HOMENAJE A LA VIDA, DESAFÍO DE LA MUERTE: Crónica de un fotoperiodista de guerra



HOMENAJE A LA VIDA, DESAFÍO DE LA MUERTE: Crónica de un fotoperiodista de guerra

Presentamos una crónica de Javier Gutiérrez Lozano (Puebla, 1988) sobre el fotoperiodista de guerra, Boban Delev. Nacido en Quebec, de padre macedonio y madre mexicana. Estudiante de medicina en Rusia.  La crónica muestra una selección de las fotografías del propio Delev en Afganistán, Kirguistán, Ucrania y Tayikistán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJE A LA VIDA, DESAFÍO DE LA MUERTE:

Crónica de un fotoperiodista de guerra

Por: Javier Gutiérrez Lozano

Como bien diría Cortázar en el famoso capítulo siete de Rayuela, por un azar que no busco comprender, durante mi estancia en Serbia me topé un día normal en la Embajada, a un chico que parecía perdido en la ciudad y tal vez, perdido en su propia vida. Con la timidez envolvente de un recién llegado, no pronunciaba más palabras que las medidas para dar respuesta a los procesos consulares. Yo tenía apenas un par de semanas allí pero sin duda, podía saber un poco más que él sobre Belgrado: al menos sabía ya de la experiencia de extraviarme y encontrarme completamente solo en una ciudad desconocida. Al menos yo, reconocía la ciudad que todavía desconocía; él, era un recién asentado.

Boban Delev en Panjshir, Afganistán. 2015

Boban Delev en Panjshir, Afganistán. 2015

 

Me acerqué al chico con la misma timidez y al poco tiempo ya profundizábamos en las charlas. Salimos a comer aquel día e hicimos la gloriosa transacción de Euros a Dinares, donde la devaluación te hace creer que eres rico por primera vez. En fin, el tiempo pasó y a Boban y a mí nos distinguía la amistad de dos foráneos atados, de cierta forma, a los Balcanes. Yo, un obsesionado por la Antigua Yugoslavia y el periodismo de guerra. Él, hijo de madre oaxaqueña y padre macedonio. Y tal vez ese mestizaje de culturas que germinaba dentro, hacía más amplios los senderos que nos conducían a una misma dirección.

Un dron sobrevuela la ciudad antes de bombardear. Kabul, Afganistán. 2015

Un dron sobrevuela la ciudad antes de bombardear. Kabul, Afganistán. 2015

 

En un abrir y cerrar de ojos, después de muchas cervezas en cual fuera el parque, la aventura compartida comenzó. Él siempre me acusó de loco sin saber que él perdería la razón muy pronto. Y fue así, que Boban y yo soñamos con ser periodistas de guerra y comenzamos con todo lo que hemos sido, un intento vago pero lleno de pasión. En medio de los tiroteos y el miedo, Boban un portavoz de la verdad a través de la lente,  y yo tratando de ser un eco del silencio con la pluma.

Ruta de Kabul a Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

Ruta de Kabul a Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

De lo mío ya lo saben. Bosnia, Kosovo, y aquellos días que quise retratar en un libro de poesía. Pero los tiempos del periodismo apenas comenzaban para Boban. A él no lo detendrían las fronteras ni lo minimizarían los miedos; Delev, a diferencia mía, posee esa valentía necesaria para contar la verdad jugando con el cuerpo, con su propia vida. Y así, sin dudarlo más, haría de sus vacaciones y ratos libres el momento idóneo para contar los días y las guerras de aquellos sitios que nos parecen tan lejanos.

Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

Viajando solo con su cámara, Boban cruzó todo Medio Oriente hasta adentrarse en la profundidad de Rusia y las famosas ex repúblicas soviéticas “tan´s”. Los paisajes montañosos y desérticos que esperarían ser retratados por su lente, serían el regalo más preciado por un obsesionado por la fotografía, pero también un duro hueso de roer. El precio que pagamos todos nosotros por observar la belleza de estas imágenes, lo pagaría nuestro autor a lo largo de su cruce por Ucrania y Afganistán. Mas nuevamente, no existiría diatriba alguna para que Delev continuara con su noble trabajo.

