Piedra Rosetta en el desierto, nuevo libro de Manuel Illanes

Sauvage Atelier publica, Piedra Rosetta en el desierto el nuevo libro del poeta chileno avecindado en México, Manuel Illanes (1979). Aquí leemos una selección de poemas acompañados de una nota crítica de Eduardo Milán.

 

 

Manuel Illanes (Santiago,​​ Chile, 1979)​​ es​​ Maestro en Letras Mexicanas por la UNAM. Ha publicado los libros de poesía​​ Tarot de la carretera​​ (Fuga, Santiago,​​ Chile, 2009),​​ Crónica de Tollan​​ (Piedra de Sol, Santiago, Chile, 2012; La Ratona Cartonera, Cuernavaca, México, 2013),​​ Memorias del inframundo​​ (Mantra Ediciones, Ciudad de México, 2016),​​ Paraíso inc.​​ (Ediciones Ojo de Golondrina, Ciudad de México,​​ 2018; Editorial Navaja, Iquique,​​ Chile,​​ 2021),​​ Diario de la peste​​ (G0​​ Ediciones, Santiago, Chile, 2019),​​ Paisaje con ruinas​​ (Gravity’s Rainbow, Ciudad de México, 2021)​​ y​​ Cascajo​​ (Bonilla Artigas Editores, 2023, por el que recibió Mención Honorífica en el VII Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco 2022). También figuran poemas suyos en las antologías​​ Chile mira a sus poetas​​ (Pfeiffer, Santiago,​​ Chile, 2015),​​ Residencia temporal: seis poetas chilenos en México​​ (Aldus, Ciudad de México, 2016),​​ Evocaciones de la Torre Latinoamericana​​ (Sitges,​​ Ciudad de México, 2021),​​ La ciudad de los poemas. Muestrario poético de la Ciudad de México​​ moderna​​ (Ediciones del Lirio, Ciudad de México, 2021)​​ y​​ Si te labra prisión mi fantasía. Antología del I Encuentro de Poetas Iberoamericanos con sede en la Ciudad de México​​ (Konesh, México, 2023).

 

 

 

***

 

 

 

Piedra que alumbra

 

El momento poético latinoamericano es deudor de tres momentos que hereda de la poesía del siglo XX y que se alternan sin superarse. El primero es la irrupción de las vanguardias estético-históricas. El segundo, un contragolpe neoclásico que duró más de lo esperado y cuya realidad se confunde con un intento de recuperación del sentido de la escritura poética. Y el tercero, que llega hasta hoy, es el momento de coexistencia de todos los repertorios formales conocidos desde el Renacimiento del siglo XVI a la fecha. Mucho me temo que esa pluralidad formal -que para mí simplemente es una hiperproducción poética que hace eco con la hiperproducción objetual reforzada como lógica de base del capitalismo industrial traducido ahora en capitalismo tecnológico- es el resultado de un devenir acrítico de la poesía latinoamericana -y general- que contraviene los fundamentos de la poesía moderna.​​ 

No quiero con estas líneas hacer el trabajo del lector que​​ Piedra Rosetta en el desierto​​ de Manuel Illanes llama a hacer. Sólo quiero hacerle unas líneas -homenaje a este libro deslumbrante.

Los versos de​​ Piedra Rosetta en el desierto​​ descienden hacia​​ una profundidad que se​​ levanta,​​ como diría Jorge Medina Vidal.​​ Cortados en un número mínimo de sílabas verticalizan el decir. Esa verticalización -que nada tiene que ver con la poesía vertical de Juarroz- genera una vuelta inmediata. El recorrido no produce surco. Se cumple así una suerte de bloqueo a la versura que amaga consumarse. Pero los períodos son muy breves y esa brevedad tiene el efecto culturo-poético de orientalizar​​ a péndulo mínimo, se diría. Lo que está cortado, entonces, es el tiempo.​​ Piedra Rosetta en el desierto​​ de Manuel Illanes crea un​​ vértigo por descenso interminable. Si en la versura clásica la línea crea territorio al volver al punto de partida lo suficientemente alejado para que se asigne sintagma -es decir, en una palabra no material:​​ sentido-​​ en este caso el lector es obligado a pasar de la anterior extensión a una ex -tensión, es decir, a una memoria de la tensión que se mantiene como esa memoria en la medida en que promete re-extenderse. Pero esa es la clave del misterio de esta piedra que alumbra de Manuel Illanes: la promesa se mantiene en promesa. Siempre al borde de la concretud pero sin caer en su espacio atomizado, ​​ Illanes crea un máximo grado de condensación. La antigua y mítica promesa de caída no se cumple nunca. Tal vez en ese incumplimiento radica la posibilidad real de escribir poesía hoy.​​ 

