letra en el costado

más doloroso de la inteligencia.

Aun sitiado por paredes

el poema va entre tempestades

implorando el arrebato,

la visión memorable,

el golpe, el grito, el insulto.

Todo poema es un arma que corta

el último latido,

el hondo aliento.

Todo poema es una trampa,

un desafío.

Es el rostro de mi mujer que grita

las cinco letras de su nombre en el poema.

Todo poema es el desierto en el que clama,

es el jardín en que se pierde,

misterio de los siete rostros de la noche.

El poema es la tormenta,

la carga detonante,

la voz en el filo de su daga,

palabra de valor atada al miedo,

fuego y devoción,

rabia que maldice.

A veces el poema fracasa como el horizonte

y se queda en el fondo como los naufragios

o como esos autobuses azules

en aquella canción de los Doors,

esos que se alejan sin nosotros

y nos hacen maldecir

el camino de regreso.

 

 

 

 

 

 

Hoy lo escribo,

el sábado termina,

más allá de mi cuarto el domingo arde.

Cuesta abrir los ojos en la fiebre del día.

El ayer dejó un poema,

hoy mi voz lo canta.

En esta parte se presenta el invierno

que es un espejismo,

una nostalgia.

El aire que respiro es indolente a la luz

así que permanezco a la sombra.

Para maldecir recuerdo una palabra

traída de la infancia.

 

No digo mi nombre

como olvidar mi cara en el espejo

y como mi pan sin gloria

sobre esta mesa satisfecha.

Lo que yo es reclama lo que escribo,

lo que hoy digo ha terminado ayer

y sus palabras dan cuenta de mí

desde hace tiempo.

El silencio es elocuente

y es el último recurso:

fruto maduro del escapista,

ángel y demonio de su nada.

 

Pero sin ser dueño absoluto de mi final

no puedo obedecer al silencio,

debo continuar en la batalla

pero la noche de mis ojos nace

como nace del sol el verdadero odio.

 

En mi cuarto

la monotonía es un ventilador que no descansa.

Consagrado al conjuro

me celebro y me canto

y me aburro terriblemente.

 

 

 

 

A Borges

 

a Virgilio frente al Palatino Monte

a Heráclito en su múltiple cauce erguido

a Cervantes frente al sueño del Hidalgo

a ti Averroes, en el laberinto del lenguaje

a Dante frente a los círculos del sueño

a Chesterton de bastón gastado y artilugio

a De Quincey con su opio y huestes de asesinos

a Mateo y Marcos que buscaban la primicia

al verbo de San Juan

a Shakespeare met the night mare

al horroroso espejo

al tiempo circular del Eclesiastés

al sol del tigre en la página de Blake

a los de Góngora raudos torbellinos

al paraíso: Alejandría soñada

a los dones que me roba la ceguera

a ustedes les digo:

(I Can’t Get No) Satisfaction

 

 

 

 

Declaración final

 

No es el hambre, el bolsillo vacío o el rostro saqueado,

lo que sustenta toda teoría de las calamidades.

No es el sueño, el plagio siempre consciente,

la incertidumbre,

la indiferencia.

Aquel rincón oscuro es el miedo.

Ustedes en la mesa del café un espejismo

¿oyen cantar a las madres como grillos del verano?

Los demonios de los días de guardar

es la gente que se ausenta de las calles.

Pero aquí está la muerte,

pide un beso,

una jeringa,

pasa lista frente al muro de ladrillos de cristal

y todos firmes, han llegado a tiempo para la foto.

Pero yo,

demasiado tierno y sentimental para escandalizar a alguien,

demasiado tímido para repetir la burla

o ser obsceno,

sé que masturbarse en público

aún hoy produce escándalo.

Por lo tanto me retiro,

un tanto

 

 

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