Boban Delev en Kabul, Afganistán. 2015)

Boban Delev en Kabul, Afganistán. 2015)

La experiencia y el riesgo te convierten en un aliado infalible del miedo. La consciencia sobre éste debe ser absoluta a todo momento. Por el contrario de intentar combatirlo, se le debe unir en cuerpo y mente; el periodista de guerra debe deshacerse de la mitad de su temor para poder realizar su labor, pero jamás abandonar aquella segunda mitad, esa misma que lo hará consciente del riesgo que se corre a cada paso dado. No obstante, como todo arte y todo oficio, la diferencia está en el plus que se le imprime, y a diferencia de otros rubros, el periodismo exige peligro para ser diferente al resto. Y eso, lo asumimos todos para destacar y estar satisfechos con lo realizado. Así lo decía el fotoperiodista húngaro Robert Capa, famoso por su cobertura de la Guerra de Vietnam, si tus fotos no son suficientemente buenas, entonces no estás lo suficientemente cerca. Ese atrevimiento, es jugar a ser Dios; jugar con la vida.

Lago Son Kul, Kirguistán. 2015

Lago Son Kul, Kirguistán. 2015

El objetivo principal de Boban era llegar a Medio Oriente, adentrarse a las ex repúblicas soviéticas, y tal vez cubrir los enfrentamientos que aún se viven en países como Afganistán. Pero el periodista freelance corre un riesgo mayor que el del resto. Sin la protección de una agencia internacional, sin un sueldo base y una habitación segura por la noche, el freelance se aventura solo, con su cámara, su libreta, su temor y tal vez unos cuantos cigarrillos de contrabando; no se puede esperar más. La esperanza de ver publicado tu trabajo es un aliciente, pero también un reto que puede quedar postergado a la ilusión. No obstante, para enaltecer nuevamente la labor de Delev, él es un simple estudiante de medicina que ha hecho de la cámara su mejor aliado. Su objetivo no es vender su trabajo, sino penetrar en lo más profundo de las culturas por riesgoso que esto sea. Y sin saberlo, e incluso desearlo, Boban es hoy el chico aventurero que en sus fotos guarda ya el color de la verdad.

Ruta de Pamir, Murghab, Tayikistán. 2015

Ruta de Pamir, Murghab, Tayikistán. 2015

Fue así, que solo y sin capital suficiente, Boban inició su travesía cruzando toda la Europa del Este. Su plan inicial era Ucrania y su guerra civil, para después llegar a Moscú y más tarde comenzar la aventura por los “tan´s” y Medio Oriente. Sin embargo, el destino lo haría dudar de su oficio rápidamente. A su llegada a Kiev –sin siquiera haberse adentrado a las penurias de la zona oriental de Ucrania-, Boban fue secuestrado y torturado. ¿Su pecado? Ser portavoz de la verdad.

Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

Mazar al Sharif, Afganistán. 2015

Por motivos de seguridad, los detalles del suceso serán omitidos. Mas es imperativo destacar, que después de saberse prácticamente en medio de la nada, herido, humillado y ensimismado, Boban huyó de Ucrania para completar su sueño; el compromiso del fotoperiodista lo había ya firmado con su propia sangre. Después de un tiempo de recuperación emocional y física, y tras días de largas caminatas, autobuses e incluso de viajar de “dedo”, Delev logró inmiscuirse en los paisajes montañosos de Kirguistán y Tayikistán. Fue allí que se encontró con la calidez de los pueblos, a los que la precariedad los une. Sin embargo, como toda sociedad en penurias, la hospitalidad y calidez superponen a sus carencias, y la visita de un extranjero es siempre motivo de alegría. ¿Quién en Occidente se acuerda que estos rincones existen? ¿Quién realmente sabe el dolor que por sus venas corre?

