Aniversario de Salvador Novo



Presentamos, en un aniversario más de su nacimiento, algunos poemas del poeta, ensayista, dramaturgo e historiador mexicano Salvador Novo (1904-1974), autor fundamental de nuestra tradición moderna, perteneciente al emblemático Grupo de Contemporáneos. Salvador Novo cambió la dicción de la poesía mexicana al actualizar la máxima estética que trajo Pedro Henríquez Ureña de Estados Unidos: “escribir como se habla”.

 

 

 

 

 

LA ESCUELA

 

A horas exactas
nos levantan, nos peinan, nos mandan a la escuela.
Vienen los muchachos de todas partes,
gritan y se atropellan en el patio
y luego suena una campana
y desfilamos, callados, hacia los salones.
Cada dos tienen un lugar
y con lápices de todos tamaños
escribimos lo que nos dicta el profesor
o pasamos al pizarrón.
El profesor no me quiere;
ve con malos ojos mi ropa fina
y que tengo todos los libros.
No sabe que se los daría todos a los muchachos
por jugar con ellos, sin este
pudor extraño que me hace sentir tan inferior
cuando a la hora del recreo les huyo,
cuando corro, al salir de la escuela,
hacia mi casa, hacia mi madre.

De Espejo

 

LA POESÍA

 

Para escribir poemas,
para ser un poeta de vida apasionada y romántica
cuyos libros están en las manos de todos
y de quien hacen libros y publican retratos
los periódicos,
es necesario decir las cosas que leo,
esas del corazón, de la mujer y del paisaje,
del amor fracasado y de la vida dolorosa,
en versos perfectamente medidos,
sin asonancias en el mismo verso,
con metáforas nuevas y brillantes.

La música del verso embriaga
y si uno sabe referir rotundamente su inspiración
arrancará las lágrimas del auditorio,
le comunicará sus emociones recónditas
y será coronado en certámenes y concursos.

Yo puedo hacer versos perfectos,
medirlos y evitar sus asonancias,
poemas que conmuevan a quien los lea
y que les hagan exclamar: “¡Qué niño tan inteligente!”
Yo les diré entonces
que los he escrito desde que tenía once años:

No he de decirles nunca
que no he hecho sino darles la clase que he aprendido
de todos los poetas.

Tendré una habilidad de histrión
para hacerles creer que me conmueve lo que a ellos.

Pero en mi lecho, solo, dulcemente,
sin recuerdos, sin voz,
siento que la poesía no ha salido de mí.

 

 

De Espejo

 

NUEVO AMOR

(fragmento)

Thy bosom, is endeared with
all hearts Which I by lacking
have supposed dead…

 

La renovada muerte de la noche
en que ya no nos queda sino la breve luz de la
conciencia
y tendernos al lado de los libros
de donde las palabras escaparon sin fuga, crucificadas
en mi mano,
y en esta cripta de familia
en la que existe en cada espejo y en cada sitio la
evidencia del crimen
y en cuyos roperos dejamos la crisálida de los adioses
irremediables
con que hemos de embalsamar el futuro
y en los ahorcados que penden de cada lámpara
y en el veneno de cada vaso que apuramos
y en esa silla eléctrica en que hemos abandonado
nuestros disfraces
para ocultarnos bajo los solitarios sudarios
mi corazón ya no sabe sino marcar el paso
y dar vueltas como un tigre de circo
inmediato a una libertad inasible.
Todos hemos ido llegando a nuestras tumbas
a buena hora, a la hora debida,
en ambulancias de cómodo precio
o bien de suicidio natural y premeditado.
Y yo no puedo seguir trazando un escenario perfecto
en que la luna habría de jugar un papel importante
porque en estos momentos
hay trenes por encima de toda la tierra
que lanzan unos dolorosos suspiros
y que parten
y la luna no tiene nada que ver
con las breves luciérnagas que nos vigilan
desde un azul cercano y desconocido
lleno de estrellas políglotas e innumerables.

 

 

CRUZ, EL GAÑÁN

Todas las mañanas, desde que se acuerda,
ha pasado por la tienda de Fidel
a tomar unos tragos de alcohol teñido
antes de sacar la yunta.
El sol va quitándole el frío primero,
luego ya le quema la espalda
y cuando es más fuerte, porque el Sol está en medio,
llega su mujer con el almuerzo y el jarro de pulque.
No hablan absolutamente nada,
mastican lentamente, en silencio
y luego ella recoge las cazuelas y se marcha
con pasos menudos
y él vuelve a instalarse detrás de la yunta
hasta qua comienza a hacer frío y ya nada se ve.
Entonces vuelve a pasar por la tienda de Fidel
y se para en la puerta, estático, embozado en su poncho;
ve llegar a los chicos a comprar dos centavos de petróleo
o tres de azúcar o un litro de maíz
y luego se toma otros tragos de alcohol teñido
y vuelve, tropezándose, a su choza,
hablando solo en voz muy baja,
saludando a los que tropiezan en el camino,
y se acuesta al lado de su mujer.
El sábado le darán su raya
porque gana setenta y cinco centavos diarios.
Todas las mañanas, desde qua se acuerda,
y los domingos, le queda más tiempo
para tomar tragos de alcohol teñido
y hablar, hablar, en voz muy baja, para sí mismo.

 

De Poemas proletarios