 

Eduardo Milán

 

 

 

 

 

 

Qué harás con el albatros  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Baudelaire

 

Arrojarlo

por la borda

antes que​​ 

su luna

desafiante

se confunda

con hedor

y pecios.

 

Mucho​​ 

antes

 

por​​ 

supuesto

 

que el navío

termine

por hundirse

en la brava​​ 

noche

de un mar​​ 

fundado

en el azar

 

deletreado

O-S-C-U-R-I-D-A-D.

 

 

 

 

 

 

 

Novas bullendo en un tiempo

 

De la A​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ a la Z

hay un sonido

revuelto

 

el ruido

de un largo​​ 

aluvión

que arrastra

en su caída

piedras

y limo

hasta

el fondo

del valle

invisible.

 

Babel

ya no es

el artilugio

de una escritura

que invoca

lo cierto:

el poema

se desliza

a ciegas

hacia

la noche

 

es un tajo

abrupto

 

que hacemos

en el velo

de los

días

tibios

 

y las auroras

idas

 

para​​ 

descubrir

en el socavón

de las sombras

un breve

fulgor

 

nacido

de la oscuridad

 

y así

atisbar

sin titubeos

 

el firmamento

desbordante

de negrura

y estrellas

muertas

 

novas

bullendo

en un tiempo

dislocado

del nuestro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Piedra Rosetta en el desierto

 

Tinieblas

acechan

entre​​ 

sombras​​ 

escritas

 

como​​ 

astutos​​ 

reptiles​​ 

bajo

el sol.

 

Así​​ 

comienza​​ 

el poema

y así​​ 

se desvanece.

 

Persigo​​ 

un ritmo

que es​​ 

temblor

balbuceo​​ 

inútil

aunque​​ 

certero

como​​ 

soplido

de cerbatana.

 

La frase​​ 

debe​​ 

precipitarse

hacia

Nada

 

expuesta​​ 

al vaivén

de vientos​​ 

que no​​ 

cuajan​​ 

en verso

 

leves​​ 

fantasmas

de una​​ 

más leve​​ 

raíz​​ 

desgajada.

 

Rota

en su-

 

Ni qué​​ 

decir

 

ni cómo​​ 

decir.

 

Hay​​ 

caos

y es​​ 

tiniebla.

 

Hay

noche

aguzada​​ 

de sombras.

Sangra​​ 

en escritas

el acecho.

 

Si​​ 

el vacío​​ 

responde

al vacío​​ 

soy​​ 

entonces

 

imagen​​ 

de sol

ilusorio

 

abismo​​ 

que teje

y desteje​​ 

su telaraña

 

sólo​​ 

para​​ 

envolverse

enterrarse

 

en el​​ 

fondo​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ de-​​ 

 

hasta

surgir

cuánto

después

vocablo

tras​​ 

vocablo

cifrado

 

arenoso

Piedra​​ 

Rosetta

en el desierto.

 

 

 

 

 

 

 

 

Un kanji para​​ calma

 

Ha

descendido

al reino.

 

Posada

en el​​ 

asfalto

 

sus alas

plegadas

 

parece

que quisiera

coincidir

en una​​ 

línea

engañosa

 

con el​​ 

vacío

que hierve

bajo​​ 

las ramas

 

y separarse

así​​ 

del suntuoso

poliedro

de la luz.

 

Un kanji

para

calma.

 

Pero​​ 

no puede

haber

dilación

en el reino

de los reinos

 

y debemos

partir

 

aún

cuando

seamos

mueca

apenas​​ 

visible

en el asfalto.

 

Quebrazón

es

mariposa

 

negra

llamarada

que retoma

la huella

del desierto

y sus​​ 

signos

nunca

revelados

 

Piedra​​ 

Rosetta

en el​​ 

embuste

de aguas

generosas.

 

 

 

 

 

 

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