Poesía mexicana: Ángel Nungaray

Presentamos algunos poemas de Ángel Nungaray (Guadalajara, Jal. 1968). Es autor de los poemarios Estaciones de la noche (2002), En el vacío de la luz (2002), Morada ulterior (2004), Plexilio (2008), Escalar el vértigo (2009), Península apócrifa (2010) y Existir es alejarse (2014). Está incluido en diversas antologías, entre las que destacan: Poesía viva de Jalisco (2004), Muestrario de letras en Jalisco (2005), Los mejores poemas mexicanos (2006), Animales distintos. Muestrario de poetas mexicanos, españoles y argentinos nacidos en los sesenta (2006).

 

 

 

 

 

 

 

Unus mundus

 

Por ser sombra untada en la carne
he sido demasiado fuente
y he alcanzado la longeva velocidad
de los sueños despostillados.

Por ser carne perpetuada en la sombra
sólo me remito a la ceniza del agua,
al diáfano dolor de la derrota
que está por ser más
una viga en el ojo de Dios
que un centenario en la bolsa del menesteroso.

Por haber sido y para ser
la sangre me limita
pero permanece intacta la distancia
entre el aire y los esquemas espectrales.

 

 
El papel fosfore(C) bajo los signos blancos.
Bajo cielos oscuros los seres se repelen
y no asisten a su despedida,
ni al resguardo de sus altivos presentimientos
que no merecen ser depositados en la alcancía
de la certidumbre, ni en el horizonte
flamígero de la sangre.

Los signos blancos no merman
la puntualidad de los cielos atemperados.
Los cielos residen en el despertar
que se aleja como el canto de las sirenas
sumergiéndose en la hoja blanca.

 

 
Un tiempo diferencial se mimetiza,
se sustrae de la glorieta
donde ha crecido la velocidad
espontánea del ser,
del pensamiento que cae como un kilo de algodón,
como la sombra del agravio
insostenido por el reino de la sangre.

Pasa un clima que ensordece
los pasos y la mirada del camino.
Se avanza pero las piernas
no responden al llamado que hurta
el corazón de lo esporádico
y estamos ciertos
que el viaje es una ramificación del espíritu,
que ejerce tensión en el espacio.

 

 
Hay una integración de los despojos,
de las sucesivas interpretaciones del asco,
del porvenir que está pariendo moscas
en los acercamientos del habla y la cordura.
Hay un crepúsculo que no se rinde
y que escrupulosamente ya partió
dejando en su huellas como una luz
el remordimiento,
el alza en el costo de los enseres espirituales
y una torpe directriz en la resistencia
del caparazón de las tortugas.

 

 

 

 

El cielo cifra sus latitudes

en la lejanía interior
y la calamidad se verifica
como un paso cotidiano
para ejercer el camino que vuelve,
la insípida distancia que hay
de la desfragmentación del yo
a la discordia de la carne.

 

 

El término está presente,
el espesor del cielo
es un indicio.
Y se mueve la memoria
como una estampida
de relojes.

 

 
Los movimientos del ser
le confieren al cielo
renovación y soltura
(cada acto aquí
tiene un eco en la lejanía)

El cielo es un estigma
que predomina en el ser
(cada eco en la lejanía
se transmuta en un acto aquí)

 

 

 

 

 

 

 

Datos vitales

Ángel Nungaray (Guadalajara, Jal. 1968). Es autor de los poemarios Estaciones de la noche (2002), En el vacío de la luz (2002), Morada ulterior (2004), Plexilio (2008), Escalar el vértigo (2009) , Península apócrifa (2010) y Existir es alejarse (2014). Incluido en: Poesía viva de Jalisco (2004), Muestrario de letras en Jalisco (2005), Los mejores poemas mexicanos (2006), Animales distintos. Muestrario de poetas mexicanos, españoles y argentinos nacidos en los sesenta (2006), El mapa poético de México (2008), Panorama de poesía mexicana (2009) y Muestrario de poetas de Jalisco (2010).

 

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