Kabul, Afganistán. 2015

Kabul, Afganistán. 2015

Los días de café y té por la mañana eran intercambiados por retratos que reflejaran su acontecer. Y a su vez, obtuvo invaluables fotografías canjeadas por sonrisas de hombres, que tal vez nunca habían mirado una imagen tan nítida de su rostro. Realidad; realidades son las que Boban regalaba cada día a los habitantes de las montañas de Kirguistán y Tayikistán. Pero la aventura tenía un objetivo final: vencer el miedo que en Ucrania se había convertido en su disparador, y volver a primera línea, esta vez, en Afganistán.

Lago Son Kul, Kirguistán. 2015

Lago Son Kul, Kirguistán. 2015

Rechazado en la frontera y con un segundo viaje prácticamente ilegal -debido a la restricción fronteriza, contemplando la magnitud del peligro que se vive dentro de territorio afgano-, Boban llegó a Kabul, la capital donde el descontrol es la única verdad. Sin siquiera semáforos que gobiernen las calles, los pobladores de la capital pasan sus días debajo de los puentes cubriéndose del sol, del clima, de la lluvia de fuego que cae desde el cielo. Entre la basura y un piso colmado de Kalashnikovs, los recuerdos son lo único que ha quedado del pasado. Invasiones, bombardeos, guerras civiles y conflictos sectoriales, han dejado a Kabul en la más lánguida de las miserias.

Kiev, Ucrania. 2014

Kiev, Ucrania. 2014

A pesar de la desdicha reinante en la capital afgana, el riesgo y la vicisitud real para con la población civil, Boban llegaría en su cobertura en regiones como Panjshir- uno de los valles más azotados por invasión soviética de la década de los ochenta, Baghlan- bajo control talibán y famosa por ser un sitio con un alto número de secuestros a extranjeros, y Mazar al Sharif- población que en diversas ocasiones ha sufrido la limpieza étnica de alguna de sus minorías. Para capturar la belleza de un paisaje o el sufrimiento de una población, no basta una cámara fotográfica; será la sensibilidad y la empatía, las que dibujen el color de la verdad en una imagen.

Al igual que yo, Slobodan Delev también soñó con cubrir una guerra e informar al mundo de todo lo sucedido. Aprendió a manipular una cámara para no ser manipulado por la media y contar la verdadera verdad. Así, tan redundante, Boban es un periodista casado con el periodismo que nace a partir del arte. ¿Y qué manifestación del hombre es más sincera que la del arte mismo?

Y después de todo lo vivido por este joven médico y fotoperiodista, ¿qué soy yo? ¿Acaso un periodista que nunca ha tenido que disfrazarse y dejar crecer su barba para no perder la vida? Tal vez, ni la mitad de eso. Lo mismo me cuestiono en mi libro No sólo lluvia, dedicado a las guerras yugoslavas donde me pregunto quién soy yo junto al enorme poeta bosnio Izet Sarajlic:

            “…Sarajlic conoció
la vida
y mejor la muerte;

            lo fue todo,
y yo que soy nadie,
ni siquiera un buen poeta.”

Yo, frente a Boban y su valentía que guarda detrás de su lente, sigo siendo nadie.

 

Todas las fotografías son propiedad de Boban Delev.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Datos vitales
Javier Gutiérrez Lozano (Puebla, México. 1988). Poeta, traductor y periodista. Director Editorial de Alcorce Ediciones. Editor de Revista Reflejo en Belgrado, Serbia, profesor de Literatura Contemporánea, y coordinador del Concurso de Poesía D´Amicis. Recibió la Beca del Ministerio de Educación de la República de Serbia para realizar estudios especializados en política y cultura de los Balcanes. Sus textos han sido traducidos al idioma inglés, griego, bosnio, croata y serbio. Ha sido participante del Festival Internacional de Arte de Prijepolje en Serbia, el Festival de Literatura Bayelsa Book & Craft Fair en Nigeria y  el Festival Internacional de Poesía de Granada 2013 en España. Sus obras han sido recuperadas en libros como El álbum del fingidor (2014).

 

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